Hace 2 semanas, el mundo judío se puso de luto con el fallecimiento de mi estimado cuñado, Rav Nosson Tzvi Finkel, zt''l, uno de los líderes más grandes de nuestra generación.

Rav Nosson Tzvi era el Rosh Ieshivá (decano) de la Ieshivá de Mir, la Ieshivá más grande del mundo que albergaba aproximadamente a siete mil quinientos estudiantes. Si echas un vistazo dentro de las paredes del beit midrash, el salón de estudios de la Ieshivá, lo más probable es que te sientas abrumado y quedes perplejo con los miles de hombres estudiando intensamente, gritando, discutiendo y debatiendo, expresando el estudio de Torá en su forma más pura y energética.

Para comprender el significado y el impacto de este estudio de Torá, permítanme intentar capturar un momento en la vida de Rav Nosson Tzvi Finkel, la persona que probablemente llevó a más personas a esa “órbita de excitación” que ninguna otra en nuestra generación.

Maimónides nos dice que Dios es extremadamente moderado en relación a los milagros y solamente los realiza cuando hay necesidad. Y no sólo es moderado en realizarlos, sino que también son forzosamente de corta duración. Sin embargo, el Talmud nos enseña que de todas las cosas que había en el Templo, había una que tenía un milagro constante y aparentemente innecesario acompañándola constantemente. Esa era el arca, que a pesar de ser muy pesada "levantaba a aquellos que la cargaban". Era el arca la que llevaba a quienes la cargaban y no al revés – un milagro impresionante pero definitivamente innecesario.

La respuesta debe ser que este milagro viene a enseñar una verdad esencial sobre el arca y sobre la Torá que estaba dentro de ella.

El arca es inicialmente levantada por esfuerzos humanos, pero una vez alzada, eleva a la persona que la está sosteniendo.

Para obtener una idea de la naturaleza de esta verdad, utilicemos el cuerpo/mente como analogía. El cuerpo es un prerrequisito absoluto para la mente. Sin "materia gris", sangre circulando, glucosa y oxigeno nutriendo al cerebro, etc., no podría haber una mente. Sin embargo, una vez que está la mente, entonces la mente es capaz de superar las aparentes limitaciones del cuerpo. Si una persona está inspirada, si se propone algo, puede lograr tareas aparentemente imposibles. Es como si la mente de la persona se convirtiera en soberana del cuerpo, en vez de dependiente de él. Esto es cierto en cuanto a la mente y al cuerpo y radicalmente cierto en cuanto a lo espiritual y a lo material.

Esto es lo que el milagro del arca produce. Sí, el arca es inicialmente levantada por esfuerzos humanos, pero una vez alzada, eleva a la persona que la está sosteniendo. No era un milagro innecesario; más bien era una demostración externa de la verdad esencial acerca de la relación entre material y espiritual. La relación comienza con lo material fundando lo espiritual, pero si aquello que fue establecido es genuinamente espiritual entonces termina levantando al mismo pedestal que lo elevó en un principio.

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Esta es la Torá en su forma más prístina. Es una lucha por establecer la logística necesaria para su estudio. Estudiar por largas horas es una lucha emocional; y abarcar el material, analizarlo y clarificarlo es una lucha intelectual. Pero a medida que uno se dedica a ella, los roles se invierten; la Torá misma levanta a la persona y le infunde una energía increíble para continuar.

No tenemos conocimiento de muchos milagros en nuestros días, pero Rav Nosson Tzvi Finkel personificó este milagro. Desde sus primeros días en la Ieshivá él estaba siempre inmerso en su estudio. El día y la noche se hacían uno mientras él trabajaba duro hora tras hora hasta altas horas de la noche. Nosotros presenciamos a una persona muy poderosa bendecida con fuerza inhumana. Hace veintiún años él asumió como director de la Ieshivá de Mir que entonces tenía mil estudiantes. Además del constante estudio y enseñanza, él tenía que juntar increíbles sumas de dinero, y ocuparse de todos los temas administrativos de la Ieshivá. Una tarea suficientemente difícil para cualquiera, pero para Rav Finkel, requería de un milagro: a estas alturas el Parkinson estaba devastando su cuerpo y robando su preciada fuerza.

Cuando la mayoría de las personas comprensiblemente reducirían sus esfuerzos, Rav Nosson Tzvi escogió aumentar el tamaño de la Ieshivá siete veces

Cuando la mayoría de las personas comprensiblemente reducirían sus esfuerzos, Rav Nosson Tzvi escogió aumentar el tamaño de la Ieshivá siete veces [!] y aumentar proporcionalmente su enseñanza, recolección de fondos y administración. Uno lo veía levantarse para hablar, sostenido por dos personas, su voz apenas audible. Y cuando comenzaba a hablar, se llenaba de energía, su voz florecía y él parecía estar sobre una nube.

Las personas venían a hablar con él para compartir momentos de alegría o momentos de angustia. Rav Nosson Tzvi estaba tumbado en el sillón, con apenas un gramo de fuerza, y él le hacía señas a la persona para que hablara. A medida que comenzaba a absorber la alegría o tristeza del individuo, él lentamente se llenaba de energía, se levantaba y se sentaba derecho, consolando a la persona en necesidad, o compartiendo la alegría del afortunado.

Muchas veces él estaba agotado, sin poder recaudar fondos. Y entonces él pensaba en una idea que aumentaría enormemente la calidad de los estudios de la Ieshivá, o alguien le presentaba una idea. Lentamente él se energizaba, y comenzaba la ardua tarea de recaudar fondos para el nuevo esfuerzo.

Pero si alguien quisiera escoger un momento, una foto del arca siendo levantada por la Torá, sería este: La festividad más inspiradora para Rav Nosson Tzvi era probablemente Simjat Torá, el día de alegría por haber completado un ciclo de lectura de la Torá. Los estudiantes de la Ieshivá bailaban hora tras hora, expresando su profunda alegría de haber sido privilegiados con un estudio de Torá tan intenso. En un momento, alguno de los estudiantes comenzaba a cantar la canción favorita de Rav Nosson Tzvi: "Afortunado es aquel que se esfuerza por la Torá". Sus ojos comenzaban a arder ferozmente; se levantaba y lentamente comenzaba a bailar. Se apoyaba en dos estudiantes para estar estable y ellos comenzaban a sentir que él los llevaba a ellos, más y más alto, como si ellos se hubiesen liberado.

En realidad la Torá estaba levantando al arca, y el arca estaba levantando a todos aquellos que la sostenían…

Realmente afortunado es aquel que se esfuerza por la Torá.