Pesaj, 20 de abril, 1949 – Si examinamos detenidamente la porción de la Torá que se lee en la sinagoga el séptimo día de la festividad de Pesaj, vamos a encontrar que representa, entre otras muchas cosas, un tratado casi exhaustivo de las diferentes relaciones entre un líder ideal y su pueblo. Un estudio detenido del texto revela un análisis de casi todas las posibles situaciones que podrían surgir en la vida cotidiana de un pueblo, que ponen a prueba la calidad de su líder. A partir de las reacciones de Moisés, el líder del pueblo judío, y de sus respuestas frente a estas difíciles situaciones y complejos problemas, aprendemos las cualidades esenciales que debería tener un líder judío en cualquier época, desde el éxodo de Egipto hasta el día de hoy.

Nuestros textos bíblicos registran tres problemas que desafían al gran líder, problemas que han ocurrido muy seguido en la historia de nuestro pueblo.

Nuestros textos bíblicos registran tres problemas que desafían a nuestro gran líder. Problemas que han ocurrido frecuentemente en la historia de nuestro pueblo y que desencadenaron casi todos los eventos bíblicos que siguieron a continuación.

Primero encontramos al pueblo rodeado de enemigos, siendo amenazado físicamente, con la muerte y la destrucción total a la vuelta de la esquina. En ese momento, la gente pide a gritos la guía de su líder.

Segundo, encontramos al pueblo después de la victoria, perdiendo de vista sus ideales y sus metas, siendo más egoístas y materialistas. En ese punto, un líder genuino debe hacerse presente, elevar a las personas y devolverlas al camino correcto.

Finalmente, encontramos un pueblo que simplemente se queja y crea pleitos, murmurando y agravando las cosas. En ese momento el líder debe demostrar paciencia y una fe indestructible. Estos episodios reflejan mucho de la historia de nuestro pueblo. Podemos ganar una valiosa perspectiva si leemos la historia una y otra vez, con dedicación y conciencia.

En el comienzo de esta porción de la Torá, encontramos que los hijos de Israel son perseguidos por los egipcios, ellos no tienen otra alternativa que tirarse al mar y esperar misericordia. Las reacciones del pueblo son naturales y esperadas: miedo, desunión, demostraciones masivas, plegarias histéricas – todas ellas agravando una condición inevitable y empeorando la situación.

"El Faraón se acerca; los hijos de Israel levantan sus ojos y he aquí, los egipcios viajan tras de ellos, y ellos están atemorizados. Los hijos de Israel claman a Dios" (Éxodo 14:10).

El Midrash (1) nos cuenta que el pueblo judío estaba dividido en cuatro campamentos. Algunos decían, "Arrojémonos al mar" otros decían, "Permítenos retornar a Egipto", un tercer grupo argumentaba, "Permítenos enfrentar a los egipcios". Finalmente, un cuarto grupo, dijo "Permítenos rezar a Dios".

Esta, de hecho, era una ocasión para que el líder se probara a si mismo. Él debía hacer esto reafirmando la confianza de su gente y controlando sus miedos. Él tenía que inyectar un espíritu de unidad y cooperación entre los diferentes grupos que estaban posicionados unos en contra de otros, (y que ponían en peligro la vida de las personas tanto como la persecución de los egipcios). Mas aún, él también tenía que probarse a si mismo, analizando la situación cuidadosamente y demostrando un acercamiento realista al problema que enfrentaba a su gente.

Vamos a ver como reaccionó Moisés frente a estos problemas. Incluso en el medio del terror, en el medio de la desilusión y en el medio de los gritos de su pueblo (2):

"Ellos le decían a Moisés, '¿Acaso no habían tumbas en Egipto que nos trajiste a morir en el desierto?".

A pesar de todo esto las palabras de Moisés fueron, (3) palabras de compasión y de fuerza.

"Moisés le dijo a su pueblo, ‘No teman. Párense firme y vean la salvación de Dios'".

Moisés les dice que se alejen del miedo, que ganen seguridad y que se unifiquen. Él les dice: "Párense juntos como uno, únanse en sus esfuerzos para sobrevivir y prevalecer". Y con estas palabras, Moisés inyectó el elemento de confianza y unión, tan esencial en momentos de estrés nacional.

