El domingo 10 de enero de 2010, el filántropo mexicano Moisés Saba Masri z"l, falleció junto a tres miembros de su familia cuando el helicóptero en el que viajaban se desplomó en Ciudad de México.

 En el accidente perdieron la vida Moisés Saba Masri z"l (47 años), su mujer Adela Tuachi de Saba z"l, su hijo Alberto Saba Tuachi z"l, su nuera Judith Cattan de Saba z"l y el piloto del helicóptero.

Moisés Saba z"l era uno de los principales donantes de las instituciones de Torá en Eretz Israel y en todo el mundo. Él era especialmente cercano a Rav Ovadia Yosef Shlita y a su familia.

 Su hijo Alberto z"l estudiaba en la Yeshivá Kol Torá en Jerusalem. Su nuera aún no cumplía 20 años de edad y dejaron atrás un bebé de 6 meses de edad.

 A continuación unas palabras de su madre, Sra. Vicky Saba:

En estos momentos, cuando el dolor es tan intenso y el sufrimiento tan agudo; cuando las palabras de consuelo no alcanzan y las lágrimas no dejan de correr; quisiera transmitirles un mensaje.

Las expresiones de cariño de todos ustedes me han mostrado que mi tragedia y la de mi familia no es una tragedia personal, es la tragedia de todos. Y por eso, antes de que los corazones se vuelvan a cerrar y endurecer quiero aprovechar para expresar mi sentir.

¡Esta es una gran oportunidad! ¡No la dejemos pasar! Esta tragedia nos ha impactado a todos, nos ha unido a todos, nos ha despertado a todos.

Utilicemos estos momentos para la reflexión y la introspección.

Analicemos si nuestros caminos son buenos, si nuestras aspiraciones son correctas, si nuestras acciones llevan al bien, si nuestra lengua está bajo control, si nuestros pensamientos son puros.

¿Acaso no estamos viviendo en un mundo contaminado, lleno de envidia, odio, rencor y orgullo?

Recordemos hoy, que la condición humana es el valor más grande que nos da la vida, y como tal, seamos más humanos.

¡La vida no puede seguir igual! Debemos cambiar, cambiar para bien. Volvamos a conectarnos con nuestra esencia, con nuestros valores, con nuestra misión, con nuestro Creador.

Hoy sabemos que la vida terrenal no es eterna, que en un instante todo se termina. Primero que nada empecemos a vivir. Hoy tomemos una decisión: “¡Voy a empezar a vivir! ¡Voy a aprender a vivir! ¡Voy a ser mejor persona que ayer!”. Empecemos con algo pequeño y, como dicen nuestros sabios: “Una mitzvá lleva a otra mitzvá”, y así, una pequeña acción buena llevará a otra, y esa a otra, hasta que la “bola de nieve” crezca convirtiéndose en una vida llena de sentido.

Por la mañana al abrir los ojos recitemos “Modé aní” y agradezcamos a Dios por la nueva oportunidad que nos concede. Comencemos el día con agradecimiento y expresemos el bien que recibimos buscando a quien beneficiar; ya sea a través de Tzedaká, con una sonrisa o con un consejo.

Si no prendes velas de Shabat, empieza este viernes. Si no sabes lo hermoso que es dar Tzedaká, empieza hoy. Enriquece tu espíritu con alguna clase semanal, participa como voluntario en alguna organización de beneficencia (como Bikur Jolim o Yad la Kalá).

Tratemos hoy de ser más honestos, de no mentir, de no juzgar para mal ni hablar “lashón hará”. Seamos más sinceros y amables.

Yo también voy a empezar hoy con algo chiquito, algo chiquito pero positivo. Vamos a mostrarle a Dios que sí queremos, ¡que sí Lo queremos!

Esta fue una tremenda guezerá, un tremendo decreto que no se puede explicar. Gente buena, gente de buen corazón y amor al prójimo. Gente que cumplía Shabat y llevaba a cabo las mitzvot.

“¡HaShem! ¡Lo aceptamos con amor! Pero por favor, que no le pase esto a nadie nunca más”.

Si despertamos, Dios nos quitará esta guezerá, porque no le deseo a nadie ni el uno por ciento del sufrimiento que estamos viviendo. Pero debemos reaccionar y empezar con algo. Algo pequeño. ¡Hoy!

No dejes que mis palabras caigan en oídos sordos. ¡No te levantes de tu silla hasta que decidas hacer algo para mejorar!