Atacado por una lluvia de misiles desde Gaza que mató a varios, hirió a muchos y aterrorizó a millones, Israel respondió con ataques aéreos en contra de objetivos militares en Gaza. Misiles guiados por radar atacaron células terroristas, lanzadores de misiles, fábricas de bombas e instalaciones gubernamentales de Hamás1.

La diferencia entre los ataques terroristas y la respuesta israelí es que los terroristas apuntan intencionalmente hacia los centros civiles buscando asesinar gente inocente, mientras que los aviones israelíes arrojan panfletos alentando a los residentes a evacuar el área de sus objetivos militares. Los terroristas buscan dañar a inocentes, Israel trabaja para salvarlos, pero cada tanto no se logra dar con el objetivo y se pierde una vida civil.

La muerte de un inocente es trágica. El corazón tiembla ante la perspectiva de niños pequeños, cuerpos desgarrados y vidas extinguidas. El ejército israelí no apunta a mujeres y niños, pero la muerte de ellos es una consecuencia inevitable de una acción militar. No hay forma de garantizar la seguridad de los civiles cuando el lugar de la guerra es una ciudad altamente poblada. Con seguridad, la responsabilidad recae sobre el enemigo que lucha detrás de cunas y polleras, pero la pregunta persiste: ¿es ético que un ejército haga una guerra en presencia de una población inocente?

Nuestros corazones exigen que detengamos estas guerras, pero nuestras mentes nos dicen que retirarnos les permitiría a los terroristas aterrorizar con impunidad. Estamos divididos entre el deber y la empatía, la compasión por nuestros niños y por los niños de nuestros enemigos. ¿Qué hacemos?

Miedo y Preocupación

No somos los primeros que se preocupan por las bajas en la guerra. Cuando a Yaakov se le informó que Esav había juntado un ejército y que estaba marchando para encontrarse con él, temió y se preocupó. Nuestros sabios nos explican que temió por su propia vida, pero se preocupó por ser forzado a participar en una guerra, que lo obligaría a tomar la vida de otras personas2.

Abundan los comentarios rabínicos para explicar esto, pero la mayoría concuerda en que a Yaakov no le preocupaba tomar la vida de Esav. Esav había renunciado a su derecho a vivir al marchar en contra de su hermano. La ley talmúdica es clara en este punto: si alguien se levanta en tu contra, levántate y mátalo primero. Si amenazas la vida de otro, renuncias a tu derecho a vivir. A Yaakov le preocupaba el daño colateral. Le preocupaba que otros murieran en el medio de la batalla3.

El hecho de que se preocupaba nos enseña que en nuestra tradición está bien llorar por la pérdida de vidas inocentes. Que esta preocupación no lo haya disuadido de prepararse para la guerra nos dice que a pesar del horror de las bajas civiles debemos actuar cuando nos fuerzan a participar en una guerra. Si no lo hacemos, nuestros niños están en peligro.

Esto no significa que los civiles pueden ser asesinados en la guerra. Quienes no ayudan al enemigo y no lo socorren no son nuestros enemigos, y debemos hacer todo lo que podamos para salvarlos; pero no hay ningún estatuto legal ni religioso en el mundo que prohíba la acción militar que pueda resultar en bajas civiles no intencionadas, imposibles de evitar e imprevisibles. Eso convertiría a todos los esfuerzos de guerra, incluso los defensivos, en inútiles4.

En tiempos de paz, causar daños laterales es una ofensa homicida y que se puede enjuiciar. Por ejemplo, en tiempos de paz tenemos licencia para matar a quienes nos persiguen con la intención de matarnos, pero no tenemos licencia para causar daño colateral matando escudos humanos detrás de los que el perseguidor se oculta5. Pero las condiciones de guerra son diferentes: los “lujos” de la paz no son posibles. Si la guerra sólo fuese llevada a cabo con garantías en contra de las bajas civiles, ningún país podría defenderse y toda agresión sería recompensada. Las leyes de guerra no se derivan de la ley de paz del perseguidor, es por eso que Yaakov fue a la guerra a pesar de su gran aversión6.

