Cuando Bella Abramovna, una niña judía de la Unión Soviética, tenía seis años, alguien le dio un libro de matemáticas de la escuela secundaria. Era un volumen enorme con miles de problemas matemáticos. En un mes Bella logró resolverlos todos.

Bella vivía con su madre en Moscú en la era de la Segunda Guerra Mundial. Cuando ella era pequeña, su padre murió luchando contra Hitler. Aunque la educación judía y los rituales religiosos estaban prohibidos en la Unión Soviética, Bella creció con un claro conocimiento de su identidad judía. Eso implicaba hablar en idish con su familia y luego con su esposo y disfrutar de canciones folklóricas judías. A medida que Bella crecía, le recordaban su judaísmo de otra forma: a través de los constantes prejuicios e insultos. Al enfrentar un antisemitismo paralizante, Bella decidió luchar y desafiar la represión de la Unión Soviética contra los judíos. Ella es uno de los grandes héroes judíos de Rusia, y su vida merece ser recordada.

Tras la muerte de Stalin en 1953, los judíos de la Unión Soviética disfrutaron un breve período de tolerancia. En esa época, en 1955, Bella se graduó de la escuela secundaria y decidió estudiar en la universidad matemáticas y música. Como era una dotada matemática y música, Bella fue aceptada en la prestigiosa Facultad de Mecánica y Matemática de la Universidad Estatal de Moscú y en el famoso Instituto de Música Gnessinykh. Ella floreció, escribió estudios sobre matemática y emergió como una gran pensadora.

Bella disfrutó pasar el tiempo con otro estudiante judío.

Bella conoció a su esposo, Ilya Muchnik, en 1960, cuando ambos asistieron a un seminario sobre el uso de la matemática en la música. Posteriormente Ilya recordó que “caminamos por los corredores de la universidad y discutimos sobre diversas posibilidades de la música generada con computadoras”. Pero lo que atrajo a Bella no fueron las destrezas intelectuales de Ilya. Ella disfrutó la libertad de pasar el tiempo con otro estudiante judío. “De repente ella entendió que conmigo podía sentarse, escuchar y entender canciones que le interesaban mucho. Las habilidades informáticas le importaban poco. Ella sólo se sumergió en las melodías judías folklóricas”, afirmó Ilya.

Bella e Ilya se casaron y se mudaron a un suburbio con una densa población judía en las afueras de Moscú, donde todos los vecinos hablaban en idish como ellos. Bella trabajó para su doctorado, publicó importantes trabajos de matemática y dio a luz a su hija Masha. Como en su pequeño suburbio no había universidades, un vecino comenzó a enseñar matemática a adultos y Bella se ofreció como voluntaria para enseñar. Cuando nació Masha, Bella se dedicó a enseñar matemática a niños pequeños, y fue tutora de alumnos que se preparaban para los exámenes de ingreso a los departamentos de matemáticas de las universidades más prestigiosas de Rusia.

Su tutoría le permitió entender las puertas que se cerraban rápidamente ante los judíos de la Unión Soviética. Las escuelas como la Universidad Estatal de Moscú, donde ella había estudiado, ahora sólo admitían una pequeña cuota de judíos. Los judíos que deseaban estudiar matemática u otras materias, debían aplicar a alejadas universidades en Siberia. Muchos directamente cedían a sus sueños de estudios universitarios.

A toda una generación de estudiantes judíos se le negaba una educación y cualquier forma de canalizar su potencial intelectual.

Bella era amiga del investigador judío ruso Boris Kanevsky, quien estaba documentando la discriminación. Él describió el sufrimiento de los estudiantes judíos rusos como un “genocidio intelectual”: a toda una generación de estudiantes judíos se le negaba una educación y cualquier forma de canalizar su potencial intelectual.

En la década del 70, Bella e Ilya se divorciaron y Bella y su hija Masha se mudaron a un departamento de dos ambientes en Moscú. Al verse rodeada de una intensa discriminación antijudía, Bella decidió luchar. En 1978, desafió a las autoridades soviéticas y anunció a la población judía de Moscú que por primera vez en una generación los jóbenes judíos podrían estudiar matemática a nivel universitario. Ella abrió una escuela clandestina en su hogar y con orgullo la llamó la “Universidad del Pueblo Judío”.

Fue un movimiento sumamente arriesgado. Las autoridades soviéticas eran implacables buscando y castigando cualquier expresión de identidad judía. Todo lo que no estaba controlado por la URS estaba sujeto a una repentina clausura. Bella, así como sus estudiantes judíos y los matemáticos judíos que reclutó para dar clases, corrían un grave riesgo al estudiar fuera de las universidades establecidas.

De todas maneras, muchos judíos asistieron a la “universidad” judía.

