Algunos de los alimentos más comunes y corrientes que damos por obvios, no siempre fueron tan fáciles de conseguir. En muchos casos, fueron mercaderes o comerciantes judíos quienes introdujeron ingredientes básicos a nuevos mercados. Por ejemplo, las alcachofas (alcauciles). Durante años, los italianos llamaron a esta verdura “alimento judío", porque los judíos la introdujeron a la región. En España, los judíos introdujeron la berenjena. La verdura estaba tan asociada con los judíos que durante la Inquisición Española, comer berenjena incluso era motivo para acusar a alguien de ser un judío oculto.

Aquí hay otros seis alimentos comunes que fueron difundidos por judíos.

Plantar naranjas en Europa

Sorprendentemente, la festividad judía de Sucot ayudó a popularizar las naranjas en Europa. Debido a que los judíos usan etroguim para celebrar Sucot, los judíos en el sur de Europa eran expertos en cuidar arboles cítricos y árboles frutales. (De hecho, en el caótico periodo posterior a la caída del Imperio Romano, parece que los judíos fueron el único pueblo que continuó cultivando árboles cítricos en Europa). Cuando los mercaderes árabes comenzaron a traer las primeras naranjas desde India a Europa en la Edad Media, los judíos que cultivaban cítricos agregaron la nueva fruta a sus plantaciones.

Rápidamente las naranjas se convirtieron en la comida judía sefaradí por excelencia, utilizada en pasteles, platillos de carne y ensaladas. El escritor de historia culinaria Gil Marks afirma: “No es coincidencia que los centros de cultivo de cítricos de la época medieval correspondan directamente con los centros de población judía” (citado en “Encyclopedia of Jewish Food” por Gil Marks, John Wiley & Sons: 2010). Los mercaderes judíos llevaban naranjas, etroguim y otras frutas cítricas a las comunidades judías del norte de Europa, en donde eran un manjar codiciado. En algunas comunidades de judíos ashkenazim, una naranja era un regalo popular de Janucá. Posteriormente, los judíos sefaradim introdujeron el cultivo de naranjas en Sudamérica y el Caribe.

En tiempos más recientes, los vendedores ambulantes judíos introdujeron las naranjas a mercados masivos en Europa occidental. En un libro sobre los pobres de Londres publicado en 1851, Henry Mayhew afirma que “el comercio (de naranja) estaba, hace no muchos años, casi completamente limitado a los niños judíos que se mantenían alejados de los niños vagabundos de las calles” (“London Labour and the London Poor” por Henry Mayhew, 1861).

Los vendedores judíos vendían naranjas de canastas o puestos en calles concurridas y luego ampliaron al mercado a las ventas por mayor y las importaciones, asegurando que las naranjas estuvieran disponibles en Europa y más allá.

La fórmula secreta para la vainilla

La vainilla es oriunda de la costa este de México y durante años los indígenas Totonacas y Aztecas la cultivaron y cocinaron con las fragantes flores de vainilla. La vainilla sólo desarrolla su delicioso sabor después de semanas de intenso procesamiento. Los indígenas americanos desarrollaron técnicas secretas para cocinar la vainilla y se rehusaron a compartir su conocimiento con los conquistadores europeos. Pero sí les contaron su secreto a algunos mercaderes e intérpretes judíos.

Tanto los judíos sefaradim como los “conversos” secretos que mantenían su identidad y practicas judías ocultas de los inquisidores españoles y portugueses, solían actuar como traductores en los siglos XVI y XVII. Los judíos en el Nuevo Mundo frecuentemente hablaban holandés, español e inglés y también aprendieron algunos idiomas indígenas, por lo que había mucha demanda entre los mercaderes. Algunos de estos interpretes judíos se ganaron la confianza de los indígenas nativos.

Los primeros no nativos en fabricar vainilla fueron David y Rafael Mercado, hermanos judíos que se asentaron en lo que hoy es la Guyana Francesa y construyeron allí una planta de procesamiento. Las autoridades holandesas locales les prohibieron producir azúcar, entonces los hermanos Mercado cambiaron a la vainilla. La vainilla es extremadamente difícil de cultivar, pero los Mercado (y pronto otros productores judíos) desarrollaron métodos para hacer que la vainilla fuera viable comercialmente.

