Al principio Yael Mitzafon, de 36 años, pensó que la misteriosa sombra cruzando por su sala correspondía a su marido, Dorón Reem, un oficial que hizo carrera en las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel). Horas antes, él había llamado desde su base en el centro del país para decir que se quedaría a dormir allí, en vez de viajar una hora y media hasta Sdé-Abraham, un pequeño moshav localizado a unos pocos kilómetros del límite tri regional entre Israel, Egipto y la franja de Gaza. No era nada fuera de lo común; Dorón se quedaba en la base una vez a la semana, y era una rutina a la que la familia estaba bien acostumbrada.

Pero ella se dio cuenta rápidamente que no era su esposo el que se acercaba sigilósamente a su habitación. No era el estilo de Dorón sorprenderla después de decirle que no vendría a casa, especialmente a las 3:40 a.m. Incluso aún más delatador, los pasos simplemente no sonaban como los de su esposo. Congelada de miedo, la madre de 4 escuchó cómo el intruso se movía a través de la casa, abría la puerta de su dormitorio y encendía la luz. De pronto, de pie en la puerta, había un hombre árabe de unos 20 años sosteniendo un tubo de metal aserrado.

"¿Qué quieres?" le preguntó Mitzafon al hombre, pero ella vio que él no entendía hebreo. En árabe, él le dijo que saliera de la cama (la palabra "levántate" es muy similar en hebreo y en árabe así que ella pudo entender). Ella protestó y le explicó que no estaba vestida, pero rápidamente entendió que no tenía otra opción. Ella salió de la cama y cumplió con la demanda del hombre de cubrirse de la cintura para abajo.

Sin pensarlo dos veces, ella extendió rápidamente su brazo para bloquear su intento de cortarle la garganta.

Él la empujó sobre la cama, se subió encima de ella, botó el tubo de metal al suelo y sacó un cuchillo que había escondido hasta ahora.

Sin pensarlo dos veces, ella extendió rápidamente su brazo para bloquear su intento de cortarle la garganta, desviando el cuchillo lejos de su esófago. El cuchillo cortó su mejilla y su hombro, pero las heridas no amenazaban su vida. Mientras el cuchillo penetraba su hombro, Mitzafon utilizó la descarga de dolor físico para cavar profundo en su alma y localizar una carga primigenia de energía para sacarse al hombre de encima y volver a ponerse de pie.

"No puedo entender por qué comenzó a hablarme cuando abrió la puerta del dormitorio, pero eso fue lo que me permitió ganar tiempo", le dijo Mitzafon a AishLatino.com cuando recordaba el ataque. "Mis dos hijos pequeños habían subido a mi cama antes durante la noche, como suelen hacer cuando Dorón no vuelve a casa. Así que creo que el elemento crítico en toda la situación fue que el terrorista se puso nervioso porque no se encontró con la escena que esperaba. Cuando encendió la luz de mi habitación, él esperaba ver a una pareja durmiendo, no a una mujer completamente despierta con dos de sus hijos en la cama junto a ella. Luego, cuando me dijo que me cubriera de la cintura para abajo —aparentemente no tenía reparos con asesinarme, pero si veía a una mujer semidesnuda en ropa interior, entonces sería condenado al infierno—, eso me dio aún más tiempo para analizarlo, y recordar una lección que había aprendido en mis clases de ninjutsu años atrás: puedes pelear, escapar o congelarte. Yo decidí pelear, y él entró en pánico.

"En retrospectiva, no quiero ni siquiera pensar en qué habría ocurrido si él me hubiera atacado inmediatamente cuando yo aún estaba un poco aturdida por el sueño".

Después de empujar al terrorista fuera de la cama, Mitzafon, sangrando, rodó fuera de la cama y tomó el tubo de fierro recortado del piso. El terrorista escapó al baño en suite a unos cuantos metros de distancia. Yael cerró la puerta del baño, agarró a sus dos pequeños que ahora estaban completamente despiertos, y literalmente los arrojó fuera del dormitorio hacia la habitación adyacente en donde su hija de 8 años se las había arreglado para seguir durmiendo plácidamente.

Ella cerró la puerta de su dormitorio, corrió a través de la casa para agarrar el teléfono inalámbrico y llamar a su esposo y a los oficiales de seguridad de la comunidad, y comenzó a hacer sonar una campana de estilo ranchera para alertar a los vecinos. Luego, ella volvió a su dormitorio para combatir al terrorista árabe que para entonces ya debía haberse dado cuenta que no estaba realmente encerrado en el baño.

