La Tierra de Israel es un lugar extraordinario y único. Los cabalistas enseñan que lo que diferencia a la Tierra de Israel del resto del mundo es su esencia espiritual y que diferentes áreas de la Tierra tienen su propia personalidad y características. Quien quiere conectarse con la pasión y el fuego debe viajar a Jerusalem, mientras que alguien que desea contemplar el amor fraternal debe pasar un tiempo en Jevrón.

Debido a la naturaleza trágica del conflicto árabe-israelí, es demasiado fácil distraerse, perder de vista las diversas dimensiones espirituales de la Tierra y enfocarse sólo en su apariencia superficial. Por eso vamos a dedicar un momento a enfocarnos en la esencia profunda de la ciudad al borde del lago, Tiberias (Tiberíades).

Junto a Jerusalem, Jevrón y Tzefad, Tiberias es una de las cuatro ciudades santas de Israel. Uno podría pensar que Tiberias no merece este calificativo. A fin de cuentas, no se la menciona en la Biblia y el Rey Herodes la construyó en el siglo I EC para servir como un centro pagano. Su nombre se debe al sucesor de César Augusto, el Emperador Tiberio. No es un comienzo demasiado prometedor para una ciudad famosa por su santidad.

A pesar de todo, nuestros Sabios dicen que la Redención Mesiánica comenzará en Tiberias. ¿Qué significa esto? ¿Por qué precisamente aquí entre todos los lugares posibles? Si profundizamos un poco en el pasado de la ciudad, podremos entenderlo mejor.

El misticismo judío designa a Tiberias como la “ciudad del agua”, algo que parece bastante obvio por estar ubicada en las costas del Kineret, el lago de agua dulce más grande de Israel. Históricamente, el Kineret proveyó la mayoría del agua potable del Estado de Israel. Hoy en día, gracias al revolucionario progreso de Israel en técnicas de desalinización, el Kineret provee sólo el 5% de las necesidades de agua del país, pero los habitantes locales y los turistas disfrutan del lugar para nadar, pescar y hacer deportes acuáticos. Tiberias también es conocida por sus fuentes termales naturales. Desde la antigüedad, la gente llegó de lugares lejanos para aprovechar la sanación terapéutica que proveían las aguas termales. Pero a pesar de contar con estas dos fuentes de agua, el sobrenombre de Tiberias no se debe a ninguna de ellas.

Tras la destrucción del Segundo Templo en el año 70 EC y la fallida rebelión de Bar Kojva en el año 135, Jerusalem estaba en ruinas y se les prohibió a los judíos asentarse allí. Los judíos se fueron al norte de Israel y llevaron con ellos al Sanedrín, la Corte Suprema Judía. Los miembros del Sanedrín discutían la aplicación de la ley judía, emitían decretos en beneficio de la comunidad y juzgaban los casos judiciales. El Sanedrín estuvo en Tiberias durante muchos años, hasta que los emperadores bizantinos obligaron a desbaratarlo. A pesar de unos cuantos esfuerzos controversiales por volver a reunir al Sanedrín, desde entonces la Corte no se volvió a reunir.

En parte debido a la presencia del Sanedrín, durante los siguientes 500 años (desde mediados del siglo II hasta la mitad del siglo VII), Tiberias se convirtió en el centro de la vida judía en la Tierra de Israel. Durante ese período, en Tiberias se completaron dos obras monumentales basadas en la Torá Oral. La Torá Oral es parte de la Torá y Moshé la recibió en el Monte Sinaí. Ella consiste de interpretaciones de las Sagradas Escrituras, es decir, de la Ley Escrita. Durante siglos, la Ley Oral sólo pudo transmitirse de forma oral y era enseñada verbalmente de maestro a estudiante. En un momento, después del año 160, el jefe del Sanedrín, Rabí Iehudá el príncipe, comprendió que las dificultades que presentaba el gobierno romano provocaban que fuera casi imposible preservar exitosamente la Ley Oral de forma verbal, por lo que decidió registrarla por escrito. Gran parte de este trabajo tuvo lugar en Tiberias y el producto final, conocido como la Mishná, se completó alrededor del año 200.

Los dos siglos siguientes vieron una ola de actividad intelectual entre los sabios de la Tierra de Israel, quienes comentaron y desarrollaron las ideas de la Mishná. Esto resultó en la escritura del Talmud Ierushalmi, el cual fue finalizado en Tiberias.(1) Es difícil sobrestimar el grado en que estas dos obras, la Mishná y el Talmud Ierushalmi, han protegido las tradiciones judías por generaciones. Hasta el día de hoy, ambos se estudian con pasión.

