Las noticias del domingo enviaron ondas de shock por todo Israel y el mundo judío:

 

 

Asaf Ramon falleció en un ejercicio de entrenamiento de la fuerza aérea.

En este pequeño país en donde cada tragedia golpea en un lugar cerca de casa, esto fue particularmente impactante.

La historia de la familia Ramon fue la versión israelí de Cenicienta.

Fue el padre de Asaf, Ilan Ramon, quien electrificó a Israel convirtiéndose en su primer astronauta – y quien falleció trágicamente en el desastre del trasbordador espacial Columbia en el año 2003.

Fue el padre de Asaf quien llevó los valores judíos a un nivel fuera de este mundo al recitar Kidush mientras orbitaba la tierra y comer comida casher en el espacio exterior.

Fue el padre de Asaf – hijo de sobrevivientes del Holocausto – quien defendió nuestro país con un audaz golpe al reactor nuclear de Irak en 1982, declarando que “si puedo prevenir un segundo Holocausto, estoy dispuesto a sacrificar mi vida”.

Así que cuando Asaf Ramon escogió la peligrosa – pero privilegiada – carrera de piloto en la Fuerza Aérea Israelí, una nación deseosa de redención observó expectante al hijo llenando el vacío de su padre.

El año pasado observamos con asombro como Asaf piloteó un jet de combate cuyos motores se habían detenido.

Y luego en mayo, sentimos admiración cuando Asaf Ramon se graduó como alumno destacado de su clase de cadetes.

El legado de Ilan Ramon había sido resucitado. El vacío había sido llenado.

Así que cuando esta semana llegaron las noticias del trágico accidente de Asaf en las Colinas de Hebrón, nuestra nación se vio sumergida en un doble dolor. Dolor por la pérdida de esta brillante y joven estrella, y dolor por la pérdida – una vez más – de la mágica historia de la familia Ramon.

Mensaje de Rosh Hashaná

Cuando consolamos a personas de duelo, las palabras judías tradicionales de consuelo son: “Que Dios(Hamakom) te consuele entre los dolientes de Zión y Jerusalem”. Aquí, la referencia en hebreo a Dios es una palabra de uso común, Hamakom – significa literalmente, El Lugar. El mensaje es que cuando una persona muere, es tarea nuestra identificar su contribución única – su “lugar” en el Gran Plan Eterno. Y entonces, mientras más nos esforcemos por llenar ese lugar, más consuelo nos enviará Dios a nosotros.

El “lugar” de Ilan Ramon fue: “ser el embajador de Israel para el mundo”.

El “lugar” de Asaf Ramon fue: “restaurar el legado de un pequeño país que se defiende a si mismo, mientras intenta llegar más allá de las estrellas”.

En hebreo, la palabra “Asaf” significa “reunir”. Recoger los pedazos dispersos y reunirlos para formar un nuevo y bello todo.

Cuando hablé con Ilan Ramon poco antes de su viaje en el trasbordador espacial Columbia, él enfatizó la necesidad de que el pueblo de Israel se reúna en torno a un propósito común.

En Rosh Hashaná, a cada uno de nosotros se le pegunta si está preparado para utilizar el año que viene en su máximo potencial. ¿Convertiremos nuestro potencial en una realidad?

Este año, debemos redoblar nuestro compromiso para llenar el doloroso vacío que la muerte de Asaf Ramon ha dejado – para unirnos en alcanzar nuestra misión nacional, y ser realmente una luz entre nosotros, y para las naciones.