A los 16 años, Eli Beer estudiaba en una Ieshivá en Jerusalem y soñaba con ser paramédico. Se ofreció como voluntario en un servicio de ambulancias. Un día recibieron una llamada sobre un niño de 7 años que se había atragantado con una salchicha. Cuando la ambulancia llegó 20 minutos más tarde, el niño había muerto. Al enterarse que a una cuadra de distancia había un médico, Eli comprendió que el sistema de emergencias necesitaba con urgencia ser reestructurado.

Aprovechando la jutzpá israelí, Eli convenció a sus padres para que le compraran una radio policial y así poder monitorear las llamadas de emergencias médicas. Poco tiempo después escuchó una llamada sobre un accidente de tránsito apenas a una cuadra de distancia. Eli corrió hacia el lugar.

Eli Beer (a la izquierda), fundador y director de Hatzalá, con Shraga Simmons de Aish HaTorá.

“Había un anciano sangrando con una herida en el cuello”, relató Eli a AishLatino.com. “Yo no tenía equipo médico, así que me saqué mi kipá y la utilicé para aplicar presión y detener el sangrado. Más tarde supe que ese hombre tomaba anticoagulantes, por lo que hubiera muerto en dos minutos. La ambulancia sólo llegó 15 minutos más tarde. ¡Había salvado una vida!”.

En ese momento, Eli supo cuál era su misión en la vida: reducir el tiempo de espera para la asistencia de emergencia.

Eli escuchó que un grupo de judíos ortodoxos de Brooklyn, Nueva York, habían formado un equipo de respuesta rápida y decidió organizar algo similar en su propio barrio, Bait Vegan, en Jerusalem. Junto con 15 amigos (todos paramédicos) Eli esquivó la burocracia, los enredos legales y la resistencia de los servicios de emergencia existentes y dio comienzo a su organización.

Ahora, casi 30 años más tarde, Hatzalá es una organización mundial de 4.000 voluntarios entrenados, con sede en un centro ultramoderno cerca de la estación central de autobuses de Jerusalem. Hatzalá asistió en más de 2,5 millones de emergencias, aproximadamente el 20% de las cuales eran casos de vida o muerte: ataques cardíacos, derrames cerebrales, accidentes de tránsito y ataques terroristas. En muchas localidades, Hatzalá alcanzó su meta de que el tiempo de respuesta sea de 90 segundos o menos; el promedio nacional es de tres minutos.

¿Cuál es el secreto de Hatzalá? La moto-ambulancia. Una motocicleta equipada con un equipo de oxígeno, un desfibrilador, vendas para quemaduras, equipo de maternidad, glucómetro, equipo de trauma y de comunicación. Hoy en día, 700 moto-ambulancias pintadas con el distintivo color naranja de Hatzalá forman parte del paisaje israelí. El año pasado, para celebrar los 70 años de Israel, comenzaron a funcionar otras 70 moto-ambulancias.

“Nuestro objetivo primordial es llegar rápido y brindar tratamiento antes de que llegue la ambulancia”, explica Eli. “Dado que estas moto-ambulancias son pequeñas y móviles, no se ven detenidas por el tráfico o calles estrechas. Si es necesario, incluso pueden viajar por la vereda”.

A menudo, recibir tratamiento dentro de los primeros minutos de una emergencia médica marca la diferencia entre la vida y la muerte. En el caso de un ataque cardíaco, por ejemplo, la falta de desfibrilación y soporte vital reduce las posibilidades de supervivencia casi en un 10% con cada minuto que pasa.

“También en los casos de derrames cerebrales y ahogos, mientras antes la víctima reciba oxígeno, menor es el daño”, explica Eli. “Justo hoy recibimos una llamada sobre una mujer que no respiraba. Nuestro despachador le dijo a su hijo qué debía hacer. Un minuto más tarde llegaron los voluntarios de Hatzalá y le hicieron resucitación cardiopulmonar. La ambulancia llegó cuatro minutos después. ¿Le salvamos la vida? Nunca podremos saberlo exactamente. Pero con cada momento salvado, reducimos el daño y el riesgo de muerte”.

Una innovación israelí

Todavía mayor movilidad: la flota de bicicletas eléctricas de Hatzalá.

Israel, la “nación start-up” con tecnología pionera en agricultura, seguridad y medicina, aplicó ese mismo espíritu innovador para salvar vidas. El sistema LifeCompass de Hatzalá es la primera aplicación de tecnología avanzada de GPS de rastreo para el sistema de asistencia de emergencia.

