Una encuesta del 2018 reveló que el 62% de los judíos sienten que ser judíos es simplemente un accidente de nacimiento. Para muchos, el judaísmo no es el lugar en el que se pueden buscar respuestas para las grandes preguntas de la vida.

Y es una pena, porque el judaísmo está repleto de sabiduría e ideas para llevar una vida significativa y feliz. Pero demasiados judíos, yo incluida, dieron por terminada su educación judía cuando eran niños y nunca examinaron la profundidad del judaísmo con ojos adultos.

He aquí cinco señales de que puede haber llegado el momento de refrescar tu perspectiva del judaísmo con una mirada adulta.

1. Piensas que el judaísmo se trata sólo de la culpa

El judaísmo tiene mala fama cuando se trata de la culpa. Muchos judíos piensan que nuestra religión es una larga lista de culpas, repleta de mortificaciones y sentimientos de culpa. Quizás debido a que Iom Kipur es una de las festividades que más judíos observan, erróneamente pensamos que el judaísmo se centra principalmente en la culpa y los errores.

A diferencia de algunas religiones que consideran que la persona de forma innata es pecadora y malvada, la Torá explica que cada uno es creado betzelem Elokim, a imagen Divina (Génesis 1:26). Cada uno tiene un alma pura que refleja nuestro origen celestial. Nuestra esencia es buena. De nosotros depende qué hacemos con esa chispa divina. Pero el judaísmo nos brinda infinitas oportunidades para crecer, desarrollar y reforzar nuestra conexión con Dios. La Torá es nuestro manual, nos da tareas y pautas que nos permiten ir más allá de nosotros mismos, refinarnos y conectarnos con Dios.

Cuando cometemos errores (lo que sin duda ocurrirá) en vez de guardar sentimientos de culpa, el judaísmo nos alienta a detenernos, analizar y entender cómo podemos actuar mejor. Como dijo el Rey Salomón: “Siete veces cae el recto y se levanta” (Proverbios 24:16). Reconoce el error, vuelve al camino y sigue adelante.

2. Sientes que el judaísmo no te habla de forma personal

Una amiga me dijo que sus sentimientos más fuertes sobre ser judía surgen del Holocausto y del orgullo por el moderno estado de Israel. Ambos son temas de crucial importancia para la identidad de los judíos modernos, pero yo le pregunté: “¿Te sientes conectada de forma personal con el judaísmo? ¿Ser judía afecta tu vida cotidiana? ¿Tu relación con Dios?”.

Como respuesta, me miró confundida.

El judaísmo está repleto de mitzvot significativas que tienen la fuerza de transformarnos, de convertirnos en seres más espirituales. Cada vez que disfrutamos una deliciosa cena de Shabat, no sólo ocupamos nuestro lugar en una cadena de incontables generaciones de judíos que han hecho lo mismo, sino que profundizamos nuestra conexión con lo Divino. Cuando damos tzedaká, cuando efectuamos un acto de bondad, cuando celebramos las festividades judías o ponemos en práctica las enseñanzas judías nos conectamos con verdades eternas y principios espirituales que surgen de una dimensión trascendente, infinita, que revela nuestro potencial interno y nos eleva a nosotros y al mundo.

Ser judíos no se limita a la historia judía; también es un vehículo para transformar nuestras almas.

3. Piensas que no hay modelos femeninos judíos

Crecí escuchando esto y me llevó años aprender que de hecho muchos de los modelos centrales del judaísmo son mujeres. En el momento más oscuro durante la esclavitud en Egipto, las mujeres fueron quienes mantuvieron al pueblo en movimiento, sin perder nunca las esperanzas de que habría días mejores y triunfaríamos. Ellas se negaron a rendirse ante el desaliento. Más tarde, cuando los judíos pecaron en el Monte Sinaí al construir un ídolo, las mujeres judías se mantuvieron firmes en su creencia en Dios y se negaron a tomar parte. En cada generación, las mujeres judías nos han sostenido, fortaleciendo el cuerpo judío y nutriendo al alma judía.