Los judíos sefaraditas comenzaron a exportar vainilla a las comunidades judías en Europa. Los judíos ashkenazim también entraron en el mercado de la vainilla y durante años la industria de la vainilla estuvo asociada con productores judíos, quienes nunca revelaron el secreto de la producción de vainilla. Sólo a mediados del siglo XVIII los mercaderes franceses pudieron contrabandear plantas de vainilla fuera de México a la colonia francesa tropical de Tahití y les llevó años llegar a cultivarla allí. Eventualmente disminuyó el dominio judío de la industria de la vainilla, a medida que esta se esparció y los avances científicos en Europa permitieron procesar la vainilla más fácilmente (para mayor información, ver “Encyclopedia of Jewish Food” por Gil Marks, John Wiley & Sons: 2010).

Un médico judío prescribía tomates

Los tomates son una fruta del Nuevo Mundo que los conquistadores españoles llevaron a Europa en el siglo XVI. Aunque los tomates rápidamente se volvieron populares en el Imperio Otomano y fueron aceptados por los cocineros del Medio Oriente, incluyendo a los judíos, llevó generaciones hasta que comenzaron a consumirlos en Europa occidental.

Los tomates eran una planta popular para cultivar, pero sólo con propósitos ornamentales porque consideraban que era peligroso comerlos. Muchos europeos pensaban que los tomates eran venenosos, en parte porque pertenecen a la familia de la belladona, la cual contiene plantas venenosas y también porque usaban platos de peltre, que reaccionaban negativamente con la acidez de los tomates, causando sabores desagradables y enfermando a algunos comensales.

Una de las primeras personas del occidente en reconocer el alto valor nutricional de los tomates fue el Dr. John de Sequeyra, un médico judío que vivía en Williamsburg, Virginia, en el siglo XVIII. Él atendió al padre de Thomas Jefferson y tuvo algunas ideas progresivas. El Dr. De Sequeyra creía que los tomates estaban repletos de vitaminas y aconsejaba comer un tomate cada día. El Dr. De Sequeyra influyó en la familia Jefferson y Thomas Jefferson aceptó el consejo del Dr. De Sequeyra. Un día, Thomas Jefferson anunció que comería un tomate en público. Se congregó una multitud a su alrededor, esperando que aparecieran los síntomas de enfermedad. Pero no hubo ningún síntoma y los tomates comenzaron a ser aceptados en Virginia y en otros lugares. (“Notas on an Early Virginia Physician: Dr. John de Sequeyra: The Portuguese-Jewish Physician of Colonial Williamsburg” por Robert Shosteck, American Jewish Archives: 1971).

El café llega a occidente

En la Edad Media, los granos de café, originarios de Etiopía, se utilizaban para preparar bebidas en Yemen. De allí, la costumbre de tomar café viajó al norte, haciéndose popular por todo el Medio Oriente. Años después, los judíos estaban a la vanguardia al llevar el café a Europa occidental, donde le presentaron esta deliciosa bebida a los consumidores europeos y construyeron cafeterías en donde lo podían probar y disfrutar.

Los judíos de la ciudad italiana de Livorno abrieron las primeras cafeterías en Europa en 1632. Fueron un gran éxito y pronto otros judíos, turcos y armenios, abrieron cafeterías en Holanda y Francia, alentando a la primera generación de bebedores de café en esos países. La primera cafetería en Inglaterra la abrió un empresario conocido como “Jacob el judío”, quien abrió el “Angel Inn” en Oxford en 1650. Cuatro años después, otro judío llamado Cirques Jobson abrió la segunda cafetería de Inglaterra.

Chocolates franceses

El chocolate se hace de granos de cacao, originarios de México. Los exploradores europeos encontraron el xocalatl, una bebida amarga hecha de granos de cacao que era popular entre los Aztecas. En el siglo XVII, los colonizadores europeos compitieron para producir y exportar granos de cacao y productos hechos con ellos desde México. Muchos de estos primeros mercaderes eran judíos sefaradíes.

