Aryeh Kupinsky era un gran hombre, con su barba larga y roja. Sobrepasaba en altura a la gran mayoría, pero lo que realmente lo hacía sobresalir era que siempre tenía una gran sonrisa.

Aryeh era un hombre de acción; siempre estaba en movimiento. Sus largas piernas avanzaban a zancadas, y sus poderosos brazos se extendían con amplitud. ¿Y qué hacía Aryeh? Siempre ayudaba al resto. Vivía por otros. Su primer pensamiento nunca era sobre sí mismo.

Aryeh vivía por otros. Su primer pensamiento nunca era sobre sí mismo.

Como dijo Rav Jonathan Taub, Aryeh era simplemente incapaz de ser un mero invitado en las celebraciones de otros. Si llegaba temprano se encargaba de ordenar las mesas, y por lo general no se iba sino hasta que todo estuviera ordenado. Una vez un amigo le insistió que se sentara, disfrutara y dejara que el trabajo lo hicieran quienes fueron contratados para ello. Pero eso no detuvo a Aryeh, él tomó todas las bebidas que estaban afuera del salón y las llevó al refrigerador.

Cuántas veces lo escuché diciendo: "¿Qué puedo hacer para ayudar?".

Cuando fui por primera vez a estudiar a la Ieshivá, hace casi dos décadas atrás, alguien me dijo: "Aryeh Kupinsky es el tipo de persona que haría lo que sea, por quien sea y en cualquier momento". Cuando él era estudiante y vivía en los dormitorios, tenía colgado un cartel que decía: "Por favor toma prestado lo que necesites... no necesitas preguntar". ¿Quién hace algo como eso?

Aryeh actuaba rápida y sigilosamente. No necesitaba reconocimiento, y la mayoría de la gente no estaba al tanto de las cosas que hacía. Por ejemplo el centro de estudios judaicos Nevé ha realizado durante muchos años un popular programa en Tishá B'Av en el cual dictan unas magníficas clases. A las dos de la tarde todos ya se han ido a casa. Bueno, casi todos. Siempre había un hombre que se aseguraba de que la Torá y los dos pergaminos de la Haftará que se usan para las plegarias fueran devueltos del comedor a la sinagoga, y que el Arón HaKodesh quedará debidamente cerrado.

Aryeh era una persona profundamente emocional y apasionada. Su pasión quedaba en evidencia especialmente cuando se trataba de estudiar Torá. Era un erudito que amaba estudiar. Cuando estudiamos juntos durante un breve período pude ver cómo era capaz de encenderse en un abrir y cerrar de ojos.

La verdad es que a lo largo de los años, cuando me encontraba con Aryeh a veces mi corazón se desplomaba. Aryeh siempre tenía una pregunta en mente que le molestaba. Constantemente estaba pensando en alguna pregunta sobre lo que estudió, intentando mirarla desde una y otra perspectiva, analizándola e esforzándose por resolverla. Y la compartía contigo cuando te veía. No existía responderle "¡Interesante! Tengo que pensar en ello...". Uno tampoco podía simplemente sugerir una respuesta. Cualquier solución posible tenía que ser analizada y sopesada de acuerdo a sus fortalezas y debilidades, y luego había que volver a discutir sobre ella. Cuando yo no "tenía tiempo" para este proceso, a veces me exasperaba. Cómo me encantaría volver a experimentar ese atraso una vez más...

A pesar de que Aryeh siempre estaba haciendo cosas por otros, no era a expensas de su propia familia. Era un esposo y padre absolutamente dedicado. Luego de dejar el Kolel en el que estudiaba a tiempo completo, a pesar de comenzar a trabajar —primero como supervisor de kashrut y luego en computación— Aryeh continuó designando algunas horas para estudiar. Dado que su esposa Yaakova tenía un excelente trabajo con muy buenos beneficios —y largas horas de trabajo—, Aryeh se encargaba de gran parte de las labores hogareñas como cocinar, limpiar y hacerse cargo de los niños, para que su esposa pudiera cumplir con sus obligaciones. A pesar de que llevaba muchos años rezando en la sinagoga Kehilat Bnei Torá, la sinagoga del barrio de Har Nof en la que ocurrió el ataque terrorista, fue sólo hace poco tiempo que comenzó a rezar en el minián de las 6:25 a.m. para volver a casa más temprano y ayudar a su señora. La masacre ocurrió durante este minián.

