Recientemente me pidieron que escribiera la introducción para una publicación elaborada por la fundación “Adam Science” para conmemorar el vigésimo aniversario de su programa de liderazgo. Nombrada en honor al fallecido Adam Science —quien murió trágicamente en 1991 a los 27 años de edad— el programa ha preparado exitosamente líderes (tanto profesionales como no profesionales) dentro de la judería inglesa; líderes capaces de enfrentar tanto los nuevos como los viejos desafíos de esta nueva era.

La frase "liderazgo judío" es ambigua. Significa liderazgo por judíos, pero también significa de forma judía, es decir, de acuerdo a principios y valores judíos.

Lo primero es más común, es algo que vemos todo el tiempo, pero lo segundo es más inusual. En mi vida tuve el privilegio de conocer ambas, por lo que a modo de agradecimiento, establecí siete axiomas básicos de un liderazgo hecho a la manera judía.

Principio 1: El liderazgo comienza tomando responsabilidad.

Compara la apertura del libro de Génesis con la del libro de Éxodo. Los capítulos de apertura del libro de Génesis hablan sobre la falta de responsabilidad. Al ser confrontados por Dios por su pecado, Adam culpó a Eva y Eva culpó a la serpiente. Caín dijo: "¿Acaso soy el cuidador de mi hermano?". E incluso Noé, "recto, perfecto en su generación", no logró influenciar a sus contemporáneos.

En contraste, Moshé sí tomó responsabilidad al comienzo del libro de Éxodo. Él intervino cuando vio a un egipcio golpeando a un israelita. Intervino cuando vio a dos israelitas peleando. E intervino en Midián cuando vio a un grupo de pastores abusando de las hijas de Itró.

Moshé, un israelita que había sido criado como egipcio, pudo haber evitado cada una de esas confrontaciones, pero no lo hizo. Es el ejemplo supremo de quien dice: cuando vea algo que esté mal, si nadie más está preparado para actuar, yo lo haré.

En el corazón del judaísmo existen tres creencias básicas sobre el liderazgo: Somos libres. Somos responsables. Juntos podemos cambiar el mundo.

Principio 2: Nadie puede liderar solo.

En Génesis 1 vemos siete veces la palabra "tov" (bueno). Por otro lado, la frase "lo tov" (no es bueno) aparece sólo dos veces en toda la Torá; la primera es cuando Dios dice: "No es bueno que el hombre esté solo", y la segunda es cuando Itró ve a Moshé liderar solo y dice: "No es bueno lo que haces". No podemos vivir solos. No podemos liderar solos. El liderazgo es un trabajo en equipo.

Un corolario de esto es que no hay un solo estilo de liderazgo en el judaísmo. Durante los años que el pueblo viajó por el desierto hubo tres líderes: Moshé, Miriam y Aharón. Moshé estaba cerca de Dios, Aharón del pueblo y Miriam lideró a las mujeres y sustentó a sus dos hermanos. Los sabios dicen que gracias a su mérito hubo agua para beber en el desierto.

Durante la era bíblica hubo tres diferentes roles de liderazgo: reyes, sacerdotes y profetas. El rey era un líder político. El sacerdote era un líder religioso. El profeta era un visionario, un hombre o una mujer con ideales e ideas. En el judaísmo, el liderazgo es un producto de la unión de múltiples roles y perspectivas; una sola persona no puede liderar al pueblo judío.

Principio 3: El liderazgo es sobre el futuro.

Antes de que Moshé pudiera liderar, tuvo que tener una visión en la zarza ardiente. Allí le comunicaron su tarea: conducir al pueblo judío de la esclavitud hacia la libertad. Él tenía un destino: la tierra que mana leche y miel. Recibió un desafío doble: persuadir a los egipcios para que dejasen ir a los israelitas y persuadir a los israelitas para que asumieran el riesgo de salir. Lo último resultó ser más difícil que lo primero.

En el camino, Moshé realizo milagros y prodigios.

Sin embargo, su acto más grande de liderazgo tuvo lugar en su último mes de vida. Reunió al pueblo en la ribera del río Jordán y les dio los discursos que constituyen el libro de Deuteronomio. Allí se elevó a las más grandes alturas de la profecía, y miró hacia el más lejano horizonte del futuro. Le habló al pueblo sobre los desafíos que enfrentarían en la Tierra Prometida, les dio leyes y les expuso cuál era su visión de una buena sociedad.

Instituyó principios, como la asamblea nacional cada siete años en la cual se recitaba la Torá, para recordarle periódicamente su misión al pueblo de Israel.

Antes de liderar, debes tener una visión de futuro y debes ser capaz de comunicársela a los demás.

Principio 4: Los líderes estudian.

Los líderes estudian más que los demás. Leen más que los demás. La Torá dice que un rey debe escribir su propio Séfer Torá, el cual "siempre debe estar con él, y leerá de él todos los días de su vida" (Deuteronomio 17:19). A Yehoshua, el sucesor de Moshé, le ordenaron: "Mantén este Libro de Ley siempre en tus labios; medita sobre él día y noche" (Yehoshua 1:8).

Sin estudio constante, el liderazgo carece de dirección y profundidad.

Esto es cierto incluso sobre el liderazgo secular. William Gladstone (ex Primer Ministro Británico) tenía una librería de más de 30.000 libros; leyó más de 20.000 de ellos. Gladstone y Benjamín Disraeli (ex Primer Ministro Británico) eran ambos escritores prolíficos. Winston Churchill escribió unos 50 libros y ganó el Premio Nobel de Literatura.