"No quiero parecer una heroina al contar la historia"

"Mira, en realidad no quiero parecer una heroina al contar la historia", le dijo Mitzafon a AishLatino.com "No puedo decir que utilicé las técnicas de combate que aprendí cuando practicaba artes marciales. Más que nada, yo estaba sola en casa con mis cuatro hijos, y me las arreglé para mantener mi cabeza lo suficientemente clara como para tomar la decisión de impedir que este tipo cometiera un asesinato en masa de toda una familia si es que yo podía hacer algo al respecto. Además tuve la suerte de ser físicamente fuerte"

"Creo que el otro factor que jugó a mi favor fue que el evento ocurrió tan sólo tres días después de que el cese al fuego de la operación Pilar de Defensa entrara en efecto. Creo que por eso mi hijo de dos años, Ben, tenía problemas para dormir. Nuestro sueño había sido interrumpido por ataques de misiles desde Gaza muchas noches durante el mes anterior. Así que el terrorista eligió un mal momento para atacarme; él me atacó en un momento en el que yo estaba en guardia de todas formas por así decir".

A las 3:47 a.m. el ataque había finalizado. Después de que Mitzafon se había librado de las manos del terrorista y había llamado por ayuda, el antisocial había escapado por la ventana del baño. En retrospectiva, Mitzafon dice que no recuerda haber hablado con su vecino de al lado, Tomer, el director de seguridad del moshav, pero cuando él llegó a la escena, la casa ya estaba tranquila. Junto a un tercer vecino, ellos entraron al dormitorio y luego al baño para descubrir que el terrorista había forzado la ventana del baño y había escapado. En 15 minutos, los oficiales de las FDI llegaron, y la unidad de los Bedouin trackers comenzó a seguir las huellas del terrorista desde la escena del crimen. Una hora después, llegó la noticia de que habían matado al terrorista a las afueras del Moshav Dekel, a muchos kilómetros de Sdé-Abraham.

Espiritu pionero

De muchas maneras, Sdé-Abraham está muy lejos de Herut, el moshav de tamaño medio cerca de la ciudad litoral de Netanya donde los Mitzafon-Reem se mudaron cinco años atrás. En ese entonces, la familia sabía que sería muy difícil para ellos comprar una casa en el centro del país, y que ciertamente Yael no podría cumplir su sueño de ser dueña de un establo de caballos para montar. Sentada en su espaciosa cocina con los rayos de luz entrando por la mismísima puerta a través de la cual el terrorista había entrado a la casa anteriormente, Mitzafon dice que el incidente no cambió su sensación de que el moshav en el extremo suroeste de Israel era el lugar ideal para ella y su familia.

"Lo que me ocurrió fue terrible", dice ella con una leve sonrisa, "pero tienes que ver cómo es la vida en general aquí: este fue el único atentado terrorista en los 30 años de historia del moshav.

Más aún, no puedo imaginar un lugar más seguro para que mis hijos crezcan tranquilos; yo sé que mis vecinos se preocupan por mí, y yo me preocupo por ellos. No me preocupo si mis hijos desaparecen por unas cuantas horas en la tarde de Shabat. Estos son elementos de la vida que nos hacen sentir tranquilos y seguros. Ciertamente no me estoy tomando el ataque a la ligera, pero la desafortunada verdad es que las casas son atacadas constantemente, en Tel Aviv, Jerusalem y en todas partes. Y eso es también lo que ocurrió aquí. Afortunadamente, tuve la capacidad de defenderme a mí misma y a toda mi familia.

Después del ataque, la vida volvió a la normalidad. Para la mayoría de la familia, el trauma del 26 de noviembre desapareció rápidamente. Sin embargo, sólo en febrero del año siguiente Dorón comenzó a quedarse una noche a la semana fuera en la base, y le tomó dos meses a la pequeña de cuatro años que presenció el ataque acceder a quedarse a solas en un cuarto de la casa. Yael sigue teniendo un establo con seis caballos, donde enseña a cabalgar, y las niñas disfrutan de la libertad que implica vivir en un moshav.

"Me he asegurado de que mis hijas entiendan que vivimos en un lugar magnífico, con una magnífica red de apoyo comunitaria", dice Yael Mitzafon. "No lo cambiaría por ningún otro lugar".