Cuando ingresa una llamada de emergencia (Hatzalá responde miles cada día), LifeCompass automáticamente alerta a los teléfonos de los cinco voluntarios mejor posicionados en base a la cercanía geográfica a la escena y tomando en consideración el equipo y entrenamiento más adecuado para esa emergencia específica. El sistema luego transfiere automáticamente al voluntario a una aplicación de mapas que lo guía por la ruta más rápida.

Ya sea en el trabajo, la escuela o el hogar, los 4.000 voluntarios de Hatzalá llevan sus mochilas de emergencia a todos lados. “Hace algunos años manejaba por el camino costero y recibí una alerta de que un niño se estaba ahogando en un kibutz”, cuenta Eli. “Yo no conocía ese kibutz, pero nuestro sistema de inmediato reconoció que yo estaba a un minuto de distancia. Llegué y traté al niño. La ambulancia llegó 40 minutos después. Ese día salvé una vida”.

En el año 2014, en respuesta al secuestro de tres adolescentes israelíes, Haztalá desarrolló una aplicación de SOS que permite que cualquier persona envíe con un solo toque una señal de emergencia al centro de despacho que funciona 24/7, el cual trasmite las coordenadas GPS a la policía.

La expansión en Israel

Un voluntario de Haztalá responde a una emergencia médica en Iom Kipur. Esta foto la compartió en Twitter un turista alemán.

Además de salvar innumerables vidas, Hatzalá emergió como una fuerza de cambio positivo en la sociedad Israelí, donde lamentablemente, a menudo se sienten las divisiones entre religiosos y seculares, judíos y árabes.

“Siempre respondimos a cualquiera que necesitara ayuda, sin embargo la mayoría de los voluntarios con los que comenzamos eran religiosos”, explica Eli. “Un día recibí una llamada de un hombre no religioso de Hertzlía. Él me dijo que en su ciudad frecuentemente tienen que esperar entre 15 y 20 minutos para que llegue una ambulancia. Él había visto operar en los barrios religiosos nuestras moto-ambulancias y quería llevar Hatzalá a su ciudad”.

Eli pensó que era una gran oportunidad y recibió completo apoyo del gran sabio de Torá Rav Jaim Kanievsky. Esto salvó vidas y generó interacciones positivas entre judíos religiosos y no religiosos.

Además, Hatzalá instituyó un curso sobre las leyes de Shabat, para que cada voluntario, sin importar de dónde viene o su nivel de observancia, tenga claro de qué manera salvar una vida se antepone a otras leyes de la Torá.

El tractor-ambulancia todo terreno de Hatzalá.

“Cuando se trata de salvar vidas, hacemos todo lo que podemos, de cualquier forma”, dice Eli. “El mismo judío que no aceptaría un millón de dólares por conducir en Shabat, saldrá corriendo en el momento más sagrado del año, en medio del rezo de Iom Kipur, para salvar a un extraño de 98 años. Esta valoración de la vida humana es la belleza del judaísmo, y es un gran Kidush Hashem (santificación del nombre de Dios)”.

Hatzalá continúa expandiéndose, con un presupuesto anual de 20 millones de dólares y miles de “ángeles anaranjados” (judíos, árabes, drusos, beduinos y cristianos), ciudadanos normales dispuestos a dejar todo de lado para correr a salvar una vida, en cualquier momento, en cualquier lugar.

La flota de Hatzalá también incluye 4 tractores-ambulancia que realizan rescates en terrenos complejos como bosques, desiertos, playas y montañas. Hatzalá también tiene un bote de rescate y motos acuáticas estacionadas en el Mar de Galilea (Kineret), el lago más grande de Israel.

Según Eli, su familia es “adicta a Hatzalá”. Su esposa Guity abrió una división para mujeres religiosas con el objetivo de asistir a otras mujeres y sus tres hijas también se unieron.

Un proyecto de unidad en Jerusalem

Otro avance significativo tuvo lugar cuando Eli recibió la visita de dos árabes musulmanes que viven en Jerusalem Oriental. Uno de ellos, Mohammed Asli, le explicó que una semana antes, su padre había sufrido un ataque cardíaco y murió mientras esperaba durante 55 minutos que llegara una ambulancia.

Mohammed le dijo a Eli: “No hubo nadie para ayudar a mi padre. Él murió frente a mis ojos. Ayúdanos a organizar Hatzalá en Jerusalem Oriental y prometemos proteger a cualquiera que necesite ayuda”.

