Fui criado en una pequeña ciudad en el centro-oeste de Estados Unidos llamada Zanesville, en el Estado de Ohio. Mi exposición al judaísmo fue mínima - fui a la escuela dominical, y estudié dos años en la escuela hebrea para prepararme para mi Bar Mitzvá. A pesar de que siempre me sentí conectado a mi comunidad judía, cuando llegué a la universidad me di cuenta que había obviado el aspecto más importante del judaísmo. Es verdad que podía leer y escribir hebreo, y que podía liderar un servicio religioso, pero no sabía casi nada sobre la historia del pueblo judío o sobre el Estado de Israel. Y aunque podía realizar varios rituales y mitzvot, yo no entendía las raíces de lo que hacía.

Mi viaje de Aish birthright a Israel cambió todo eso y más. En Israel, tenía los recursos más asombrosos rodeándome constantemente. Todas las preguntas que había tenido en la cabeza desde la escuela fueron un buen tema de discusión, y aproveché las mentes de nuestros dos rabinos libremente. Esos rabinos me mostraron un lado del judaísmo lleno de experiencias milenarias: nos metimos en la mikve sagrada de Tzfat, escalamos hasta Masada y revivimos las invasiones romanas, y bailamos para recibir el Shabat en el Muro de los Lamentos en Jerusalem, con miles de judíos de todo el mundo.

Las relaciones que hice en birthright fueron realmente inolvidables. Para mí, las amistades más importantes se formaron con los soldados israelíes que acompañaron al grupo. Hablar con los soldados era tan conmovedor, especialmente cuando se les preguntaba sobre la guerra. Un soldado describió una experiencia tan emocionante que todos en el cuarto nos pusimos a llorar. El nivel de confianza y apreciación que sentimos por aquellos soldados, formado en unas pocas semanas, era bastante especial.

Me sentí como si estuviera en casa, a pesar de estar a miles de kilómetros de donde crecí.

En Israel me sentí más seguro que nunca, a pesar de estar en lo que los medios de comunicación llaman “zona de guerra”. Me sentí como si fuese parte de una inmensa familia, a pesar de no haber conocido a nadie antes de salir de Zanesville. Me sentí iluminado sobre el judaísmo y la historia de los judíos, a pesar de haber sido desafiado a ver ambos lados de la historia. Me sentí como si estuviera en casa, a pesar de estar a miles de kilómetros de distancia de donde crecí. Finalmente, y posiblemente lo más importante, descubrí exactamente por qué siempre me sentí orgulloso de por ser judío.

Ahora, en mi tercer año en la universidad de Duke, adopté el cumplimiento de algunas cosas - algunas, pero no demasiadas, porque Roma no se construyó en un solo día. Por ejemplo, digo una bendición por las cosas antes de comerlas o tomarlas. Además, ya no como cerdo o carne con queso en la misma comida. Aprendí en Israel que la forma en que uno expresa su identidad judía puede ser de la forma en que uno quiera, y eso es lo que yo busco hacer. Una vez a la semana me encuentro con un rabino para hablar de la porción de Torá de la semana, del Estado de Israel, o de cualquier otro tema judío, con el objetivo de permanecer conectado. El judaísmo no es algo pasivo - tengo que formar parte de él y seguir involucrado.

Cuando repaso en mi mente mi primer viaje a Israel, recuerdo constantemente el efecto profundo que tuvo en mi vida. Birthright con Aish HaTorá estuvo tan lleno de experiencias significativas, amistad y crecimiento, que no puedo imaginar una experiencia futura que se compare.