Escribo en la víspera del 75° aniversario de la liberación de Auschwitz, el más brutal campo de exterminio del siglo XX, de horrores demasiado terribles para poder creerlos, pero no demasiado terribles como para que hayan ocurrido.

De un millón trescientos mil personas asesinadas en Auschwitz, de las cuales un millón cien mil eran judíos. Como dijo Elie Wiesel: “El Holocausto fue una guerra contra los judíos en la que no todas las víctimas fueron judías, pero todos los judíos fueron víctimas”.

Escribo tras el 75° aniversario del arresto y la desaparición de Raoul Wallenberg, el 17 de enero de 1945. Wallenberg demostró cómo una persona con la compasión para preocuparse y el coraje para actuar en contra del mal, puede prevalecer y transformar la historia. Es una tragedia que este héroe del Holocausto que salvó a tantos no haya sido salvado por los muchos que podrían haberlo ayudado. Tenemos con Raoul Wallenberg la deuda de determinar la verdad sobre lo que le ocurrió.

Escribo en ocasión del resurgimiento global de la incitación antisemita, de la violencia y el terror, y en medio de una constante limpieza étnica y atrocidades masivas.

En este importante momento histórico debemos preguntarnos: ¿Qué aprendimos en los últimos 75 años? Y, todavía más importante, ¿qué debemos hacer?

Lección 1: Zajor – El imperativo de recordar

La primera lección es el peligro de olvidar, asesinar a las víctimas por segunda vez; y el imperativo de recordar, zajor. Cuando recordamos a las víctimas de la Shoá, difamadas, demonizadas y deshumanizadas como un prólogo y un justificativo para el genocidio, debemos entender que el asesinato masivo de seis millones de judíos y de millones de no judíos, no se trata sólo de estadísticas abstractas.

Como decimos en los momentos de recordatorio: “Cada persona tiene un nombre, cada persona tiene una identidad, cada persona es un universo”. Como nos recuerda el Talmud: “Quien salva una sola vida, es como si hubiera salvado todo un universo”. Por lo tanto, el imperativo universal es: cada uno, donde sea que se encuentre, es el garante por el destino de su semejante.

Lección 2: El peligro de la incitación al odio y al genocidio sancionado por el estado

El genocidio de los judíos de Europa (tal como el genocidio de los Tutsi en Ruanda, en el que asesinaron a 10.000 tutsis cada día durante tres meses, y del cual se acaban de cumplir 25 años), no sólo tuvieron éxito por la maquinaria de muerte, sino porque el estado sancionó la ideología del odio. Por ejemplo, los judíos eran considerados como la personificación del diablo, el enemigo de la humanidad, y la única forma en que el mundo podía ser redimido era matando a los judíos.

La Corte Suprema de Canadá afirmó (como un eco del Tribunal Criminal Internacional de Ruanda) que “el Holocausto no comenzó en las cámaras de gases, sino con las palabras”. De hecho, en otro importante principio y precedente, la Corte Suprema sostuvo que la incitación misma al genocidio constituye un crimen, le sigan o no actos de genocidio.

Lección 3: El peligro del resurgimiento global del antisemitismo

La tercera lección es el peligro del antisemitismo, el odio más antiguo, más duradero y más letal. Si el Holocausto es una metáfora del mal radical, el antisemitismo es una metáfora del odio radical. No nos equivoquemos: los judíos murieron en Auschwitz por el antisemitismo, pero el antisemitismo no murió. Él permanece latente en el canario de la mina del mal global actual. Como aprendimos con mucho dolor, si bien el antisemitismo comienza con los judíos no termina sólo con los judíos. Como dijo Ahmed Shaheed, el Relator Especial para la Libertad de Religión y Creencia en su reporte a las Naciones Unidas: el antisemitismo es una amenaza no sólo a los judíos sino a nuestra humanidad compartida.

