Es una de las primeras canciones que los niños judíos aprenden en el preescolar o en los campamentos de verano:

David, Mélej Israel, Jai Vekaiam… David, Rey de Israel, vive para siempre…

Durante generaciones, los judíos entonaron esta canción sobre el Rey David. Pero la canción tiene también significados más profundos. Aquí hay cuatro datos sobre esta icónica canción judía.

Recordar al Rey David

El Rey David nació en el año 907 AEC en Betlejem (Belén). Él era el menor de ocho hermanos varones y aparentemente su familia lo dejaba un poco de lado. Cuando los filisteos buscaron hacer guerra contra el pueblo judío, los hermanos mayores de David fueron a luchar y David se quedó a cuidar los animales de la familia.

Un día, el padre de David le pidió que fuera a visitar a sus hermanos en el frente de batalla y les llevara provisiones. David descubrió que la situación en la que se encontraban los judíos era como un callejón sin salida. El ejercito filisteo tenía un soldado gigante llamado Goliat, que vestido con su armadura estaba parado en la cima de una montaña y los retaba a que alguien intentara pelear contra él. Mientras los judíos debatían quién sería más apto para derrotar a Goliat, David dio un paso al frente y se ofreció como voluntario. El hermano mayor de David le dijo que debía regresar a casa, cuidar a los animales y dejar la lucha a los hombres que eran más capaces.

Pero David recogió algunas piedras y avanzó hacia Goliat con su confiable honda. Goliat estaba completamente cubierto por su armadura, salvo la frente. David apuntó una piedra directo a la frente de Goliat, dejó inconsciente al gigante y lo derrotó (Samuel I, 17:23-54). David se convirtió en un héroe militar en la guerra contra los filisteos y eventualmente se casó con Mijal, la hija del Rey Saúl. Tras la muerte de Saúl, David se convirtió en Rey y durante su reinado aseguró las fronteras de Israel. Entre sus logros militares, capturó Jerusalem y declaró la ciudad santa como capital de Israel. Posteriormente el Rey Salomón, el hijo de David, construyó allí el Templo sagrado.

La vida de David estuvo llena de esfuerzo y lucha. Uno de sus legados más perdurables es el Libro de Salmos. David escribió muchos de los Salmos, expresando el eterno anhelo judío de conectarse con lo Divino.

El monolito fragmentado de Tel Dan, que contiene la inscripción Tel Dan (o inscripción “Casa de David”), aportó la primera evidencia histórica del Rey David de la Biblia. Foto: Museo de Israel, Jerusalem/Departamento de antigüedades de Israel (fotografía de Meidad Suchowolski).

El Rey David se menciona más de mil veces en el Tanaj y es la figura bíblica más antigua de quien los arqueólogos encontraron evidencia. En 1993 encontraron al norte de Israel una piedra con un grabado que se refiere a la “Casa de David” que gobernó Israel hace 3.000 años, en el siglo IX AEC.

El Rey David vive “para siempre”

El Rey David reinó durante 40 años. La Torá registra su muerte y afirma que fue enterrado en la “Ciudad de David”, en el centro de Jerusalem, cerca del Muro de los Lamentos. Pero la tradición judía afirma que en cierto sentido el Rey David vive eternamente.

El Rey David especificó que su sucesor sería su hijo Salomón. Sin embargo, cuando David yacía moribundo, otro de sus hijos, Adonías, se declaró a sí mismo gobernante. Batsheva, la esposa del Rey David, corrió a contarle al rey moribundo lo que había ocurrido. David le aseguró que Salomón era el heredero que él había escogido y Batsheva recibió esta buena noticia declarando: “¡Que mi señor, el Rey David, viva para siempre!” (Reyes I 1:31). Su intención no fue en sentido literal. De hecho, David falleció poco después. Pero las palabras de Batsheva reflejan la realidad de que los valores judíos eternos por los que el Rey David luchó continuarían a lo largo del reinado de su hijo, el Rey Salomón, y a través de los futuros reyes de la casa de David.

Al seguir viviendo bajo el legado del Rey David, al ser judíos y rezar en la ciudad santa de Jerusalem, todos aseguramos que la vida judía que el Rey David representó siga viva. El Rey David también es descrito como el ancestro del futuro Mesías. No importa lo oscura que parezca ser la situación del pueblo judío, siempre sabemos que un día retornará el reinado de la Casa de David y la trayectoria de la historia judía perdurará.

Crece como la luna

Las palabras David, Mélej Israel, Jai Vekaiam (David, Rey de Israel, vive para siempre) fueron declaradas por primera vez por el gran sabio judío Rabí Iehudá Hanasí en el sigo II EC. Rabí Iehudá Hanasí era miembro del Sanedrín, la corte de Sabios que guiaba la vida judía en la tierra de Israel. Una de las tareas del Sanedrín era llevar el registro de la luna creciente y menguante. Cuando la luna creciente reaparecía en el cielo, el Sanedrín llamaba a testigos que hubieran visto resurgir a la luna y entonces declaraban que había comenzado un nuevo mes judío.

El fluctuante brillo de la luna en el cielo le recordó a Rabí Iehudá la fortuna cambiante del pueblo judío. Personalmente, él fue testigo de la opresión y la humillación del pueblo judío en la tierra de Israel, perseguidos por sus crueles gobernantes romanos. Pero en vez de ceder a la desesperación, Rabí Iehudá recordó que tal como la luna crece y mengua, lo mismo ocurre con la gloria del pueblo judío. Podía parecer que ya no estaban los reyes de Israel, los descendientes de David; pero Rabí Iehudá tenía fe que algún día su gloria regresaría. Entonces se le ocurrió una forma inusual para informar al pueblo que había aparecido la luna nueva:

“Rabí Iehudá Hanasí le dijo a Rabí Jía (otro miembro del Sanedrín): Ve a un lugar llamado Ein Tav, santifica allí la luna nueva y envíame una señal de que la has santificado. La señal es: David, Mélej Israel, Jai Vekaiam” (Talmud, Rosh Hashanah 25a)

Esta declaración le dio esperanzas al pueblo judío: incluso cuando la gloria de la Casa de David parece haber desaparecido del mundo, tenemos fe que un día su reinado volverá a emerger.