Externamente, él fue determinado, fuerte y valiente. Pero para si, Moisés se refugió en sus propios pensamientos y analizó brillantemente la naturaleza de los problemas y la gravedad de la situación en la que su pueblo se encontraba. Los Rabinos en el Midrash (4) pintaron una hermosa escena de Moisés en ese momento.

El se cubrió a si mismo con su abrigo; se sentó solo, alejado del ruido y del tumulto de las masas; y comenzó a preguntarse, "¿Qué le pasaría a la gente si yo los devolviera a Egipto?".

Seguramente el Faraón y los egipcios no han experimentado un cambio de corazón. Ellos son los mismos; su odio y su crueldad no han cambiado. Y Moisés prosiguió, dedicadamente y metódicamente, para delinear las otras opciones.

Si yo los dirijo por la ruta sur, nos encontraremos con el ídolo de Baal Tzafón, el único ídolo que quedó;

Si yo los dirijo por el norte hay una barrera, construida por los egipcios y seguramente bloquearía nuestra entrada;

Si yo los dirijo al este, el mar los atraparía.

Aquí vemos la grandeza de un líder; aquí vemos la lucidez y la astucia de un gran líder. La situación es suficientemente seria. Todos los caminos físicos están bloqueados. Pero hay un camino abierto – el del sur. ¿Y qué más que el bienestar físico de la gente podría considerar el líder en este momento? ¿En que otra cosa debería pensar aparte de salvar sus vidas de la muerte física inminente y deliberada? Pero el gran y genuino líder también tiene otras consideraciones.

Él sabía que la liberación física, sin servicio a Dios, no tiene ningún sentido. Y solo, envuelto en sus pensamientos, absorbido por sus cálculos, con el destino de todo Israel sobre sus hombros, y sabiendo que el camino hacia el sur sería el camino aceptable y popular para las masas, él todavía temía: Si los llevo por la ruta sur, está el ídolo de Baal Tzafón.

Él estaba determinado a ver más allá de la redención nacional de su pueblo, sin sacrificar su idealismo religioso y sus principios.

El pensó: Puedo salvar sus vidas; sé que la opinión pública va a respaldar mi decisión, pero si los dirijo al sur, ellos entraran en contacto con el ídolo de Baal Tzafón y esto puede hacer peligrar su libertad religiosa y espiritual. Como un líder genuino, sabía que la redención nacional sin el elemento religioso no tenía ningún valor. ¡Su fe fue muy fuerte! Él estaba determinado a ver más allá de la redención nacional de su pueblo, sin sacrificar su idealismo religioso y sus principios.

Esta fue una prueba de liderazgo real: reconocer los miedos de la gente y hacerlos desaparecer; ver gente desunida y unirlos; examinar de manera realista y también de manera idealista los problemas de la gente, los peligros a corto plazo y los peligros a largo plazo. Estas son las características de un verdadero y genuino liderazgo.

Continuamos leyendo y llegamos al segundo episodio. ¡Llega la victoria de Dios! Los hijos de Israel son salvados. Ellos cruzan el mar a salvo y ven como se ahogan los egipcios en las aguas. Pero otra vez hay una reacción natural. La naturaleza de las personas después de la victoria, es perder de vista los ideales y comenzar una carrera frenética por adquisiciones materiales resultantes de la victoria.

Una vez más es la responsabilidad del líder dirigir a la gente después de la victoria, elevarlos al nivel idealista que tenían antes de perder la dirección. Nuevamente, ¡esta no es una tarea fácil para un líder! No es popular; las masas quieren disfrutar inmediatamente de los frutos de la victoria, más que pensar en un gran ideal. Las masas quieren celebrar su éxito más que hacer sacrificios necesarios por un bien mayor. Este conflicto nuevamente prueba la perseverancia y la devoción del líder hacia su gente y hacia su ideal.

Después de la inspiradora canción de Moisés y de los hijos de Israel leemos que (5): "Y Moisés hizo que Israel saliera del Mar Rojo y entrara en el desierto de Shur". Los rabinos en el Midrash estaban intrigados por la particular conjugación de la apalabra "vayisá" – la forma transitiva de la palabra que significa, literalmente, él causó que viajaran. Y nuestros clásicos comentaristas explican (6): Moisés los hizo entrar en contra de su voluntad.

El Midrash (7) nos cuenta que cuando el Faraón tomó a sus hombres y a sus carretas para perseguir a los israelitas, él adornó los caballos con piedras preciosas y diamantes. Cuando los egipcios se ahogaron, estas piedras fueron arrastradas por la corriente hasta la orilla.