La escuela abrió en 1978 con 14 alumnos y dos disertantes. En un mes ya había 30 alumnos. A finales de 1979 tenía 110 estudiantes. El departamento de Bella era tan pequeño que al enorme pizarrón que llevó para las lecciones tuvieron que meterlo a través de la ventana, porque no pasaba por la desvencijada escalera de entrada. Muy pronto Bella comprendió que si iba a enseñar a todos los estudiantes judíos de Moscú que deseaban estudiar, necesitaría un lugar más espacioso. Ella arregló que las clases se dictaran durante los fines de semana en universidades locales, cuando sus aulas estaban vacías. Ella personalmente pasaba por las clases y distribuía sándwiches caseros a los estudiantes y profesores.

El matemático Andrei Zelevinsky enseñó en la “universidad” de Bella y posteriormente recordó que “su calidez, bondad y optimismo inmediatamente te predisponían hacia ella y te hacía sentir cómodo. Ella tenía un afecto maternal hacia los estudiantes de la Universidad del Pueblo Judío… y en respuesta evocaba sentimientos igualmente cálidos. La organización de la Universidad del Pueblo Judío demandaba mucho coraje y decisión… pero no había ninguna manifestación de importancia personal o de ‘figurar’”.

Desde el comienzo, se infiltraron en la escuela agentes de la KGB.

Durante algunos años, la Universidad del Pueblo Judío floreció. Andrei Zelevinsky dijo: “La idea de Bella Abramovna era humana y simple: intentar restaurar por lo menos de forma parcial la justicia, ofreciendo a los estudiantes que seriamente estaban interesados en la matemática la posibilidad de recibir la educación fundamental que les prohibían los administradores (de la Universidad estatal de Moscú, que limitaba severamente el número de estudiantes judíos que eran admitidos)”.

Desde el comienzo, se infiltraron en la escuela agentes de la KGB. Bella dio instrucciones estrictas: sólo se hablaría de matemáticas. Ella esperaba que al evitar cualquier conversación política las autoridades dejarían en paz a los estudiantes y a los profesores. La KGB esperó durante cinco años, permitiendo que continuaran las clases. En ese período pasaron por la “universidad” cientos de estudiantes. Ellos no recibían títulos oficiales, pero sí una educación que de otra forma no hubieran podido obtener. Para una generación de estudiantes, la Universidad del Pueblo Judío de Bella fue la única manera de evitar el “genocidio intelectual” que amenazó a generaciones de estudiantes judíos en la Unión Soviética, a quienes se les negó el acceso a la educación superior.

En 1982 finalmente la KGB actuó en contra de la escuela. Dos de los profesores fueron arrestados y acusados de trabajar contra el estado.

Muy pronto convocaron a Bella a los cuarteles de la KGB. Ella hizo una declaración sobre sus actividades y la dejaron salir. Durante los días siguientes la mandaron a llamar una y otra vez a los cuarteles de la KGB y la acusaron de operar una Universidad para el Pueblo Judío fuera de los límites de la ley. Bella explicó con calma sus actividades una y otra vez, insistiendo que sólo proveía lecciones para los estudiantes y no había hecho nada malo.

El interrogatorio final tuvo lugar el 24 de setiembre de 1982. Cuando la dejaron salir de los cuarteles de la KGB, Bella fue a visitar a su madre. Ella partió del departamento de su madre en Moscú alrededor de las 11 de la noche e iba caminando hacia su casa en una calle silenciosa cuando pasó a su lado un auto y bajó la velocidad. Pareció que la gente que viajaba en el vehículo la observaba, quizás tratando de identificarla. Poco después pasó un camión a toda velocidad y atropelló a Bella. Mientras ella yacía en el suelo, otro automóvil se acercó a su cuerpo sin vida, se detuvo un instante y luego se alejó. Casi de inmediato llegó una ambulancia que llevó a Bella a la morgue. Tenía 44 años.

La muerte de Bella tuvo todas las huellas de ser un ataque de la KGB y nadie se atrevió a hablar en su funeral.

Bella fue enterrada al día siguiente. Su muerte tuvo todas las huellas de ser un ataque de la KGB y nadie se atrevió a hablar en su funeral. Bella Abramovna (a veces también era llamada Bella Subbotovskaya) fue una famosa matemática, sin embargo cuando murió pocos tuvieron el coraje de hablar en su memoria.

Katherine Tylevich recordó el temor que marcó el entierro de Bella: “Su funeral fue muy silencioso. Entre los estudiantes, colegas, amigos, parientes y admiradores de (Bella) Subbotovskaya había muchos huéspedes indeseados, varios miembros de la KGB. Nadie se ofreció a hablar, nadie abrió la boca excepto su madre. La anciana Rebeca Yevseyevna (la madre de Bella) finalmente gritó: ‘¿Por qué nadie dice ni una palabra?’. El esposo de Bella rápidamente acompañó a la anciana fuera de la casa funeraria”.

Bella Abramovna hoy es recordada como una matemática pionera por su obra sobre lógica y la teoría de la complejidad computacional. Además de sus investigaciones, ella también merece ser recordada como una heroína judía olvidada. Su Universidad del Pueblo Judío enriqueció las vidas de cientos de estudiantes judíos. Su ejemplo de valentía y coraje frente al antisemitismo puede inspirarnos a todos también en la actualidad.