Lección 4: La negación del Holocausto – de discurso agresivo a conspiración criminal

El movimiento de negación del Holocausto, la vanguardia del antisemitismo viejo y nuevo, no es sólo un ataque a la memoria judía y a la dignidad humana en su acusación de que el Holocausto es un engaño, sino que más bien constituye un crimen de conspiración internacional para ocultar los peores crímenes de la historia. Aquí encontramos al historiador del Holocausto en su más trágica y amarga ironía, en la máxima versión Orwelliana. Primero pasamos del genocidio del pueblo judío a la negación de que ese genocidio alguna vez tuvo lugar; luego en un clásico estilo Orwelliano lo acusa de ser una conspiración internacional. El movimiento de negación del Holocausto blanquea los crímenes de los nazis y censura los crímenes de los judíos. No sólo sostienen que el Holocausto es un invento, sino que acusan a los judíos de inventarlo, algo que se repite ahora con la negación del genocidio en Ruanda.

Nuestra responsabilidad es desenmascarar a los testigos falsos, exponer la criminalidad de los negadores y proteger la dignidad de sus víctimas.

Lección 5: La indiferencia y la falta de acción frente a la atrocidad masiva y el genocidio

Los crímenes del Holocausto, como el genocidio de los tutsis en Ruanda, no resultaron sólo del incitamiento del estado al odio y al genocidio, sino de los crímenes de indiferencia, de conspiraciones de silencio, de la comunidad internacional como testigo pasivo.

De hecho, lo que hace tan inexplicable al Holocausto y al genocidio de los tutsis no es sólo el horror de los crímenes, sino que esos crímenes eran prevenibles. Nadie puede decir que no sabíamos; sabíamos pero no actuamos.

No nos equivoquemos: la indiferencia y la falta de acción siempre implican estar del lado del agresor, no del blanco del ataque. Ante el mal, la indiferencia es consentimiento, sino complicidad con el mal.

Lección 6: La responsabilidad de llevar a juicio a los criminales de guerra

Si el último siglo fue la era de las atrocidades (simbolizadas por el Holocausto), también fue la era de la impunidad. Pocos de los perpetradores fueron juzgados, y así como no debe haber un santuario para el odio ni un refugio para el fanatismo, no debe haber base ni santuario para estos enemigos de la humanidad. En este contexto, el establecimiento de la Corte Criminal Internacional se consideró el desarrollo más dramático en la ley criminal internacional desde Núremberg. Pero la Corte Criminal Internacional debe ser protegida contra un abuso de su mandato y de su misión para que no socave su propio propósito.

Lección 7: Decir la verdad sobre el poder

El Holocausto no sólo fue posible por la “burocratización del genocidio”, como lo definió Robert Lifton (y como quedó personificado por el asesino nazi de escritorio Adolf Eichmann) sino también por la complicidad de las elites, incluyendo médicos, líderes eclesiásticos, jueces, abogados, ingenieros, arquitectos y educadores.

Los crímenes del Holocausto también fueron los crímenes de las elites de Núremberg. Por lo tanto, nuestra responsabilidad es decir la verdad sobre el poder, que el poder sea responsable y rinda cuentas a la verdad.

El doble sentido de Núremberg (del racismo de Núremberg y los principios de Núremberg) debe ser parte de nuestro aprendizaje, tal como es parte de nuestro legado.

Lección 8: El ataque a los vulnerables y débiles

La octava lección se refiere a la vulnerabilidad de los débiles y la debilidad de los vulnerables, tal como quedó dramatizado en Auschwitz con los restos de zapatos, maletas, muletas y cabello de los asesinados. De hecho, como lo señala el profesor Henry Friedlander en su obra “The Origins of Nazi Genocide”, es revelador que el primer grupo destinado a ser asesinado fueran los judíos discapacitados.

Nuestra responsabilidad es dar voz a quienes no la tienen y dar fuerza a los débiles, ya sea que se trate de inválidos, pobres, ancianos, mujeres víctimas de la violencia o niños, los más vulnerables entre los vulnerables. En una palabra, la prueba de una sociedad justa es cómo trata a los más vulnerables dentro de ella.

