Los canales de noticias utilizaron el dramático recurso tecnológico de la “pantalla dividida” para reportar la liberación de Gilad Shalit. En el contexto de un evento trascendental que llegó a los corazones y mentes de los judíos en todo el mundo, puede parecer un detalle trivial, pero en realidad la pantalla doble simboliza lo que todos sentimos la semana pasada: por un lado, la alegría y el alivio cuando Shalit se reunió con su familia y sus amigos después de más de cinco años en cautiverio; y por el otro, nuestro dolor y miedo, mientras estaban siendo liberados enemigos acérrimos del estado judío y del pueblo judío, impenitentes de sus delitos.

La pantalla dividida también demuestra la pervertida equivalencia moral que el mundo le atribuye al conflicto árabe-israelí. La pantalla dividida y el término “intercambio de prisioneros” implica reciprocidad, mientras que en realidad no hay equivalencia entre la liberación de más de 1.000 terroristas condenados, a quienes se les respetaron completamente sus derechos legales y humanos, y la libertad de un soldado secuestrado y encerrado cruelmente en violación de la ley internacional, sin ser enjuiciado y terriblemente incomunicado.

Pero la pantalla dividida refleja también otro poderoso mensaje: la dicotomía de valores. Uno de los líderes rabínicos visionarios de los Estados Unidos durante el siglo XX, el rabino Mordejai Pinjas Teitz de Elizabeth, Nueva Jersey, acostumbraba decir, “La Torá habla en el lenguaje del mañana”.

Dios nos dio la Torá para todos los tiempos, lugares y situaciones. El Midrash dice que “Dios miró la Torá y creó el mundo”. La Mishná dice, “Denla vuelta (a la Torá) una y otra vez, porque todo está en ella”.

La Torá, que es el plano del mundo, contiene todo. Refiriéndose a “habla en el lenguaje del mañana”, el rabino Teitz llevó esto un paso más allá, diciendo que la Torá, entregada hace miles de años, contiene muchas ideas que sólo podemos entender a medida que la historia se desenvuelve.

Si las opciones que tenemos delante son la vida y la muerte, ¿quién elegiría la muerte?

“He puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición, escoge la vida” (Deuteronomio 30:19). Por generaciones, los comentaristas han lidiado con el significado de este versículo: ¿Por qué Dios tiene que ordenarnos que elijamos la vida? ¿No es obvio? Si las opciones que tenemos delante son la vida y la muerte, ¿quién escogería la muerte? A través de los siglos fueron sugeridas muchas respuestas para este versículo. Pero en nuestra generación fue revelado un nuevo entendimiento.

Video relacionado: Gilad Shalit: ¿Quién está Borrando los Límites?

Ciertos grupos y líderes terroristas han pervertido su religión y la han transformado en una celebración de la muerte. Como dijo infamemente en 2004 el secretario general de Hezbolá, Hassan Nasrallah, después de un intercambio de prisioneros: “Hemos descubierto cómo golpear a los judíos en su punto más vulnerable. Los judíos aman la vida, entonces eso es lo que debemos quitarles. Vamos a ganar, porque ellos aman la vida y nosotros la muerte”.

Y como dijo una vez Fathi Hammad de Hamas, un miembro del Consejo Legislativo Palestino: “Para el pueblo palestino, la muerte se ha convertido en una industria en la que las mujeres destacan... y los niños destacan... Deseamos la muerte, tanto como ustedes desean la vida”.

Es verdad que a lo largo de la historia no han habido muchos pueblos que hayan sentido remordimiento al matar judíos, pero lo que distingue a Hamas, Hezbolá, y sus secuaces, es su glorificación de la muerte y el martirio. El crimen con el que más se identifican es el hombre bomba, que glorifica no solamente el asesinato de otros, sino también su propia muerte. Incluso las madres celebran que sus hijos se conviertan en mártires. Cuando la Torá dice, “Escoge la vida”, su mensaje contrasta con aquellos que escogen la muerte.

La cobertura de la liberación de Shalit en pantalla dividida refleja los dos lados del versículo: “Pongo delante de ti la vida y la muerte”.

En un lado de la pantalla estaba la celebración de la muerte, en donde los culpables de perpetrar los crímenes más horribles en contra de hombres, mujeres y niños inocentes eran recibidos como héroes.

En el otro lado de la pantalla estaba la imagen de un soldado huesudo, pálido y solitario, por cuya libertad una nación entera rezó y se congregó, y por cuya vida una nación está dispuesta a poner en riesgo su propia seguridad. ¿Qué otro pueblo o gobierno en el mundo liberaría más de 1.000 terroristas condenados e impenitentes a cambio de la libertad de un solo rehén?

Esta decisión parece estar en contra de las consideraciones racionales, políticas y militares que los gobiernos y pueblos suelen realizar. ¿De dónde provino?

Considerémosla desde una perspectiva psicológica, y no desde la perspectiva del bien y el mal, que debe ser determinada por la halajá a través de un gran posek analizando comprensivamente el Talmud, códigos y preguntas y respuestas, con conocimiento de las realidades políticas y militares. Ciertamente muchos han argumentado que en este ámbito la decisión fue errada precisamente por la santidad de la vida. Pero miremos más allá de los méritos intelectuales y tratemos de entender la decisión como un fenómeno psicológico-social.

La decisión es ahora una realidad, sintámonos orgullosos por el atrevido y elocuente mensaje que les fue enviado a las naciones del mundo.

¿Qué fuerzas psicológicas condujeron a Israel a aceptar este trato? ¿Por qué es que sólo un estado judío podría haber hecho esto? La respuesta a estas preguntas yace en los valores profundamente arraigados en la psique judía desde el tiempo en que los recibimos, en el Monte Sinaí, donde Dios nos dio la Torá hace 3.323 años. Generaciones de judíos han nacido dentro de los edificantes valores de “escoge la vida”, han sido infundidas con el elevado espíritu del pasaje de la Mishná que dice que salvar una vida es como “salvar al mundo”, e ilustradas por el principio halájico de que pikuaj nefesh (peligro de muerte) se sobrepone a casi todas las mitzvot.

El gobierno y el pueblo de Israel apoyaron la liberación de Gilad Shalit instintiva y emocionalmente, porque esos valores de la Torá están profundamente arraigados en nuestra psique nacional. Es una decisión que ningún otro país podría haber tomado.

O, en las palabras de nuestras plegarias de la tarde de Shabat: “¿Quién es como Tu pueblo Israel?”.

Dejemos de lado nuestros angustiantes debates sobre la sabiduría de esta decisión, que para ahora ya es una realidad, y en cambio sintamos orgullo por el atrevido y elocuente mensaje que les fue enviado a las naciones del mundo cuando vieron al estado judío desafiar las leyes normales de la naturaleza humana y de la sociedad al sacrificar y arriesgar tanto para salvar una sola vida.

Cabe destacar que la Haftará de la semana de la liberación de Shalit habló en el lenguaje del mañana, en donde el profeta Isaías dijo en nombre de Dios: “Te llamé en rectitud y te he tomado de la mano… te he nombrado… para ser una luz para las naciones; para abrir ojos ciegos; para sacar a los prisioneros del calabozo, a aquellos que se sientan en la oscuridad de la prisión”.

Este artículo apareció originalmente en el Jerusalem Post.