Dejé Santiago de Chile con mi esposa y cuatro hijos exactamente dos meses antes del gran terremoto del 27 de febrero. Mi esposa y yo fundamos NCSY en Sudamérica (Chile y Argentina) hace siete años, mientras vivíamos en Chile.

Los terremotos fueron un tema de conversación en mis ocho años en Chile. Los que vivieron el último gran terremoto en 1985 – ahora parece chico - nunca olvidaron el ruido y el terror. Siempre se hablaba de otro inminente terremoto.

Oímos sobre la sacudida de 8,8 grados de magnitud cuando terminó Shabat aquí en Los Ángeles, California, casi un día entero después de que pasó. Comenzamos a hablarles a amigos y ex-estudiantes inmediatamente después de Shabat.

Sus historias eran las mismas:

“Nos despertamos a las 3:34 en la mañana de Shabat, cuando nuestras camas comenzaron a sacudirse. Todo se estremeció tremendamente por 90 segundos, pero pareció una eternidad. Nos las arreglamos para llegar a lo que esperábamos que sea la parte más segura de la casa y recitamos el Shemá”.

En las palabras del rabino Efraim Sauer, amigo cercano y director del exitoso Kolel de kiruv Morashá (instituto para estudios judíos avanzados): “Todos con los que hablé - amigos, estudiantes, todos - dijeron el Shemá durante esos 90 segundos”.

La esposa de Efraim, Javá, describe un frenesí de actividades –esconderse, rezar, los niños corriendo. La mayoría de la gente terminó en las calles en sus pijamas hasta que reunieron el coraje para retornar a sus hogares.

Ver videos online de la destrucción en Chile da una imagen de la desesperada situación. Sin embargo, hablar con amigos cercanos crea un sentimiento diferente.

Durante el servicio de Musaf de Iom Kipur rezamos, refiriéndonos al Valle de Sharon en Israel, una zona propensa a terremotos, y pedimos que “sus casas no se conviertan en sus tumbas”.

La comunidad judía de Chile está situada casi en su totalidad en la parte más nueva de Santiago. Dejando a un costado por el momento la pregunta de por qué pareciera ser que la comunidad judía de Chile escapó, al menos físicamente, casi ilesa. A unos 300 kilómetros de las escenas de desesperación, la comunidad judía comenzó inmediatamente a jugar el rol de asistente en lugar de víctima.

Otro amigo cercano, el rabino Jaim Waissbluth de Aish Hatorá Chile, está liderando una campaña. La comunidad está siendo urgida a traer cualquier tipo de ropa, almohadas, sábanas, medicinas, alimentos y agua al centro local de Aish Hatorá. Al mismo tiempo, la comunidad se reúne para decir Tehilim (Salmos) en favor del resto de Chile.

Más al sur, el hermano de un amigo cercano espera refuerzos provenientes de Santiago. Él estaba en una ciudad portuaria que fue destruida por el terremoto y las mareas altas que le siguieron. En lugar de volver a casa a Santiago, ha elegido quedarse en el lugar para ayudar en los esfuerzos de recuperación mientras los estudiantes universitarios judíos son reclutados para manejar el camión de su padre llevando provisiones y refuerzos.

Fieles a nuestra creciente y afamada naturaleza, los judíos de Chile miraron inmediatamente hacia afuera para ver a quién y cómo ayudar.

Ahora bien, hay un aspecto más difícil de que hablar. El sustento de muchos judíos que viven en Santiago proviene de negocios ubicados en algunas de las áreas más afectadas. Tengo muchos amigos que, por ejemplo, trabajan haciendo vino casher en el valle del Maule. Otros poseen negocios en o cerca de Concepción, el área más duramente golpeada por el terremoto.

En este momento es difícil saber qué pasará con los negocios de estas familias, que son parte muy importante de la comunidad judía de Chile.

