Sharon Shalom creció con el nombre Zaude Tesfay en un pueblo judío al norte de Etiopía, sin agua corriente ni electricidad.

"Era una vida simple. No había servicios sanitarios ni tecnología. Vivíamos en cabañas de paja y barro. No conocíamos los lujos que tenemos hoy en día", le dijo a Aishlatino.com.

"Éramos alrededor de veinte familias y vivíamos todos juntos. Estábamos desconectados de la población local, que en su gran mayoría eran cristianos".

La vida judía

Muchos historiadores consideran que el origen de los judíos de Etiopía se remonta a 3.000 años atrás, durante el reinado del rey Salomón, quien envió a 400 hombres de la tribu de Dan para que acompañaran a la reina de Saba de regreso a Etiopía después de que ella lo visitara en Jerusalem.

Un pueblo judío en Etiopía en 1964

En contraste con la mayoría de los judíos de la diáspora que fueron dispersados después de que los romanos conquistaran Israel, los judíos etíopes no sabían que el Templo había sido destruido y tampoco conocían muchas leyes judías que posteriormente enseñaron los Sabios en el Talmud.

"Nuestra sinagoga era el centro de la vida comunitaria. Los hombres y las mujeres rezaban separados, celebrábamos las festividades como Pésaj y Sucot y descansábamos en Shabat. Los pueblos que nos rodeaban nos llamaban 'el pueblo del río', porque sabían que regularmente nos sumergíamos para mantenernos limpios y puros".

Soñar con Sion

"Me sentaba al lado de mi abuelo, quien citaba de memoria las profecías de la Biblia que decían que un día Dios nos reuniría con todos los judíos del mundo. Vivíamos con la esperanza de que un día nos llevarían de regreso a casa. Si hay algo que define a la comunidad etíope más que nada, eso es la esperanza; ese optimismo que se transmitió durante miles de años de que un día seríamos redimidos".

Rav Sharon Shalom

El cumplimiento de esta promesa bíblica no sólo ocupaba los pensamientos y los sueños de Sharon, sino que a los siete años lo impulsó a él y a un amigo a partir del pueblo en búsqueda de Jerusalem.

Dejar el hogar

"Cuando tenía siete años, le pregunté a mi abuelo dónde quedaba Jerusalem y me señaló el horizonte. Con un amigo empacamos una bolsa y partimos del pueblo para caminar hacia allí", cuenta sonriendo. "Nos perdimos y algunos días más tarde regresamos a casa". Aunque no tuvo éxito, la decisión de Sharon sólo se reforzó y seis meses más tarde, cuando Etiopía se hundió todavía más en la guerra civil, surgió otra oportunidad.

La guerra civil en Etiopía

Con el derrocamiento del emperador Haile Selasse en setiembre de 1974, muchas regiones del país se vieron envueltas por la violencia y la anarquía. Durante los años siguientes, cientos de miles de etíopes fueron hacia el norte, escapando de la violencia, y llegaron a los campos de refugiados en Sudán. Entre ellos se encontraba la comunidad judía.

"La comunidad judía no huía de la guerra", cuenta Sharon. "Para nosotros era más bien una oportunidad de llegar a estar un paso más cerca de la Tierra de Israel".

El viaje hacia el norte expuso a los refugiados a ataques, además de enfermedades y hambre. Algunos miembros del pueblo de Sharon murieron en el camino. "Cuando llegamos a los enormes campamentos, las condiciones eran muy malas. Todo era muy caótico, había violaciones, violencia y enfermedades. En particular eran los niños quienes estaban en riesgo".

Judíos etíopes en un campamento de refugiados en Sudán, 1984

En medio de una inminente crisis humanitaria, y teniendo consciencia de la corriente de judíos que habían huido al norte de Sudán, el parlamento de Israel bajo el liderazgo de Menajem Begin aprobó una ley que comprometía a Israel a traer a casa a los judíos de Etiopía.