La muerte de su hija

Hace dos años, pocos días después de Tishá B'Av, Jaya, la hija de Aryeh, no se despertó. Jaya estaba pronta a cumplir 14 años y era muy madura para su edad. Era quien había asumido gran parte de la carga hogareña, actuando prácticamente como segunda madre para sus hermanos. Luego de su muerte, sus padres encontraron plegarías que ella misma había compuesto, de muchas páginas de largo, que aparentemente recitaba de forma diaria.

Aryeh quedo devastado luego de la muerte de Jaya. Todo le recordaba a ella, y la lágrimas siempre estaban a punto de asomarse. Durante gran parte de los siguientes dos años, la familia no comió la comida del viernes en casa, ya que aquella instancia familiar era demasiado dolorosa para Aryeh sin su amada hija mayor. Comer en la casa de otra familia le permitía mitigar parcialmente la tristeza. Sólo cuando bendecía a sus otros hijos Aryeh era incapaz de contener la tristeza y estallaba en llanto.

Pero Aryeh no se permitía a sí mismo quedarse sumido en la tristeza. Se organizaban muchos eventos en memoria de Jaya para inspirar a otros a crecer espiritualmente. Aryeh siempre decía que era una gran fuente de consuelo para él ver que tanta gente mejoraba sus vidas como resultado de la muerte de Jaya. Yaakova Kupinsky cree que esas palabras, que tantas veces se escucharon en la familia, les servirán de foco en este difícil momento de sus vidas.

Pero Aryeh quería hacer más. Quería establecer algo permanente en memoria de Jaya. Vivimos en un mundo con muchos judíos bondadosos, en el cual hay literalmente cientos de categorías de guemajim: distintos tipos de préstamos gratuitos que se encuentran enlistados en los directorios judíos a lo largo del mundo. Pero Aryeh Kupinsky, una persona tan bondadosa, se las arregló para organizar un guemaj tan original que hasta donde yo sé, sólo existe uno como este en todo el mundo. ¡Un guemaj de congeladores! Compro una buena cantidad de congeladores de tamaño mediano y publicitó que estaban disponibles de forma gratuita para que la gente los usara en las festividades judías y en sus eventos privados. Me contó con una mezcla de incredulidad y frustración que antes de Rosh HaShaná tuvo que decirle que no a 92 postulantes. Pocos días antes de que nos fuera arrebatado de forma tan brutal, Aryeh estaba intentando ver la forma para comprar más congeladores para este noble propósito.

Lo que hacía que el guemaj de Aryeh no sólo fuera único sino que fuera una fuente de inspiración, era la forma en que él lo manejaba. Har Nof está construido en una montaña. Todas las calles están a una altura distinta. Todo el barrio está formado de largas calles serpenteantes y empinadas escaleras. En su funeral, un amigo en común me dijo que le gritó a Aryeh la última vez que lo vio. Se encontró con Aryeh mientras éste transportaba un congelador de una persona a otra en un carrito de dos ruedas. Este era el único medio de transporte que utilizaba el guemaj para llevar los congeladores, a mano, saltando por cada escalón a lo largo del camino. Y había sólo un "empleado": Aryeh.

"¡¿Estás loco?!", le preguntó nuestro amigo a Aryeh. "¿No es suficiente con que le prestes a la gente un congelador de forma gratuita? ¡Deja que paguen 15 dólares por el envío!".

Aryeh retrocedió. "¡Este es mi jésed (mi oportunidad de hacer un acto de bondad)!", protestó.

En aquella fatídica mañana del día martes, cuando los hombres que se encontraban rezando se percataron de la presencia de los terroristas, muchos corrieron por sus vidas. Pero no Aryeh. Muchos reportes relatan que Aryeh les gritaba a todos que corrieran, mientras él se encargaba de que pudieran hacerlo. Arrojó atriles, sillas, libros y cualquier cosa que tuviese a mano a los terroristas para intentar distraerlos, llegando incluso a detener a uno de ellos. Hubo muchos otros que siguieron su ejemplo. Luego de recibir una gran cantidad de golpes —algunos de los cuales iban dirigidos a otros—, Aryeh cayó al suelo. No hay duda que salvó la vida de mucha gente.

Hubo un inesperado retraso cuando llegamos al que sería su lugar de entierro en el cementerio de Har Hamenujot, el mismo cementerio en el que está enterrada su hija Jaya. El tamaño del agujero no era lo suficientemente grande para él. Esperamos en la oscuridad mientras ensanchaban el agujero, y entonces la tierra aceptó renuentemente a Aryeh de regreso.

Aryeh Kupinsky era un gran hombre. Pero su corazón era aún más grande.

Se pueden realizar donaciones a las familias de los fallecidos por medio del siguiente link: http://www.harnofonline.com/terrorfund.aspx