El Codex de Alepo

Ahora saltemos otros 500 años adelante, al siglo X, cuando Tiberias estaba bajo el dominio del Califato Abasida. Un escriba terminó de escribir un rollo de la Torá. No había nada especialmente extraordinario en ese rollo, pero un milenio más tarde sería el más antiguo manuscrito de la Biblia Hebrea en existencia. Este rollo sirve como la edición definitiva de la Biblia. Todas las Biblias judías producidas hoy se basan en este texto. Debido a que el rollo fue protegido por la comunidad judía de Alepo durante muchos años, se lo conoce como el Códex Alepo. Por su propia seguridad, el Codex fue sacado de contrabando de Siria a Israel en los años 50, y se encuentra en exhibición en el Museo de Israel. Sólo podemos imaginar qué habría pasado con este preciado tesoro si lo hubieran dejado en Siria. Como fue escrito en Tiberias, una vez más la ciudad fue el sitio en el cual se preservó para el futuro la antigua tradición.

La tumba del Rambam

En el año 1187, Saladino sitió la ciudad para desafiar a los Cruzados Cristianos en una batalla frontal. Saladino tuvo éxito y ganó la batalla, lo que permitió que el ejército musulmán volviera a capturar Jerusalem y eventualmente dio comienzo a la Tercera Cruzada. En el año 1204, Tiberias se convirtió en el lugar de descanso eterno de Moshé ben Maimón (Maimónides), uno de los grandes rabinos judíos de todos los tiempos. Sin embargo, la comunidad comenzó a disminuir tanto en tamaño como en prestigio y en el siglo XVI un rabino itinerante la describió como “en ruinas y desolada”.

Tiberias experimentó su renacimiento en 1770, cuando se convirtió en el primer lugar en Israel poblado por judíos jasídicos.(2) Al mismo tiempo que se firmaba la Declaración de Independencia en los Estados Unidos, 300 pioneros jasídicos llevaron sus tradiciones espirituales y místicas a Israel. El Jasidismo enfatiza la idea de que cada persona es capaz de desarrollar una relación significativa con Dios, sin importar su nivel de estudio de Tora o su piedad. Esta revolución espiritual impregnó a la judería europea con un nuevo dinamismo y desde entonces se ha sentido su impacto en el mundo judío. Algunas sinagogas y casas de la comunidad jasídica de Tiberias siguen de pie, preservadas a pesar de la expansión de la moderna ciudad israelí.

Regresemos al apodo de Tiberias, la ciudad del agua. Los sabios enseñan que la Torá se compara con el agua. En un nivel, tal como el agua es indispensable para la vida, también es indispensable tener un significado religioso. Además, el agua desea fluir y para lograrlo logra pasar entre materiales tan duros como las rocas. Así también, las lecciones de la Torá pasan de una generación a otra, sin importar qué dificultades pueda haber en el camino. Las diferentes obras producidas en Tiberias a lo largo de los siglos tienen diferentes formas, pero una causa unificada. Todas ellas sirvieron para pasar adelante la antorcha del judaísmo. Cada generación habla un lenguaje cultural diferente y por eso los sabios continuamente adaptaron sus métodos para llegar mejor al pueblo. Rabí Iehudá el príncipe supo que tenía que registrar la Torá Oral, los jasidim supieron que tenían que volver a encender el alma con pasión.

La tradición, como el agua, siempre encuentra la forma de seguir adelante. A veces, preservar la tradición requiere sensatez, como el agua fresca en las costas de Tiberias. En otros momentos, requiere pasión y fervor, como los manantiales calientes que surgen de su tierra. Quizás es por esto que los Sabios enseñan que la Redención Mesiánica comenzará en Tiberias. Saber cómo responder a las necesidades de la época con los mismos mensajes eternos nos ha preservado a lo largo del exilio. Tiberias representa ese flujo constante. Ella es la ciudad de la tradición, abriendo un camino hacia el futuro.


NOTAS

1. Además del Talmud Ierushalmi, tenemos el Talmud Babli (de Babilonia) escrito por los Sabios que habían salido al exilio en lo que hoy en día forma parte de Irak e Irán.

2. El grupo originalmente se quedó en Pekiin y en la cercana ciudad de Tzefad, pero se asentó permanentemente en Tiberias.