La primera fábrica de producción comercial de cacao del mundo fue fundada a finales del siglo XVII por Benjamín d’Acosta de Andrade, un judío secreto de Portugal. Cuan Benjamín fue expulsado de una colonia francesa en el Caribe, se mudó a la isla de Curaçao, controlada por Holanda, en donde los judíos podían vivir abiertamente, y comenzó a producir cacao. Muchos de sus clientes parecen haber sido judíos europeos, quienes desarrollaron un gusto por los primeros productos de chocolate.

El centro de la producción de chocolate en Europa en el siglo XVII era el gueto judío de Bayona, Francia. Los judíos habían llegado a Bayona desde Portugal tras el establecimiento de la Inquisición Portuguesa en 1536. Se llevaron con ellos sus lazos de negocios con mercaderes en las Américas, y por un tiempo, Bayona fue uno de los comerciantes más prolíficos con las Indias Occidentales, importando chocolate y otros productos a Francia.

Los judíos en Bayona experimentaron con técnicas de cocción, mezclando granos amargos de cacao con azúcar, crema, vainilla y otros ingredientes para crear deliciosos y dulces chocolates. Ellos construyeron la primera fábrica de chocolates de Europa y pronto Bayona se convirtió en el centro de la nueva locura por el chocolate que se extendió por Francia. Los no judíos cerca de Bayona también empezaron a producir chocolates y los productores cristianos presionaron al gobierno francés para que impidiera a los judíos vender chocolate y competir con sus colegas franceses. En 1691, el gobierno francés prohibió a los judíos de Bayona vender chocolates a los cristianos.

En el 2013, las autoridades francesas reconocieron formalmente y le agradecieron a la comunidad judía de Bayona por traer el chocolate a Francia hace 500 años. “Ya que somos los herederos del savoir faire de los judíos, era nuestro deber agradecerles, pero también restaurar una verdad histórica: después de que ellos introdujeran el chocolate a Francia, la judería de Bayona fue gradualmente expulsada de la industria del chocolate en el siglo XVII por las mismas personas que aprendieron todo de ellos”, explicó Jean-Michel Barate, el entonces director de la Academia de Chocolate de Bayona.

Inventar el “kiwi”

En 1955, Frieda Caplan empezó a trabajar en el negocio de su esposo, vendiendo frutas y verduras al por mayor en Los Ángeles, porque el horario de trabajo era flexible y le permitía estar con sus hijos pequeños. Hija de refugiados judíos de Rusia, ella era parte de una familia judía muy unida. Otros vendedores mayoristas de Los Ángeles consideraban a Frieda una curiosidad y cuando llegaba al mercado un producto desconocido, se lo enviaban a Frieda. En 1962, ella empezó su propia compañía, Produce Specialties, Inc., enfocándose en importar y distribuir frutas y verduras que eran poco conocidas en los Estados Unidos.

Frieda Caplan

Uno de sus primeros clientes fue un comprador en Salt Lake City que acababa de regresar de Nueva Zelanda, donde había probado una fruta deliciosa llamada “Baya China”. El producto no estaba disponible en los Estados Unidos. ¿Acaso Freida Caplan podía importar algunas para él? Frieda ordenó un envío, pero no pensó que algo llamado "baya china" se vendería en los Estados Unidos. Dado que las frutas eran cultivadas en Nueva Zelanda, ella renombró la fruta como kiwi. Frieda estima que llevó unos 18 años hasta que los kiwis se volvieron populares en los Estados Unidos, pero en 1986 ya vendía 450 mil kilos de kiwi cada año.

Los kiwis no son la única fruta introducida y popularizada en los Estados Unidos por Frieda Caplan. Ella también introdujo al mercado norteamericano la sandía sin semillas, la calabaza espagueti, los chiles habaneros, los guisantes dulces, la jícama y las uvas “champaña” (a las que Frieda les puso este nombre, antes se llamaban Corinto). Estas frutas y verduras populares que antes no estaban disponibles o sólo se vendían en tiendas étnicas específicas, ahora son muy populares y están disponibles gracias a Frieda Caplan y sus años de innovación en la importación y venta de frutas y verduras.