El calendario judío está compuesto por doce meses, cada uno de los cuales tiene una energía espiritual diferente. Estas energías, o vientos espirituales, son una ayuda para aprovechar efectivamente las oportunidades que cada mes presenta.

Así, por ejemplo, elul, el mes previo a Rosh Hashaná y Iom Kipur, tiene vientos espirituales de balance, de recuento. En este mes, en que evaluamos todo lo que hicimos durante el año que termina y proyectamos nuestros objetivos para el año próximo, tenemos ayuda espiritual para realizar nuestra tarea de la mejor manera.

Adar, el mes de Purim, se caracteriza por la alegría. En adar podemos sentir intensamente la alegría de estar vivos, la alegría de ser judíos, y principalmente la alegría de estar conectados con Dios. Y eso es precisamente lo que ocurrió en Purim: elegimos permanecer como un pueblo, ligado a nuestras raíces y en conexión con nuestro Creador.

En nisán, el mes de la festividad de Pesaj, nos rodea la energía espiritual de liberación.

La fiesta de Pesaj celebra la liberación de nuestro pueblo de la esclavitud a manos de los egipcios, y el hecho de haber sido escogidos por Dios como Su pueblo.

Cada judío, al haber sido liberado de la opresión, pudo observarse sin esos límites y admirar su propia grandeza y también la de los demás, el potencial que cada uno tenía y no podía desarrollar a causa del cautiverio espiritual en el que se encontraba.

Uno de los referentes de Pesaj es la matzá, tanto así que la Torá misma se refiere a la fiesta de Pesaj como "Jag Ha-matzot", la fiesta de las matzot.

Y a la matzá, también se le llama "lejem ani", el pan de la pobreza. Esta denominación se debe, entre otras cosas, a la escasez de ingredientes. La matzá es la forma más simple del pan, contiene solamente agua y harina, y en términos de nutrición, eso es lo que nos alimenta del pan. Todos los aditivos como sal, levadura, y demás que encontramos en los panes durante todo el año, sólo están allí para darle un mejor sabor. Pero la esencia de todos ellos (lo que los hace valer algo) es la misma, harina y agua.

Aquí está la relación entre la matzá y nosotros mismos. La matzá es una excelente representación de eso a lo que nosotros aspiramos, y a lo que intentamos acercarnos especialmente durante Pesaj: a nuestra esencia.

Nosotros queremos ser queridos por lo que somos, no por lo que aparentamos ser. Y cuando hacemos cosas de las que no estamos tan orgullosos, creamos filtros para que los demás no vean esas partes de nosotros, ocultando así nuestra esencia. Y ahora eres esclavo exactamente de eso. De esas cosas que hacemos que nos desmotivan, que nos bajan la autoestima, y que de paso nos obligan a "actuar" ante los demás en lugar de relajarnos y dejar que nuestra esencia se muestre.

Eligiendo de Qué Liberarnos

 

Debes elegir sólo una cosa y concentrarte en ella.

 

Si le pides a una persona que te diga algo malo de si misma, seguramente te podrá responder inmediatamente, y con una lista relativamente larga (más larga de lo que le gustaría, al menos). No te preocupes, esto es común en casi todas las personas.

Todos tenemos hábitos que quisiéramos no tener, como levantarnos siempre diez minutos tarde, comer de más o de menos, enojarnos al juzgar prematuramente, fumar, sólo por citar algunos ejemplos. Este es el mes óptimo para elegir una de esas cosas que nos esclavizan, sólo una, y concentrarnos en eliminarla de nuestro mundo.

La mayoría de las veces que intentamos algo y no lo conseguimos, nuestro fracaso se debe a que en realidad no lo deseábamos lo suficiente, y por ende nuestro esfuerzo cesó al presentarse el primer desafío, (o el segundo).

Para poder trabajar sobre alguna de esas cosas que forman parte de nuestro presente, debemos elegir una y concentrarnos en ella. Una sola, porque si elegimos más siempre terminamos abandonando una para concentrarnos en la otra, y luego abandonamos todo porque sentimos que hemos fracasado, y con la autoestima baja no es fácil superar ninguna prueba.

Elegir en qué concentrarnos no es una tarea fácil, hay que tener mucho cuidado. Debe ser algo que queramos tanto y que al mismo tiempo esté tan fuera de nuestra realidad, que lo podamos odiar fácilmente. De esta manera, en el momento de tentación, a pesar de que nuestro cuerpo se incline hacia repetir esa conducta a la que está acostumbrado, podremos decirle que no.

Conociendo al Enemigo

Una vez que elegimos, debemos enfocarnos en ese "problema" y analizarlo. Debemos conocerlo a fondo, para que no nos engañe como ya lo ha hecho tantas otras veces en el pasado.

Tomemos como ejemplo el clásico problema para levantarse en las mañanas. De noche, antes de acostarnos, ponemos el despertador y pensamos: "mañana me levanto apenas suene, no voy a apretar el botón de snooze para dormir unos minutos extra".

Ahora analicemos la situación, dividiéndola en aspectos positivos y negativos.

Positivos:

 

  • El placer de dormir un ratito más.
  • Sentir que nosotros tenemos el poder de decidir.

 

Negativos:

 

  • No hacemos lo que consideramos que es mejor para nosotros.
  • Sentimos que no nos queremos lo suficiente, ya que hacemos cosas que nos perjudican (generando baja autoestima).
  • Y no hace falta explicar las consecuencias desastrosas de tener baja autoestima.

 

¿Qué hacemos con esta información?

Traigamos a la mesa algunas definiciones para un par de sentimientos.

Amar, es observar en alguien o en algo sus puntos positivos, e identificarlo con ellos. Toma como ejemplo a una persona que amas. Cuando piensas en ella, piensas en sus virtudes y en las cosas que admiras de ella. Eso te llena de sentimientos positivos, y al mismo tiempo te nubla la visión si quieres encontrar defectos.

Odiar es muy parecido a amar. Para odiar algo hay que hacer lo mismo que para amarlo, pero en lugar de concentrarnos en los puntos positivos debemos centrarnos en lo negativo. (El sentimiento opuesto a ambos es la indiferencia).

Ahora bien, es fundamental que seamos conscientes de que odiar no es parte de nuestra esencia, ¡Tú no eres eso! Eso es simplemente algo que tú haces, y que con sólo decidirlo puedes eliminar de tu vida.

Imagina ahora tu vida sin eso que te esclaviza. Imagina la alegría de haber superado ese obstáculo, y la libertad que tienes ahora para crecer y explotar tu potencial como nunca antes. Apégate a esa imagen, a ese sentimiento. Atesóralo, disfrútalo, internalízalo.

 

Imagínate con esa libertad, con la alegría de poder crecer y explotar tu potencial como nunca antes.

 

Esta es la preparación para la batalla. Amar lo que somos, lo que somos sin eso que nos esclaviza, sin eso que nos impide ser. Y tener siempre presente que perder esta batalla es continuar siendo esclavos de eso que tanto odiamos.

Repasa las ideas que tienes en la cabeza una y otra vez, hazte un combatiente profesional en la lucha por tu propio crecimiento.

Y una vez que comiences, disfruta cada batalla ganada, saborea el placer de la libertad, y aprovecha estos sentimientos para motivarte aun más para las próximas pruebas. Sigue así y disfruta las alas que construyes poco a poco, las alas que te permitirán llegar cada vez más alto.

Sobre el Autor:

Gabriel Levcovich nació en Santa Fe, Argentina, y desde hace 3 años estudia en Aish HaTorá. Él vive actualmente en Jerusalem con su familia.