He dicho muchas veces que hay algo especial sobre la comunidad judía de Chile, la que de acuerdo a estimaciones tiene entre 12.000 y 15.000 personas que viven mayormente en Santiago. Hay una cantidad increíble de estudio de Torá y de personas cumpliendo mitzvot que crece exponencialmente cada año.

No me sorprende que parte integral de la respuesta de la comunidad frente a la tragedia y al desafío del terremoto tenga que ver con el crecimiento espiritual.

Jana Bengio, quien se hizo cargo de las operaciones de NCSY en Sudamérica, explicó el contraste de cómo la comunidad judía reaccionó frente al terremoto durante las primeras horas.

Jana también enseña en la escuela diurna religiosa, y después de preguntar a los maestros no judíos de estudios seculares sobe el primer día posterior al sismo dijo: “Todo su día consistió en correr al auto tratando de encontrar una señal de radio para escuchar lo que estaba ocurriendo, mientras que nosotros dijimos ‘Baruj Hashem que estamos bien’; los hombres fueron a la sinagoga, y nosotras continuamos con las actividades propias de Shabat”.

NCSY en Sudamérica trabaja principalmente con estudiantes que asisten a escuelas judías de la comunidad que carecen de un currículum serio de estudio de Torá. Karen Brilovich, una estudiante de secundaria con quien mi esposa y yo permanecemos muy cercanos, nos contó la siguiente historia:

Ella estaba en Viña del Mar, un popular sitio de vacaciones sobre la costa del Pacífico, unos 120 kilómetros al norte de Santiago. Era viernes a la noche, y ella y su novio se sentían incómodos con la idea de unirse a sus amigos para una típica noche de baile en las discotecas locales en la playa. Por alguna razón ella comenzó a llorar con la idea de que estaba en una discoteca en Shabat.

Karen y su novio decidieron volver al departamento en donde se estaban alojando para rescatar lo que quedaba de la noche, para hacer algo referente a Shabat, que está convirtiéndose en una parte cada vez más importante de su vida. Ella recuerda haber dejado la puerta abierta porque ella y su novio estaban solos esa noche, y ella quería respetar las leyes de correcto comportamiento mientras esperaban que sus amigos volvieran a casa de la discoteca.

A las 3:34 la casa comenzó a temblar. Cuando el edificio se estremeció, dijeron el Shemá con una intensidad reservada solamente para esos momentos. Tan pronto como el terremoto se detuvo, salieron por la puerta que estaba abierta y se dirigieron al lobby del complejo, en donde habían otras personas reunidas. Karen recuerda haber escuchado poco después que mucha gente estaba atrapada detrás de las puertas de sus casas que no podían ser abiertas mientras ella trasmitía que su convicción por el cuidado de las leyes de Shabat y las leyes de correcto comportamiento la ayudaron a atravesar esta situación.

Sus pensamientos rápidamente se dirigieron a sus amigos que estaban en la discoteca cerca de la playa. Había poco para hacer, sólo esperar. Ellos se dirigieron hacia afuera y se cruzaron con otros amigos, pero no había signos de los que habían quedado en la disco. Finalmente, ellos llegaron después de caminar todo el trecho.

Karen recuerda sus primeras palabras cuando se reunieron: “Ellos dijeron que pensaron en mí todo el tiempo, que deberían haber dejado la disco conmigo, y que nunca iban a ir a discos en Shabat de nuevo. Dijeron que sienten que Dios los tocó desde arriba mostrándoles que Él está en completo control”.

Mientras que mi familia y yo estamos ahora a miles de kilómetros de distancia, emocionalmente estamos con la increíble comunidad judía de Chile – nuestros estudiantes y queridos amigos. Rezamos para que continúen encontrando la fortaleza para salir adelante, para ayudarse los unos a los otros y a la comunidad chilena en general, y que aquellos que vieron su sustento afectado, que con la ayuda de Dios encuentren una abundancia de bendición y éxito.

Este artículo fue publicado en jta.org.