David, Mélej Israel, Jai Vekaiam se convirtió en parte de la plegaria Kidush Levaná (Santificación de la luna nueva), que los judíos de todo el mundo dicen cada mes cuando aparece la luna nueva en el cielo nocturno.

Un himno sionista

David, Mélej Israel, Jai Vekaiam se convirtió en una canción popular entre los primeros sionistas que pensaban que sus actividades para reconstruir la vida judía en la Tierra de Israel era un cumplimiento de la profecía de esta canción que aseguraba que un día la gloria de la vida y el legado del Rey David comenzaría a reconstruirse.

El 29 de noviembre de 1947, las naciones del mundo votaron en las Naciones Unidas para decidir si establecerían un estado judío moderno en la antigua tierra de Israel. Una por una, las naciones del mundo emitieron su voto. Trece países votaron en contra, diez se abstuvieron y treinta y tres votaron a favor de permitir que los judíos crearan una patria judía. En Israel, la reacción a la noticia fue eufórica. Multitudes salieron a las calles cantando y bailando. Una de las canciones que resonaban a lo largo de la tierra fue David, Mélej Israel.

Tzipora Porath fue una de las personas que celebró en las calles de Jerusalem. Al día siguiente, ella escribió una carta a sus padres y describió la escena:

"Queridos mamá, papá y Naomi: caminé semi aturdida entre la multitud de rostros felices, a través del ensordecedor canto de 'David, Mélej Israel, jai, jai vekaiam', al lado de los tanques y jeeps británicos sobre los que había pirámides de niños agitando banderas y vitoreando”. (Citado en Letters from Jerusalem: 1947-1948 por Tzipora Porath, Jonathan Publications, 2005).

También estuvo allí Mordejai Chertoff, y él también escribió a sus padres sobre la alegría de la multitud. Después de escuchar por la radio el tenso voto de la ONU, enormes multitudes salieron a las calles.

“Escuchamos un tremendo rugido desde la calle Ben Iehudá (en el centro de Jerusalem). 'David, Mélej Israel, jai jai vekaiam'. El rugido se repetía una y otra vez de las gargantas de los jóvenes de Jerusalem, unidos en un hora gigante alrededor de un auto blindado de la policía (británica) … Corrimos y bailamos y corrimos y nos reímos y lloramos intermitentemente, sin siquiera notar nuestras lágrimas. Nos subimos a un gran camión con una multitud… Un joven con una trompeta caminó por toda la ciudad y la gente lo siguió hasta la Agencia Judía… de repente (la multitud) comenzó a cantar 'agarra una bandera, agarra una bandera…' y repentinamente el azul y blanco apareció en el balcón y un jubiloso y fresco 'Hatikva' (el himno nacional de Israel) que nunca nos habíamos atrevido a desear y nunca habíamos anticipado, brotó de cinco mil bocas. (Citado en Palestine Posts: An Eyewitness Account of the Birth of Israel. Based on the Letters of Mordecai S. Chertoff, por Daniel Chertoff. The Toby Press, 2019).

Unir a los judíos

David, Mélej Israel, Jai Vekaiam continuó uniendo a los judíos, sirviendo como un himno de nacionalidad y supervivencia judía.

Iasha (Iaakov) Yosifovich Kazakov fue un “refusenik” soviético (un judío a quien le prohibieron emigrar a Israel) en los años 60. Posteriormente él pudo concretar su sueño y llegar a Israel. Allí, él recordó el rol especial que la canción David, Mélej Israel tuvo para él y para otros refuseniks que anhelaban construir sus hogares en el estado judío. “Por las noches, nos reuníamos en casas privadas y pasábamos horas cantando canciones israelíes, nuevas y antiguas, desde David, Mélej Israel hasta Sharm-el-Sheik… Cuando en Kol Israel transmitían una canción nueva, la cantábamos durante una semana” (citado en Momentous Century: Personal and Eyewitness Accounts of the Rise of the Jewish Homeland and State, 1875-1978, Levi Soshuk y Azriel Louis Eisenberg, eds. Associated University Presses: 1984).

Joyce Boll, una productora de cine norteamericana que trabajó con David Letterman y Oprah Winfrey, decidió mudarse a Israel después de visitar el estado judío. Ella conoció a algunos parientes en Netania, pero sólo al visitar el Mar Muerto entendió que quería vivir en Israel. En el Mar Muerto se encontró con algunos soldados israelíes y quiso conectarse con ellos. Ella contó: “No sabía ni una palabra en hebreo, así que canté David, Mélej Israel”. Esa era la única canción en hebreo que ella sabía, porque se la había enseñado su abuela.

Los soldados israelíes también conocían la canción y se sumaron. Joyce Boll dijo que mientras cantaban juntos “Pensé: 'Esto es increíble. Somos tan diferentes, sin embargo, una antigua canción nos conecta, conecta a toda la tribu'. Entonces comprendí a dónde pertenecía”.

Con sus palabras fáciles de recordar, su pegajosa melodía y su profundo significado de supervivencia judía, David, Mélej Israel, permite que judíos de todas las edades y de todo el mundo se vinculen, expresando su historia compartida a través de la música.