Poco después, el Mosad comenzó con una serie de misiones secretas para traer a los judíos a casa. La Operación Moshé en 1984 y la Operación Salomón en 1991 trajeron a Israel a decenas de miles de judíos, especialmente por aire, quitando los asientos de los aviones para salvarlos rápidamente del hambre y de la guerra. La película de Netflix "Rescate en el Mar Rojo" (Deep Sea Diving Resort) detalla cómo los agentes del servicio secreto israelí establecieron escuelas de buceo como una distracción para ocultar que estaban sacando a miles de judíos hacia la costa del Mar Rojo y de allí los llevaban a Eilat en bote.

Partir del campamento

Después de haber pasado un año en el campamento de refugiados, la madre de Sharon temió por su seguridad y lo envió para que se uniera a un grupo de judíos que partían hacia Israel. En ese momento Sharon tenía ocho años.

Operación Salomón

"Aunque algunos de nuestros amigos ya habían partido hacia Israel, yo no conocía a nadie en ese grupo. Estaba completamente solo, sumergido en mis pensamientos".

"Desde que era muy pequeño, siempre traté de ser responsable por mí mismo, pero en ese viaje, decidí que mi forma de vida sería no esperar cosas de los demás".

Una operación peligrosa

"Un día, en medio de la noche partimos del campamento a pie. Nadie hablaba, había una oscuridad absoluta y era muy peligroso. El grupo estaba formado por unas trescientas personas, y después de varias horas llegamos a dos camiones del ejército".

El mayor temor era que los soldados sudaneses, famosos por su represión contra la inmigración ilegal, detuvieran los camiones y los mataran tal como habían matado a muchos otros refugiados que habían abandonado los campamentos.

Sharon con Natan Sharansky

Les prohibieron hablar. Bajo la oscuridad de la noche, el grupo -dividido en 150 personas en cada camión- viajó por un sendero rocoso hasta llegar a la costa del Mar Rojo.

"Escuchamos un fuerte rugido, no sabía qué era. A medida que nos acercamos, comprendí que era el ruido del mar. Nunca antes había visto ni oído al mar y tenía mucho miedo".

En medio del rugido del mar y de sus miedos, Shalom fue recibido por una imagen que quedaría para siempre grabada en su mente: los rostros de los soldados israelíes, embargados de emoción al hacer subir en botes a sus hermanos judíos, los remanentes de un exilio de 2.000 años, para llevarlos a unirse con su pueblo.

"Estaban vestidos con trajes de buceo negro y no hablaron con nosotros, pero lloraban. Para nosotros eran como ángeles que nos trajeron a Israel".

"Cuando llegamos a Israel besamos la tierra emocionados. Sentimos que habíamos llegado a casa. Era como un sueño que se vuelve realidad".

Lágrimas por Jerusalem

Sharon comenzó su nueva vida en una aldea juvenil para nuevos inmigrantes en la ciudad de Or Akiva. "Israel era muy diferente a mi pueblo en Etiopía. Recuerdo que había luces por todos lados y la gente tenía aparatos electrónicos y máquinas".

"Poco después de habernos establecido, nos llevaron a Jerusalem y al Muro Occidental. Allí lloramos sin cesar. Muchos adultos lloraban por la destrucción del Templo. Recuerdo que pensé en mi abuelo, en la profecía que yo veía cumplirse, y todas sus palabras volvieron a mí".

Noticias devastadoras

Cuando ya llevaba un año viviendo en Israel, el consejero de la aldea juvenil mandó a llamar a Sharon y le dio la noticia de que su familia había muerto en Etiopía. Hubo una ola de ataques brutales a los campamentos de refugiados y su familia se encontraba entre los desaparecidos. La soledad era palpable.

"Lo más terrible es que te digan que eres un huérfano".

A pesar de la angustia por la pérdida y por saber que no volvería a ver a su familia, Sharon se mantuvo optimista respecto a su futuro.

