Cuando vi las horribles fotografías del ataque terrorista de ayer por la mañana en Jerusalem, lo único que podía pensar era en una escena del Holocausto. Hombres acostados en piscinas de sangre, envueltos en sus talitot y con tefilín en sus frentes.

Veintiséis huérfanos. ¿Quién será su padre ahora? Esposas repentinamente convertidas en viudas. Familias destruidas. Un shul convertido en el escenario de una masacre. Es demasiado desgarrador para ser real.

Esa mañana en Estados Unidos, escuché a mis hijos despertándose. Sus pasos sonaban suavemente bajando las escaleras, y luché para contener mis lágrimas mientras pensaba en los 26 niños que se levantaron hoy para encontrar que sus padres se habían ido para siempre. Mi corazón se sintió como si estuviese atrapado en mi garganta. Mi hija mayor supo inmediatamente.

“¿Pasó algo en Israel?” preguntó ella. Yo le mostré la calle en donde ocurrió el ataque, con nuestro antiguo edificio en la calle Agassi de fondo.

“¡¿Pero cómo pudo haber ocurrido justo ahí!?” exclamó.

Ese fue uno de mis primeros pensamientos también. ¿Cómo podía perpetrarse un ataque terrorista tan cerca de los parques donde mis hijos solían reír y deslizarse y buscar la cara de su padre cuando salía del shul? Recuerdo a los niños camino a la escuela a las 7 a.m. Una hermosa ciudad convertida en el escenario de una pesadilla. ¿Cómo?

¿Cómo puede ser que estas fotos a color del 2014 se vean tan siniestramente parecidas a una fotografía en blanco y negro del Holocausto? ¿Cómo puede estar ocurriendo esto?

4 mitos sobre la tragedia

Frente a este abrumador horror, me recuerdo a mí misma que tengo que enfrentar la realidad y evitar estos cuatro mitos sobre la tragedia:

1) Solamente ocurre en “otros” lugares.

La primera cosa que muchos de nosotros hacemos cuando leemos sobre una tragedia es desasociarnos del lugar en donde ocurrió. “Está lejos… Ese es un camino por donde nunca transito… Yo no uso ese tren, no tomo ese autobús, no como en ese restaurante…”

Este ataque terrorista nos hace entender la importancia de desvanecer este mito. Ocurrió en un lugar donde muchos estadounidenses viven, trabajan y visitan regularmente. Ocurrió en una sinagoga en donde cualquiera de nosotros podría haber estado. La tragedia no ocurre solamente en lugares y tiempos específicos. Como puede atestiguar cualquiera que caminaba por las calles de Manhattan en la soleada mañana del 11 de septiembre del 2001, la tragedia ocurre en donde sea que el mal encuentre su entrada a este mundo.

2) La tragedia se acaba cuando los funerales concluyen.

Durante este espantoso período, bañado de dolor por los ataques terroristas en Israel, muchos de nosotros tenemos miedo de leer las noticias cada mañana. A medida que personas inocentes son asesinadas y funerales hacen eco a lo largo del mundo, sentimos la pesadez y la injusticia como nación.

Pero cuando los funerales concluyen y la historia del ataque se desvanece, muchos de nosotros nos olvidamos. Hay padres desconsolados. Viudas perdidas. Niños inconsolables. Personas severamente heridas que sobrevivieron a ataques, pero que nunca más verán, caminarán o escucharán. La tragedia permanece durante meses y años.

Y para aquellos que han perdido a sus seres queridos, continúa para siempre.

3) Solamente afecta a aquellos que viven allí.

A veces cometemos el error de pensar que un ataque terrorista en Jerusalem afecta solamente a aquellos que viven cerca. O a aquellos que viven en Israel. O aquellos que tienen familia allá.

Eso no es verdad. Cada vez que perdemos a un judío sentimos una pérdida tremenda como nación. Cada judío tiene una misión, un tesoro, un regalo que contribuir al mundo. Y cuando perdemos a esa persona perdemos ese regalo. Nunca sabremos qué podría haber ocurrido si esta persona hubiese vivido, las vidas de quiénes podría haber afectado, qué sabiduría y luz podría haber traído a este mundo.

Cada uno de nosotros, en donde sea que estemos, debiéramos sentir profundamente esta pérdida. Como nación, hemos perdido una parte importante de lo que nos completa. El efecto hará eco y tocará la vida de cada uno de nosotros por un largo tiempo.

4) Semejante salvajismo puede ser explicado.

Mis hijos mayores preguntan: “¿Por qué alguien haría eso? ¿Por qué entrarían a una sinagoga y empezarían a dispararle a padres inocentes de esa manera?”. Ellos aún creen que yo puedo darles algún tipo de respuesta que le dé sentido a esta tragedia, para al menos explicar el agudo dolor.

Pero no tengo ninguna respuesta. Nadie tiene realmente. Hay mal y oscuridad en el mundo. Seguimos luchando en contra con la luz de nuestra Torá y la fuerza de nuestra fe en que la bondad es más poderosa que la destrucción. Pero no sabemos por qué esta persona fue arrancada de este mundo ni tampoco la persona sentada a su lado. No sabemos por qué la tragedia golpeó a esta ciudad o a esa calle. Los ataques terroristas no pueden ser explicados. La tragedia no puede darnos ninguna respuesta.

Pero podemos aprender a sentir la pérdida de la forma en que debiéramos como nación.

Como si los padres fueran los nuestros.

Como si los niños huérfanos fueran nuestros.

Como si las nuevas esposas viudas fueran nuestras hermanas.

Porque lo son. El pueblo judío es una sola familia, y el dolor hace eco alrededor del mundo a medida que estamos de duelo por este horrible ataque.

Reza por aquellos que están heridos. Reza por aquellos que han perdido a sus seres queridos. Cada lágrima, cada rezo, cada judío que se lamenta hace una diferencia. Porque la única cosa que siempre es verdad sobre la tragedia es que nos recuerda a nosotros cuánto realmente nos necesitamos los unos a los otros.