Si visitas la casa de David Ben Gurión en Tel Aviv verás que es esencialmente una librería de 20.000 libros. El estudio hace la diferencia entre un hombre respetado y un político, entre un líder transformador y un administrador.

Principio 5: Liderazgo significa creer en la gente que lideras.

Nuestros sabios dan una interpretación destacable del pasaje en el que Moshé dice sobre los israelitas: "No creerán en mí". Dios le dijo a Moshé: "Son creyentes hijos de de creyentes, pero al final tú no creerás". También dijeron que la señal que Dios le dio a Moshé cuando su mano se volvió leprosa (Éxodo 4:6) fue un castigo por dudar del pueblo de Israel. Un líder debe tener fe en el pueblo que lidera.

Aquí vemos un profundo principio. El judaísmo prefiere el liderazgo de influencia que el liderazgo de poder. Los reyes tenían poder; los profetas eran influyentes, pero no tenían nada de poder. El poder eleva al líder por sobre el pueblo.

La influencia eleva al pueblo por sobre sí mismos.

La influencia respeta al pueblo; el poder lo controla.

El judaísmo, que valora la dignidad humana mucho más que cualquier otra religión, es profundamente escéptico sobre el poder y profundamente serio sobre la influencia. Consecuentemente, uno de los conceptos más importantes en el judaísmo sobre liderazgo es que la forma más elevada de liderar en enseñar.

El poder engendra seguidores.

Enseñar crea líderes.

Principio 6: El liderazgo involucra un sentido de tiempo y espacio.

Cuando Moshé le pidió a Dios que eligiese a su sucesor, dijo: "Que Hashem, Dios que insufla aliento de vida en toda carne, nombre a un hombre sobre la asamblea, que salga al frente de ellos y que entre al frente de ellos, que los saque y los traiga" (Números 27:16:17).

¿Cuál es la razón de la aparente repetición? Moshé estaba diciendo dos cosas sobre liderazgo. Un líder debe liderar desde el frente: debe "salir al frente de ellos". Pero un líder no debe estar tan lejos al frente que, cuando se de vuelta, no encuentre a nadie que lo esté siguiendo. Debe "salir al frente de ellos", es decir, debe llevar a la gente con él. Debe ir a un ritmo que los demás puedan seguir.

Una de las frustraciones más profundas de Moshé, la cual podemos ver a lo largo de toda la narrativa bíblica, es el enorme tiempo que le lleva a la gente cambiar. Al final, hará falta una nueva generación y un nuevo líder para llevar al pueblo a través del río Jordán hacia la tierra prometida. De aquí viene el gran dicho de nuestros sabios: "No depende de ti completar la tarea, pero tampoco tienes la libertad para abandonarla".

El liderazgo involucra un balance delicado entre impaciencia y paciencia. Si vas demasiado rápido, la gente se resistirá y se rebelará. Pero si vas demasiado lento, se volverán complacientes.

La transformación toma tiempo; a menudo, toma más que una sola generación.

Principio 7: El liderazgo es estresante y exigente emocionalmente.

Escucha a Moshé, el mayor líder que tuvo el pueblo judío: "¿Acaso yo concebí a todo este pueblo? ¿Acaso yo lo engendré? ¿Por qué me dices que los cargue en mis brazos, como una enfermera carga a un infante, hacia la tierra que juraste a sus ancestros?... Yo solo no puedo cargar a todo este pueblo, pues la carga es demasiado grande para mí. Y si es así como me vas a tratar, te ruego que me des muerte —si he de encontrar favor ante tus ojos— para que no vea mi propio mal" (Números 11:11-15).

Sentimientos similares pueden ser encontrados en las palabras de Eliahu, Irmiyahu y Iona. Todos, en algún momento, pidieron morir en lugar de continuar. Los líderes transformadores ven la necesidad de que el pueblo cambie, pero el pueblo se resiste a cambiar y espera que el trabajo sea hecho por su líder.

La vida responsable es la mejor vida posible, es una vida que vale todo el dolor y la frustración.

Cuando el líder les presenta el desafío de vuelta, el pueblo se dirige a él y lo culpa por sus problemas. Culparon a Moshé por las dificultades del desierto, a Eliahu por disturbar la paz y a Irmiyahu por los babilonios. No es ninguna sorpresa que la mayoría de los líderes transformadores sientan, en ocasiones, desgaste y desesperanza.

Entonces, ¿por qué lideran? No es porque crean en ellos mismos; los líderes judíos más grandiosos dudaron de su habilidad para liderar. Moshé dijo: "¿Quién soy yo?", "No creerán en mí", "No soy un hombre de palabras". Yeshayahu dijo: "Soy un hombre de labios sucios". Irmiyahu dijo: "No puedo hablar, porque soy un niño". Iona, al enfrentarse con el desafío de liderar, huyó.

Los líderes lideran porque hay trabajo que hacer, hay gente necesitada, hay injusticia contra la cual luchar, hay errores que enmendar, hay problemas que resolver y desafíos por delante. Los líderes ven eso como un llamado a encender una luz en lugar de maldecir la oscuridad. Lideran porque saben que quedarse sentados y esperar a que los demás hagan el trabajo es la opción fácil. La vida responsable es la mejor vida posible, es una vida que vale todo el dolor y la frustración. Liderar es servir; el elogio más elevado que recibió Moshé fue ser llamado "éved Hashem" —sirviente de Dios— y no hay ningún honor más elevado que ese