"Tengo un sueño..." – una frase inmortalizada por Martin Luther King. "Tengo un sueño de que mis cuatro hijos vivirán algún día en una nación en la que no serán juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter...". Fue un sueño que él no vivió para ver realizado; un sueño que aún no está realizado. Pero un hombre que sueña es un hombre al que le importa. Y un hombre al que le importa es un hombre que hace una diferencia.

Nosotros los judíos también tenemos un sueño. Un sueño con el cual hemos soñado por casi 3500 años. Y Rosh Hashaná es el día en que nos recordamos este sueño.

Uno pensaría que en el impresionante Día del Juicio, – "quien vivirá y quien morirá, quien por el fuego y quien por la espada..." – rezamos por el perdón, por salud, por un año de vida. Pero si miras la esencia del rezo de ese día, verás que no pedimos por nada de aquello.

¿Qué pedimos? Le pedimos a Dios que perfeccione al mundo. Le pedimos por la unidad entre las personas. Le pedimos armonía. Le pedimos por la destrucción del mal y por justicia en respuesta a la rectitud. En corto, le pedimos a Dios que nos traiga la Era Mesiánica. Son todas cosas lindas, pero a primera vista, se ven un poco fuera de lugar en Rosh Hashaná.

De hecho, eso es exactamente de lo que se trata Rosh Hashaná.

¿Estamos viviendo por algo que importa? ¿O estamos preocupados por nuestro siguiente caramelo?

Nos paramos frente a un Dios que nos ama, nuestro Padre. Cada padre quiere que sus hijos vivan una vida larga, saludable y próspera. Y así, como cualquier buen padre, Él nos está ofreciendo otro año. La pregunta es si estamos interesados. El año está en la oferta, pero ¿Qué vamos a hacer con él? ¿Estamos viviendo por algo que importa? ¿O estamos preocupados por nuestro siguiente caramelo? ¿Estamos luchando por ser grandes, o vagando hacia la mediocridad?

Rosh Hashaná está ahí para levantar nuestras miradas, y para recordarnos que debemos soñar. Y soñar por cosas grandes – paz, amor, justicia... ¿Por qué molestarse por soñar con menos que eso? Soñando sueños grandiosos, nos recordamos que la vida realmente importa. Este no es solamente otro año de trabajo aburrido. Es un año en el cual podemos lograr grandes cosas. Nos recordamos a nosotros mismos que realmente sí queremos otro año, otra oportunidad para luchar por hacer una diferencia.

Rosh Hashaná es un día para hacernos la importantísima pregunta: ¿Para qué estoy viviendo? Si sabemos para que estamos viviendo y es algo que importa, Dios nos dará vida. Si estamos desperdiciando la vida, Dios puede que nos de un poquito más para desperdiciar, pero nuevamente, puede que no.

No tomemos el riesgo. En Rosh Hashaná, asegurémonos de tener un sueño.