Lección 9: La violencia contra las mujeres

El Holocausto, y los genocidios posteriores, incluyeron espantosos crímenes contra las mujeres. Además, esos crímenes no sólo fueron parte o consecuencia del genocidio, sino que de hecho fue lo que se buscaba. A pesar de todo, ellos recuerdan el horror todavía no articulado del Holocausto y del genocidio de los judíos de Europa.

Setenta y cinco años después, todavía tenemos que aprender estas lecciones, y actuar al respecto, cuando hablamos de los espantosos crímenes contra mujeres en el Congo y en Siria. Debemos reconocer que un número significativo de la población es rutinariamente sujeta a violaciones, ataques, torturas, hambre, humillación, mutilación e incluso asesinato simplemente por ser del sexo femenino.

Lección 10: Atrocidades masivas en contra de los niños

Si hay una atrocidad que desafía el entendimiento, es la explotación, mutilación y asesinato de un niño, el más vulnerable entre los vulnerables.

¿Qué se puede decir entonces del genocidio de niños, el asesinato masivo, la destrucción de millones de universos, de generaciones que todavía no nacieron y que nunca llegarán a nacer? Como dijo el poeta Bialik, al escribir después de los pogromos de Kishinev en 1905, donde asesinaron centenares de niños: “No se puede inventar ninguna venganza por el asesinato de un niño”.

De hecho, el genocidio nazi fue el genocidio de millones de niños. Un millón quinientos mil niños fueron asesinados en el Holocausto de los judíos de Europa. Pero todavía tenemos que aprender de este espanto, además de actuar, porque hay en el mundo millones de niños que sufren detenciones arbitrarias, torturas, tratamientos crueles, inhumanos y degradantes, esclavitud, ejecuciones y reclutamiento como “soldados infantiles”, incitados a aterrorizar y a matar a otros.

Nuestra responsabilidad es asegurar que todo lo que hacemos, y por ende lo que somos, protege los derechos de los niños.

Lección 11: Los rescatadores

Debemos rendir tributo a los rescatadores, a los justos de las naciones, entre quienes Raoul Wallenberg es una metáfora y un mensaje. Wallenberg, un no judío sueco, salvó a más judíos en seis meses en Hungría en 1944 que cualquier otro gobierno u organización. Trágicamente, el hombre que salvó a tantos no fue salvado por los que hubieran podido ayudarlo. Como ciudadanos de los países en los que Raoul Wallenberg es un ciudadano honorario (Estados Unidos, Canadá, Australia e Israel) tenemos la responsabilidad de ayudar a determinar qué ocurrió con este gran héroe en el Holocausto, a quien las Naciones Unidas denominaron el Mayor Humanitario del Siglo XX.

Lección 12: El recuerdo del Holocausto y el estado de Israel

Hay una frase que escucho a menudo de los sobrevivientes del Holocausto, incluso en mis visitas a Auschwitz, respecto a que si no hubiera habido un Holocausto, no habría un estado de Israel. Pero es a la inversa, y nunca debemos olvidarlo: si hubiese habido un estado de Israel, una tierra patria para el pueblo judío, no habría tenido lugar el Holocausto o muchos de los horrores de la historia judía y de la historia de la humanidad.

Lección 13: El legado de los sobrevivientes del Holocausto

Finalmente, debemos recordar, y celebrar, a los sobrevivientes del Holocausto, los verdaderos héroes de la humanidad, porque ellos fueron testigos y soportaron la peor falta de humanidad, pero de alguna manera encontraron en la profundidad de su propia humanidad el coraje para seguir adelante, para reconstruir sus vidas y ayudar a construir nuestras comunidades.

Junto con ellos, debemos recordar y comprometernos a no ser nunca más indiferentes al incitamiento y al odio; nunca más permanecer callados ante el mal; nunca más ceder ante el racismo y el antisemitismo; nunca más ignorar el sufrimiento de los vulnerables y nunca más permanecer indiferentes ante las atrocidades masivas y la impunidad.

Debemos hablar y actuar contra el racismo, contra el odio, contra el antisemitismo, contra las atrocidades masivas, contra la injusticia y contra el crimen de los crímenes que debemos estremecernos sólo de escuchar su nombre: genocidio.