Pesaj se celebra en el mes de Nisán. La Torá considera a Nisán el primer mes del calendario judío. "Es el primero para ustedes entre los meses del año" (Éxodo 12:27). Por eso Pesaj es la primera fiesta del año judío.

¿Por qué? ¿Qué es lo tan primordial y significativo del momento de la salida del pueblo judío de la esclavitud en Egipto?

Cada fiesta en el calendario judío representa una energía espiritual especialmente potente en ese día – una oportunidad específica o potencial a la que se puede acceder con mayor eficiencia en cada fiesta a lo largo del ciclo del calendario judío.

Por ejemplo, cada año en Rosh Hashaná experimentamos nuevamente la creación, reviviendo el Rosh Hashaná original cuando el mundo que conocemos fue creado.

En Iom Kipur entramos en la misma experiencia de perdón que Moisés tuvo cuando rezó por el Pueblo Judío durante 40 días luego del pecado del Becerro de Oro. Estos días culminaron en esa fecha precisa con las palabras de Dios:

 

"Yo perdoné, como tu dijiste" (Números 14:20).

 

En Pesaj, por lo tanto, entramos en la misma oportunidad espiritual que el Pueblo Judío experimentó precisamente en el primer Pesaj. ¿Qué potencial posee esta fiesta para nosotros?

En el primer Pesaj, experimentamos la redención y el nacimiento como nación.

La cualidad que esta redención particular inculcó en nosotros, su principal característica, y el elemento fundador de la existencia de nuestra nación fue la emuná; la fe en Dios. Y la capamcidad para reconectarse con esa fuerza está disponible para nosotros cada año en Pesaj.

La fe en Dios fue un factor muy importante en nuestra redención. En ese momento, los esclavos judíos habían alcanzado su nivel espiritual más bajo. Se habían asimilado completamente a la cultura egipcia, pero aún no habían descendido hasta un punto sin retorno. El nivel de fe en Dios permaneció intacto:

En mérito de la emuná fueron nuestros antepasados redimidos de Egipto y en mérito de la emuná serán ellos redimidos en el futuro. (Midrash)

Por otra parte, su opresor, el Faraón, era visto como el mayor escéptico de la fe en Dios.

 

"¿Quién es Dios para que yo tenga que escucharlo? Yo no conozco a Dios ni tampoco voy a liberar a Israel" (Éxodo 5:2).

 

Las Plagas: Una Lección de Emuná

Mientras todas las naciones pueden tener una creencia básica en Dios, los judíos llevan esta creencia más allá. Creemos no sólo en la existencia y unicidad de Dios, sino que también en Su involucramiento directo con Su creación. Dios supervisa el mundo, controla la naturaleza y es omnipresente y omnipotente.

No es un accidente que el primero de los Diez Mandamientos que recibimos en el Monte Sinai declara:

 

"Yo soy el Señor, tu Dios, quien te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de los esclavos" (Éxodo 20:2)

.

 

No es suficiente creer en el Dios único. Se nos ha ordenado creer en el Dios único que pudo y efectivamente nos sacó de Egipto.

El éxodo de Egipto (precedido por las diez plagas) fue diseñado para clarificar estos elementos de fe (la existencia de Dios, Su supervisión y Su capacidad de controlar la naturaleza) al pueblo judío así como a la nación no judía que lo afligía.

Todos escucharon antes de la plaga de la sangre:

 

Así dijo Dios: "Así sabrás que Yo soy Dios" (Éxodo 7:17).

 

Y antes de la plaga de animales salvajes:

 

"Yo voy a diferenciar en ese día entre Goshen, donde mi nación está... Para que ustedes sepan que Yo soy Dios en medio de la tierra" (Éxodo 8:18).

 

Y antes de la plaga de la pestilencia:

 

"Esta vez enviaré todas mis plagas a tu corazón y entre tus esclavos y tu nación para que sepas que no hay otro como Yo en toda la tierra" (Éxodo 9:14).

 

Así Dios demostró Su existencia, Su supervisión y participación, y Su poder que todo lo abarca.

Practicando lo que Predicamos

La palabra Pesaj, puede ser dividida en dos palabras: Pe, que significa "boca" y saj, que significa "hablar." En otras palabras, "la boca que habla."

Una de las mayores secciones del Seder es magid, "decir". La palabra hagadá en sí misma proviene de la misma raíz – "decir".

Éste pareciera ser el tema principal de la noche de conmemoración del milagro. Como nos ha sido ordenado: "Y tú debes relatarle a tus hijos...".

¿Por qué es tan importante el habla?

Hablar es articular una creencia, concretizar una idea o teoría a través de la verbalización, hacerla sólida y permanente en nuestros corazones, y transformarla de algo abstracto a algo real.

En la primera redención de Pesaj fuimos atrapados en la vorágine de la actividad, y no pudimos verbalizar nuestros pensamientos y sentimientos sobre el suceso. No pudimos apreciar la inmensidad del milagro ni la fuerza de Dios.

Pero desde entonces cada año, en la noche del Seder, la noche del "orden", tenemos la capacidad de organizar nuestros pensamientos, articularlos con claridad y en perspectiva. La verbalización permite que el significado de estos eventos penetre e influya en nosotros, nuestros hijos y en las generaciones venideras.

Conmemoramos, así también, nuestras primeras palabras vacilantes como nación, cuando alcanzamos el Mar Rojo y cantamos "La Canción del Mar," y recobramos el arte judío de la comunicación con Dios, que temporalmente habíamos perdido a través de largos años de esclavitud en Egipto.

Esto también explica el por qué el mandamiento de hablar en la noche del Seder es ilimitado. Como leemos en la Hagadá:

 

"Mientras más relates la historia de la salida de Egipto, más loable eres".

 

Y,

 

"Aunque todos fuésemos sabios, todos entendidos, todos conocedores de la Torá, es un mandamiento sobre nosotros relatar la historia de la salida de Egipto".

 

Como ésta es la fiesta que inculca en nosotros la "energía de la fe" para todo el año, y la verbalización de estos eventos es crucial para su integración, no importa si ya hemos escuchado la historia 100 veces, se espera de nosotros que nos dediquemos a esta actividad tan importante.

Dios, Quien es infinito, nunca puede ser completamente alcanzado por nosotros, los seres finitos. No puede haber un fin para nuestra búsqueda de significado y comprensión. Por eso, mientras más discutamos y hablemos, nuestra creencia será mejor y más real.

Tiene sentido, entonces, que esta fiesta fundamental esté al principio de nuestro calendario y es aun más importante para nosotros como un pueblo que se convirtió en nación a través de la redención de Dios.

Nos provee las bases para nuestra creencia única en un Dios involucrado, todopoderoso e infinito y así, el reordenamiento y relato de los milagrosos eventos que rodean nuestro éxodo de Egipto se convierten en una herramienta poderosa para la comprensión de estos ideales.