Los titulares gritaban “¡Mazal Tov!”, refiriéndose al reciente matrimonio de la “primera hija” Chelsea Clinton (hija del anterior presidente de los Estados Unidos Bill Clinton y la Secretaria de Estado Hillary Clinton) con Marc Mezvinsky, un banquero de Nueva York e hijo de dos anteriores miembros del congreso de Estados Unidos.

Todas las noticias comentaban como el sr. Mezvinsky, además de su esmoquin diseñado por Burberry Brit, llevaba un talit y kipá, elementos tradicionales judíos.

Se hizo mención de la recitación de las Sheva Brajot, la esencia de una ceremonia matrimonial judía, que fueron seguidas por un poema y rezos adicionales pertinentes al trasfondo religioso de Chelsea.

Pero incluso con el presupuesto de más de un millón de dólares, los rituales judíos y las celebridades invitadas, aun así todo se resume en un matrimonio mixto.

En los tiempos de mi padre, cuando alguien se casaba con una persona no judía él estaba haciendo una afirmación muy fuerte: “No quiero seguir siendo judío. Quiero alejarme de la carga de la vida judía y ser como todos los demás”. No había nada judío en la boda y el resultado era la asimilación.

Cuando yo tenía veinte años y las personas se casaban con personas no judías también estaban haciendo una afirmación, quizás con menos vehemencia, pero aún así una afirmación. En vez de querer escapar del judaísmo, ellos simplemente no sabían lo suficiente como para que les importara. “Somos todos iguales. ¿Por qué debería casarme con un judío? La religión no juega un papel en nuestras vidas”. Quizás ignorancia, quizás apatía, pero usualmente no era rabia o el deseo de escapar de ser judío.

Ahora hemos entrado en una nueva era.

El Sr. Mezvinsky, un hombre privilegiado, educado, inteligente y exitoso elige casarse con una persona no judía, no porque a él no le importa ser judío y definitivamente no porque odia el judaísmo. De hecho, pareciera ser que él es un judío identificable, quizás un judío orgulloso que hace un esfuerzo por abrazar su patrimonio.

Estamos en una nueva era en la que un judío puede identificarse como judío y no ver ninguna contradicción en casarse con un no judío.

Sin embargo, aquí está él, parado bajo una jupá, vistiendo un talit, una kipá y recitando brajot mientras se casa con una (famosa) miembro de la Iglesia Metodista.

Estamos en una nueva era en la que un judío puede identificarse con su patrimonio y no ver ninguna contradicción en casarse con un no judío.

Hemos llegado a un punto en que un judío es tan ignorante sobre sus propias creencias y está tan confundido acerca de lo que significa ser judío, que puede casarse con un no judío y aún sentirse orgulloso de ser judío.

El matrimonio mixto de Marc Mezvinsky es el resultado de nuestra inacción.

Quizás es muy difícil atraer a aquellos que dejaron el ambiente judío porque estaban avergonzados de ser judíos. Y es difícil comprometer a judíos casados con no judíos que son apáticos e indiferentes sobre su judaísmo. Pero cuando un judío identificable y orgulloso se casa con una no judía, entonces la pregunta que tenemos que hacernos es ¿Por qué no fue educado y acercado? ¿Cómo falló el pueblo judío al no darle el conocimiento que él necesitaba para canalizar su orgullo por el judaísmo correctamente?

¿Fue nuestra falta de preocupación la que permitió que Marc Mezvinsky se casara con Chelsea Clinton?

¿Por qué él no fue invitado a la mesa de Shabat de alguien? ¿A una sucá? ¿Donde estuvieron los programas, las clases, el aprendizaje uno a uno cuando Marc Mezvinsky los necesitaba tan desesperadamente?

Me entristece demasiado ver aquellas fotografías de boda de Marc vistiendo su talit y kipá entre personas ricas y poderosas, el judío perdido, ajeno a su propio patrimonio, y con un fuerte deseo de ser parte de ese patrimonio.

No sólo porque un alma tan preciada como esa se perdió para su pueblo, sino más aún porque esto podría haberse evitado. Él quiere ser judío, él está orgulloso de ser judío y nosotros, a los que nos importa, fallamos.

No podemos darnos el lujo de perder a otro judío orgulloso como Marc Mezvinsky. Ellos están moviendo sus talits en nuestras caras colectivas y mirando hacia el lado equivocado.

La pregunta realmente recae sobre nosotros: ¿Acaso nos importa?