Sharon y Avital con sus cinco hijos

"Eso es el eje de lo que significa ser un judío etíope. Nosotros vivimos con una promesa de Dios en nuestro bolsillo durante miles de años y ninguno llegó a olvidarla. Nunca dejamos de creer y yo sabía que estaba viviendo el cumplimiento de esa profecía. Mi respuesta a la tragedia fue estar todavía más decidido a no darme por vencido y simplemente asumir más responsabilidad por mí mismo".

Dos años más tarde, cuando tenía once años, Sharon recibió la increíble noticia de que su familia estaba viva y que también habían llegado a Israel. En contra de los informes iniciales de su muerte, ellos habían escapado de la violencia en el campamento de refugiados y luego regresaron y se unieron a otros judíos que esperaban llegar a Israel. Feliz, viajó para recibir a su madre, su padre, sus hermanos y su anciano abuelo. "Fue una reunión todavía más emotiva porque, increíblemente, también a ellos les habían dicho que yo había muerto camino a Israel".

"El pueblo judío es la nación de la esperanza y nadie lo sabe mejor que nosotros. Ese momento en el que redescubrí a mi familia y lo agradecido que me sentí de volver a tenerlos es algo que me acompaña cada día de mi vida".

Un oficial y un rabino

Al crecer en Israel, Sharon primero cumplió su sueño de servir como oficial en el Ejército de Israel y después se dedicó a su amor por el judaísmo con la esperanza de convertirse en rabino. Después de enrolarse en la prestigiosa Ieshivá Har Etzión, le presentaron a su futura esposa, Avital, una trabajadora social y terapeuta en arte que nació en Suiza. "Suiza está a un mundo de distancia de Etiopía, pero esta es la belleza y la maravilla de la historia del pueblo judío. Tenemos cinco hijos maravillosos".

Sharon en la Ieshivá de Har Etzión donde estudió para convertirse en rabino.

Tras ordenarse como rabino en el 2001, Rav Shalom entró a la universidad de Bar Ilán donde completó un doctorado en filosofía judía y comenzó a dar clases en Kiriat Gat, donde ahora sirve como rabino de la sinagoga Kedoshei Israel. Él fue nombrado presidente de la primera investigación internacional sobre los judíos etíopes en la universidad de Kiriat Ono.

En el 2012 publicó su primer libro: "Del Sinaí a Etiopía: el Mundo Halájico y el pensamiento judío etíope". En el 2019 publicó otro libro sobre la filosofía judía de amor y temor y su siguiente proyecto es una obra autobiográfica detallando su propio camino a Israel y sus pensamientos sobre superar los desafíos y las dificultades de la vida.

"Cada etíope que triunfa en Israel es un ejemplo, ya sea que se convierta en piloto de combate, abogado, médico u oficial de alto rango. No se trata sólo de triunfar en este nuevo país, sino también de estar orgulloso de quién eres y de dónde vienes".

La voz de la esperanza

"No es sencillo para los jóvenes de la comunidad etíope, que a menudo crecen en condiciones socioeconómicas más bajas que sus pares. Muchos crecen con padres que llegaron a Israel de adultos con poca educación y que no hablan hebreo. Lamentablemente hay cierto racismo, y a algunos jóvenes etíopes les resulta difícil sentir orgullo de su origen".

Ser positivos está en nuestros genes.

"Mi mensaje es que no hay que vivir esperando que la sociedad te dé, no tienes que peguntarte qué pueden hacer los demás, sino qué puedes hacer tú mismo. La Torá dice que debes amar a tu prójimo como a ti mismo. Antes de poder amar a los demás, tienes que saber cómo amar, volverte un dador, comprometerte a tomar responsabilidad. Esta es nuestra lucha, asumir responsabilidad y preguntar qué podemos dar. ¿Cómo puedo amar a los demás?

"Ser positivos está en los genes del pueblo judío. A veces, como judíos podemos olvidar la grandeza que poseemos, la positividad y la esperanza, el tomar responsabilidad y no dejarnos derribar por los obstáculos del camino. Llevamos más de 2.000 años de creencia. Yo vivo con esta realidad cada día. Es un privilegio estar aquí y me siento repleto de agradecimiento a Dios".