El pueblo judío iba todos los días a recolectar estas piedras preciosas y no tenían ninguna intención de abandonar la orilla del mar. Era muy poco productivo abandonar estas piedras.

Después de la victoria, la gente se olvidó de la meta.

El líder de la gente estaba enfrentado un problema crítico. Después de la victoria, la gente se olvido de la meta del Sinai; se olvidaron de la promesa de revelar la presencia de Dios; se olvidaron de la canción que recientemente habían entonado (8): "Tú los traerás y los plantarás en el monte de Tú heredad, las fundaciones de Tú residencia, que Tú, Dios, has hecho". La gente de repente se olvidó de la Tierra de Israel; ellos se olvidaron de Jerusalem. Si no fuera por el liderazgo de Moisés, ellos se habrían quedado ahí recolectando piedras preciosas indefinidamente. Pero hay líderes que no olvidan Jerusalem; hay líderes que nunca pierden de vista el Sinai, la Tierra de Israel y Jerusalem.

Moisés se dio cuenta del peligro de quedarse en la orilla del mar.

"Y les dijo: ¿Ustedes creen que cada día van a juntar más piedras y van a tener más bienes? ¿Cómo pueden, debido a unas piedras y diamantes temporales, perder de vista el gran ideal por el cual cantaron tan gloriosamente?".

La Torá nos dice (9): "Y Moisés causó que Israel viajara". Moisés los hizo viajar en contra de su voluntad, en contra de la corriente popular. Los condujo desde el mar en dirección al Sinai y en dirección a la tierra de Jerusalem. Y este también es un aspecto de genuino liderazgo judío: nunca perder de vista el ideal y tener la habilidad y la perseverancia de conducir a la gente hacia ese ideal.

Inmediatamente después, la Torá relata otro episodio que demuestra el liderazgo de Moisés. Los israelitas entraron al desierto de Shur; ellos viajaron por un periodo de tres días (10) "Y ellos (los hijos de Israel) no encontraron agua". El Midrash Mejilta (11) nos dice que algunos de nuestros sabios entienden que esto significa, literalmente, que no tenían agua. Después el Midrash cita otra opinión:

Otros sabios, los alegoristas, dicen: ellos no encontraron palabras de Torá, que son comparadas con el agua.

En cualquiera de los casos, la gente expresó su descontento. La Torá nos dice (12): "Y la gente murmuraba en contra de Moisés" de nuevo el Midrash Mejilta clarifica:

Rab Yehoshua dice: los israelitas primero debieron haber consultado a los sabios de entre ellos, diciendo: "¿Qué beberemos?", pero en cambio, ellos se quejaron directamente ante Moisés. Y mientras avanzamos en la Parashá, de nuevo vemos a los israelitas hablando en contra de Moisés. Tan pronto como aparecía una dificultad, probaban la paciencia de Moisés con sus quejas y murmullos. Pero como el gran líder que era, Moisés se tragó las quejas y continuo dirigiendo a la gente.

En un breve período de tiempo, Moisés había definido el liderazgo. Él:

  • Calmó los miedos de las personas frente a las amenazas externas.
  • Unificó a la gente cuando estaban apunto de comenzar peleas internas.
  • Preservó el propósito y el carácter nacional (a pesar de que no era una acción popular)
  • No tomó en cuenta los murmullos y las quejas y se mantuvo firme.
Estas son las cualidades reales de un líder genuino. Nuestra mayor preocupación hoy en día debería ser entrenar este tipo de líderes idealistas para nuestro pueblo.

Extraído con el permiso de "Rejoice in Your Festivals: Penetrating Insights into Pesach, Shavuot and Sukkot", por Rab Zvi Dov Kanotopsky (Publicaciones Urim).

[1] Mejilta, Be-Shalaj, Mesejta de-Vayehi, Parashá 2.
[2] Éxodo 14:11.
[3] Ibid. 14:13.
[4] Yalkut Shimoni, Be-Shalaj, 233. [5] Éxodo 15:22.
[6] Ibid. Rashi.
[7] Yalkut Shimoni, Be-Shalaj 254.
[8] Éxodo 15:17.
[9] Éxodo 15:22.
[10] Ibid.
[11] Mejilta de-Rab Yishmael, Be-Shalaj, Mesejta Va-Yasah, Parashá 2
. [12] Éxodo 15:24.