Lamentando los Combatientes Enemigos

Abraham, cuyo corazón se derretía por amor al ver a un extraño, fue a la guerra en contra de una coalición de cuatro países para salvar a su sobrino Lot. Cuando volvió de la guerra Dios se le apareció y le dijo: "No temas Abraham, Yo te protegeré, tu recompensa es extremadamente grandiosa". Nuestros sabios nos enseñan que Abraham temía haber perdido sus méritos por hacer la guerra. Él sabía que salvar a Lot era lo correcto, ¿pero era correcto salvarlo a expensas de otras vidas humanas?7

Abraham llevó este tema un paso más allá que Yaakov: Yaakov sólo estaba preocupado por los espectadores inocentes, Abraham estaba preocupado por matar a los soldados enemigos, al punto que Dios tuvo que confortarlo y aliviarlo. A quienes mataste, dijo Dios, merecían morir; ellos renunciaron a sus vidas cuando se levantaron en contra de Lot8. Como lo dicen nuestros sabios: son espinas en el jardín del rey, el rey hubiera contratado a empleados para quitarlas, ahora que lo hiciste por él, no debes preocuparte. Por el contrario, tu recompensa es extremadamente grandiosa porque salvaste a la víctima de sus abusadores.

Abraham fue el primer judío en hacer guerra por una causa justa. Hacerlo le rompió el corazón, y cuando volvió de la guerra hizo duelo por la pérdida de su inocencia. Estaba devastado por lo que sus enemigos habían forzado en él.

Hoy, el Vaticano busca enseñarnos valores morales al criticar a Israel por matar bebés9. El Cardenal Ravasi debería recordar a quién le está hablando. Los judíos son el pueblo del libro, el pueblo que le enseñó al mundo sobre la santidad de la vida. Para el judío, toda vida es preciosa, incluso las vidas de nuestros enemigos.

Los judíos no combaten porque la vida no tiene ningún valor. Los judíos se defienden precisamente porque la vida tiene valor y debe ser protegida. Cuando nos obligan a pelear, lloramos cada vez que los soldados enemigos nos convierten en asesinos. Abraham estaba devastado por la muerte de su enemigo. A Yaakov le preocupaba matar inocentes. Pero igual, cuando fueron forzados a combatir, se pusieron en marcha sin dudarlo. Dios apoyó sus acciones y entendió sus preocupaciones. "No temas Abraham, Yo seré tu escudo".

Nosotros también sufrimos cuando se pierde una vida en cualquier lado de la guerra. Tristemente, los judíos conocen el duelo mejor que ninguna otra nación; nosotros sabemos lo que significa perder a un ser querido. No es por falta de amor que vamos a la guerra, sino pese al amor. La guerra no se hace con la intención de matar, sino de salvar. No vamos a la guerra para matar inocentes, ni siquiera a combatientes. Vamos a la guerra para reducir el derramamiento de sangre en ambos lados.


  1. El 21 de noviembre de 2012, Egipto y Estados Unidos negociaron un cese del fuego entre Israel y Hamás después de ocho días de hostilidades.
  2. Génesis 32:8, como es elucidado en Bereshit Rabá 76:7 y citado por Rashi en su comentario al versículo.
  3. Ver Siftei Jajamim, Maskil Ledavid y Gur Arié en el lugar.
  4. Contemporary Halachic Problems III, Rav J. David Bleich, p. 277.
  5. Esto, con la condición de que el escudo humano no sea un cómplice voluntario. Ver Amud Hayeminí, Rav Shaul Israeli, 16:3-4.
  6. Otra diferencia es que a pesar de que los observadores deben matar al perseguidor en tiempos de paz, no pueden ser obligados a arriesgar sus vidas en el acto. Sin embargo, en tiempo de guerra, los países tienen el derecho a reclutar jóvenes y obligarlos a arriesgar sus vidas en contra de su voluntad.
  7. Génesis 15:1 elucidado en Yalkut Shimoni Lej Lejá 16 y citado por Rashi en su comentario al versículo.
  8. Ver el comentario de Rav Ovadia Seforno y R. Meyer Malbim en el lugar. Ver Gur Arié para una perspectiva levemente diferente.
  9. El 21 de noviembre de 2012, el Cardenal Ravasi, presidente del Consejo del Vaticano para la Cultura, condenó a Israel por matar bebés.