De hecho, nuestra tradición está repleta de mujeres que inspiraron y dieron forma a nuestra religión., Aprendemos cómo comportarnos con los huéspedes a partir de la hospitalidad de nuestra matriarca Sara, y aprendemos la manera en que rezamos de una mujer judía de la Torá llamada Janá. Cada Purim leemos la historia de la Reina Ester, quien salvó al pueblo judío. En Shavuot recordamos a Rut, el máximo modelo de elegir el judaísmo y aceptar la Torá. En Jánuca celebramos a dos heroínas judías, Iehudit y Janá, y cada año recordamos la victoria militar a la que ayudó Yael. Desde la antigüedad hasta el presente, las mujeres judías fueron una parte clave de nuestra historia, nutriéndonos, guiándonos e inspirándonos.

4. Crees que el judaísmo tiene poco que decir sobre los temas importantes de la vida

Al crecer, creía que el Talmud era arcaico e irrelevante. No estaba segura qué debía esperar cuando envié a mis hijos a la escuela judía y allí estudiaron Talmud. Bueno, no llevó mucho tiempo hasta que mi hijo decidió poner en práctica lo que estaba estudiando. Un día encontró en la acera un billete de $5, lo levantó y exclamó: “¡Yo sé lo que hay que hacer con esto!” Él había estudiado el capítulo talmúdico que habla de lo que se debe hacer al encontrar un objeto perdido y estuvo feliz de poner en práctica la ley judía. Él fue y preguntó a los vecinos si alguien había perdido dinero y no descansó hasta que encontró al verdadero dueño del billete.

El Talmud es una obra enciclopédica que habla de todos los temas que existen bajo el sol, compartiendo una sabiduría que no está limitada por un marco temporal, por ejemplo los derechos de propiedad, el ambientalismo, el tratamiento ético de los animales, llegar a un acuerdo en las disputas, tratar a la gente con respeto, el comportamiento en tiempos de paz y de conflicto y una cantidad innumerable de otros dilemas del mundo real.

Desde los antiguos pensamientos del Rey Salomón hasta los pensadores modernos, el judaísmo está repleto de un conocimiento que se refiere a miles de temas que enfrentamos cada día.

Pero sólo si hacemos el esfuerzo de estudiarlo.

5. Piensas que el judaísmo se lleva a cabo sólo en la sinagoga

Cuando era pequeña, casi todo lo que hacíamos que era judío tenía lugar en la sinagoga, desde rezar y comer alimentos kasher hasta socializar con otros judíos y aprender cosas sobre nuestra religión. Muy pocas de esas actividades tenían un lugar en nuestra vida regular y cotidiana. Sólo cuando comencé a aprender más sobre el judaísmo comprendí que durante miles de años el hogar judío fue el centro de la vida judía.

La primera vez que vi esto fue durante mi primera visita a Israel, cuando arreglé para comer el almuerzo de Shabat con una familia judía ortodoxa local. Al llegar a su hogar me sorprendí al encontrar a la madre sentada tranquilamente estudiando Torá hasta que llegaran sus huéspedes. Nunca antes había visto a alguien estudiar textos judíos fuera de una clase en la sinagoga. El almuerzo de Shabat fue relajado: pausado, con comida suntuosa, entonamos canciones de Shabat, discutimos sobre temas religiosos, escuchamos a los niños de la familia hablar sobre la porción semanal de la Torá y conversamos. Horas más tarde, cuando el almuerzo finalmente había terminado, supe que esa era la clase de hogar que yo deseaba construir: un lugar en donde se celebrara el Shabat y las festividades judías, un lugar donde los huéspedes se sintieran bienvenidos y donde los valores judaicos impregnaran hasta el aire.

En hebreo nos referimos a un hogar judío como un mikdash meat, un Templo en miniatura que cada uno puede crear. Es un lugar en donde impartimos los valores judíos a la próxima generación, donde enseñamos y aprendemos, y donde observamos con orgullo que el judaísmo está vivo y activo.