De acuerdo a lo reportado por los medios periodísticos, un terrorista disparó en dirección al café en el que se encontraba el controversial artista sueco Lars Vilks, quien en numerosas ocasiones había sido amenazado a muerte por sus caricaturas sobre el profeta Mahoma. Vilks iba a formar parte de un panel de discusión sobre la libertad de expresión luego de lo ocurrido en París, y el embajador de Francia, Francois Zimeray, también se encontraba en el lugar. El terrorista abrió fuego y mató a un hombre de 55 años e hirió a tres oficiales de la policía.

Unas horas más tarde hubo disparos en la principal sinagoga de la ciudad, en la cual se realizaba una celebración de Bar Mitzvá. El terrorista asesinó al guardia judío, un miembro de la comunidad de 37 años de edad, e hirió a dos policías.

Dan Rosenberg Asmussen, el líder de la comunidad judía de Copenhagen, dijo que solicitó presencia policial en la sinagoga luego del primer ataque, pero no fue suficiente. “Contactamos a la policía luego del tiroteo en el café Krudttønden para que estuvieran durante el desarrollo del Bar Mitzvá, pero desafortunadamente esto ocurrió de todas formas”.

La policía danesa habría matado al responsable de ambos tiroteos.

El ataque terrorista de Copenhagen es otro recordatorio más de que los judíos están siendo atacados por ser judíos.

Este ataque ocurrió unos pocos días después de la metida de pata presidencial —en la que Obama pareciera haber intentado remover toda conexión entre el las cuatro personas que fueron asesinadas en el almacén casher de París y el hecho que fueran judías, pues describió al ataque como “violentos fanáticos” quienes “fortuitamente asesinaron a un grupo de personas en un almacén de París”— y de la subsecuente defensa por parte del portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, y de la portavoz del Departamento de Estado, Jan Psaki, quienes tuvieron que finalmente retractarse por medio de Twitter luego de recibir una gran cantidad de críticas en contra. El ataque terrorista de Copenhagen es otro recordatorio más de que los judíos están siendo atacados por ser judíos.

Este no es un fenómeno nuevo. De hecho, es tan antiguo como lo es el pueblo judío. ¿Por qué el pueblo judío siempre ha sido víctima del odio más antiguo e intenso de la historia?

El Talmud, sin andarse con rodeos, conecta el odio por los judíos con los judíos mismos. El Talmud (Shabat 89b) dice, utilizando un juego de palabras, que en el momento en que Dios entregó la Torá en el Monte Sinaí, el odio —siná— de los no judíos hacia los judíos fue despertado. En el Monte Sinaí el pueblo judío se convirtió en el portador de la norma absoluta de moralidad de Dios para toda la humanidad. Consecuentemente, si alguien quiere liberarse de las abarcadoras demandas y obligaciones morales que detalla la Torá, ataca al mensajero —el pueblo judío—, el cual representa en este mundo a la fuente Divina de moralidad.

Adolf Hitler, maldecido sea su nombre, reconoció de forma abierta esta singularidad de los judíos como pueblo y veía al Nacional Socialismo como un nuevo orden mundial, una forma de recrear a la humanidad.

Hitler dijo: “Se refieren a mí como un bárbaro sin educación. Sí, somos bárbaros. Queremos ser bárbaros; es un honorable título para nosotros. Habremos de rejuvenecer al mundo. Este mundo está cerca de su fin” (Hermann Rauschning, Hitler Speaks, pág. 87).

Él reconoció que el pueblo judío —quienes portaban el mensaje del monoteísmo, que todos los hombres son creados iguales, amar a tu prójimo, ayudar al pobre y al débil— eran el principal obstáculo para lograr su visión de mundo. Hitler declaró: “La lucha por el dominio del mundo será peleada por completo entre nosotros, entre los alemanes y los judíos. Todo lo demás es una fachada y una ilusión. Detrás de Inglaterra está Israel, al igual que detrás de Francia y de Estados Unidos. A pesar de que hemos expulsado al judío de Alemania, sigue siendo nuestro enemigo mundial” (Ibíd., pág. 242). También dijo: “La Providencia ha ordenado que yos sea el más grande liberador de la humanidad. Estoy liberando al hombre de las limitaciones de una inteligencia que se ha hecho cargo, de la sucia y degradante automortificación de una falsa visión conocida como conciencia y moralidad, y de las demandas de una libertad e independencia personal que sólo unos pocos pueden soportar” (Ibíd. Pág. 222).

Hitler entendía perfectamente bien cuál era la fuente de esta conciencia y moralidad, como declaró: “Los Diez Mandamientos han perdido su validez. La conciencia es una invención judía; es una mancha, al igual que la circuncisión” (Ibíd. Pág. 220).

El entendimiento tradicional del antisemitismo siempre ha sido que los judíos son odiados, conciente o inconcientemente, por representar la misión de perfeccionar el mundo con la moralidad de la Torá. Consecuentemente, el odio antisemita es nuestra insignia de honor. No desjudaíces a las víctimas. Debes darte cuenta que el odio por los judíos representa algo que debería ser una fuente de gran orgullo. Sí, soy judío, parte de una nación que ha cambiado la moralidad del mundo, quien defiende los valores de la Torá, los cuales contienen sabiduría atemporal que el mundo tanto necesita.

Lamentablemente hay millones de judíos que no están al tanto de su misión y responsabilidad única. Los ataques antisemitas, al igual que los ocurridos en París y Copenhagen, los hacen preguntarse si vale la pena ser judío si tiene un lado negativo tan grande. Ante la falta de un entendimiento profundo y de una apreciación de lo que significa ser judío, es una pregunta razonable. Esperemos que como nación prestemos atención al más reciente llamado de atención y fortalezcamos nuestra propia apreciación del regalo de ser judíos y les transmitamos a nuestros hermanos y hermanas a lo largo del mundo el significado y la relevancia de su herencia judía.