El Holocausto es uno de los períodos más dolorosos de la historia moderna judía. Hay muchas lecciones que podemos aprender de este trágico período que ciertamente no debemos olvidar. Aquí hay dos con las que me identifico.

Haz clic aquí para ver artículos relacionados.

Este oscuro período en el que para muchos parecía que Dios se estaba escondiendo, irónicamente muestra lo importante que es Dios en nuestras vidas, incluso en una sociedad supuestamente educada y civilizada.

Antes del Holocausto, Alemania era una de las sociedades más cultivadas y sofisticadas. Algunos de los más grandes antisemitas eran los intelectuales.

Hitler rechazaba la idea de someterse a una autoridad superior. Una estrofa de una canción de las Juventudes Hitlerianas decía: “El Papa y el Rabino ya no estarán, queremos ser paganos otra vez”.

Hitler creía en la supremacía de la raza aria, la que los nazis llamaban “la raza maestra”. Una persona sólo puede creer eso si niega la existencia de Dios. Si todos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, entonces no hay una “raza maestra”. Perseguir a un pueblo es una afrenta al Creador. Al proclamar su superioridad, los nazis le quitaron a la humanidad su divinidad innata. Pasó a no haber diferencia entre matar a un roedor o a un judío. En sus películas de propaganda, los nazis utilizaron videos de alimañas y los empalmaron a videos de judíos, para adoctrinar esta equivalencia.

Los nazis mostraron la absoluta indiferencia por la vida humana a la que sólo una ideología atea puede llevar. Necesitamos recordar lo bajo que la humanidad puede descender, para recordar lo importante que son Dios y la moral como un ancla en nuestras vidas. Sin eso, las personas pueden convertirse en salvajes con trajes y corbata.

Hitler sabía más sobre lo que significa ser un judío que muchos judíos de hoy en día.

La segunda lección del Holocausto gira alrededor de una triste verdad: Hitler sabía más sobre lo que significa ser un judío que muchos judíos de hoy en día. Si alguien te preguntara: “¿Qué significa ser judío?”, ¿qué le responderías? Trágicamente, muchos judíos dirían que significa que la gente nos odia y trata de asesinarnos. Si eso es todo lo que significa para ellos, entonces ¿Por qué están orgullosos de ser judíos? ¿Es acaso la desenfrenada asimilación que vemos hoy en día una sorpresa?

Hitler dejó en claro porqué quería exterminar a los judíos. Quería eliminar hasta el último judío del mundo. La razón que dio es que el judío es la consciencia del mundo, su voz moral. En sus palabras: “Los Diez Mandamientos han perdido su validez. La consciencia es una invención judía, es una imperfección, así como la circuncisión”.

Somos los portadores del mensaje del Sinaí. Este mensaje, si bien le da sentido a nuestras vidas, al igual que a todas las cosas de valor, tiene un costo asociado. El costo es parte de su valor: el privilegio y la responsabilidad de ser los mensajeros divinos de la moralidad. Hitler quería actuar de manera desenfrenada, hacer lo que tuviera ganas sin ningún tipo de remordimiento. El judío era una espina en su costado, un recordatorio constante de las expectativas que nuestro Creador tiene para cada uno de nosotros.

Está escrito en el libro de Isaías que el pueblo judío tiene la obligación de ser una “luz para las naciones”, vivir una vida ejemplar, mostrarle al mundo lo que significa ser honesto, caritativo y amable. Israel ha hecho esto recientemente en Haití, estableciendo allí uno de los hospitales más avanzados. Una mujer haitiana que dio a luz en ese hospital llamó a su bebé Israel, debido a su profunda gratitud por la ayuda que había recibido.

No es suficiente con sólo leer sobre el llamado de Dios a ser “una luz para las naciones”, el mensaje necesita ser vivido y debe estar grabado en nuestros corazones. El mundo está esperando que nos paremos orgullosos y que digamos con convicción: “Esto es lo que significa ser un judío”. ¿Cuánto tiempo debe Dios estar escondido esperando a que nosotros escuchemos Su llamado?