Eli vio esto como una oportunidad única para fomentar buenas relaciones en Jerusalem, además de salvar vidas. Hatzalá entrenó a 30 voluntarios árabes, muchos con experiencia médica previa. Esta sociedad probó ser fructífera y el ciclo se completó un año más tarde cuando el padre de Eli sufrió un ataque cardíaco en Shabat. Eli nos cuenta:

Uno de los 300 voluntarios musulmanes de Hatzalá.

“Escuché una llamada en la radio. Yo estaba a dos edificios de distancia y de inmediato corrí hacia el lugar. Pero cuando vi a mi padre en el suelo, inconsciente, empecé a llorar como un niño. Salvé muchas vidas con mis propias manos, pero en ese momento simplemente me paralicé”.

Un minuto después llegó otro voluntario de Hatzalá y comenzó a administrar resucitación cardiopulmonar. Veinte segundos más tarde llegó otro voluntario con el desfibrilador necesario. El padre de Eli recuperó la respiración y se despertó.

Con justicia Divina quizás, el paramédico con el desfibrilador no era otro más que Mohammed Asli, el mismo árabe que originalmente pidió unirse a Hatzalá. “Le di a Mohammed un gran abrazo”, asegura Eli.

Con el admirable récord de cooperación judío-musulmana, en el 2013, Eli Beer y Murad Alyan (otro miembro clave de Hatzalá en Jerusalem Oriental) compartieron un prestigioso Premio de Paz del Medio Oriente.

Esta reputación se extiende también al mundo árabe. Al Jazeera transmitió un documental sobre el trabajo de Hatzalá. Eli se reunió con el mandatario de Dubai y visitó Jordania para recibir un premio de la Reina Rania. “Como tiene origen palestino, ella no es especialmente amigable hacia Israel”, dice Eli. “Pero cuando escuchó lo que hacemos y que tenemos voluntarios judíos y árabes trabajando juntos, se emocionó mucho”.

Impacto internacional

Muchos asocian Israel con conflicto y enfrentamientos. Hatzalá está ayudando a cambiar esa percepción. El video de Eli del 2013 de Ted Talks fue visto más de un millón de veces. Eli recibió numerosos galardones, incluyendo el premio Social Entrepreneur of the Year (emprendedor social del año) otorgado por el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. “El director de la mayor compañía petrolera saudita se me acercó y dijo que nunca antes había conocido a un israelí”, dice Eli. “Luego me dio un gran abrazo”.

Fuera de las fronteras de Israel, Hatzalá brindó ayuda en catástrofes, enviando los mejores socorristas y una unidad de psicotrauma a cualquier lugar que fuera necesario, desde el terremoto en Nepal a las inundaciones en Houston.

Nuevas moto-ambulancias de Hatzalá frente al Muro de los Lamentos. Foto tomada desde la terraza de Aish HaTorá.

Eli trabaja para reproducir su modelo de respuesta rápida por el globo, imaginando un mundo en el que las moto-ambulancias anaranjadas con sirenas rojas representen la “luz” de Israel “entre las naciones”. Hatzalá entrenó voluntarios en Ucrania, Inglaterra, India, Lituania y Brasil y en otra decena de lugares. Eli también recibió un premio en Panamá por mejorar el sistema de emergencias médicas del país.

Asimismo, Eli trabajó con el alcalde de Jersey City, Nueva Jersey. Aunque no hay muchos judíos en Jersey City, un hombre jasídico responde a tres llamadas por día, en lo que Eli llama “un verdadero Kidush Hashem”.

¿La gran visión de Eli para el futuro? “Hatzalá se trata de acercar a personas de diferentes entornos y comunidades, dejar de lado las diferencias y compartir la misión de salvar vidas. Me encantaría ampliar nuestro sistema a una red global para salvar vidas, en la que un voluntario de cualquier país pueda responder a una llamada en donde sea que se encuentre”.

Fue un largo camino para Eli Beer, que tenía 6 años cuando vio estallar un autobús frente a sus ojos al regresar de la escuela. “Vi el fuego y el caos de personas heridas escapando de la escena”, recuerda. “No entendí exactamente qué estaba pasando, pero sabía que había personas que necesitaban ayuda. Un anciano gritaba y pedía ayuda. Me asusté tanto que salí corriendo”.

En ese ataque murieron seis personas y muchas resultaron heridas. Hasta hoy en día, ese recuerdo impulsa a Eli Beer a reparar el mundo, una y otra vez… en 90 segundos o menos cada vez.