Cuando comenzaron hace dos semanas las hostilidades entre Israel, Hamás y los árabes locales, eso me despertó la mezcla habitual de emociones. Enojo por la cobertura parcial de las noticias que describen a Israel como un estado paria. Tristeza por la pérdida de vidas inocentes en ambos lados. Y pura incredulidad ante la respuesta hacia Israel, especialmente por parte de mis hermanos judíos.

En unas pocas horas, mis redes sociales se inundaron con una serie de acusaciones contra el estado de Israel, tales como #IsraelApartheidState, #IsraelColonialState, y otras mentiras demasiado extremas para repetirlas aquí. En sólo 24 horas, conté 20 individuos que publicaron mentiras indefendibles sobre Israel, y ese número sigue creciendo. Hasta el momento en que escribo esto, identifiqué sólo 3 cuentas de las más de 500 de Instagram que sigo, que asumieron una postura pro Israel, mientras que decenas publicaron con orgullo contenido antiisraelí (y en algunos casos, abiertamente antisemita). ¿Dónde están las voces a favor de Israel?

Siempre empleé una política estricta de separar la política de los medios sociales, y en general mantengo un perfil bajo en Instagram. Esto se debe en parte a mi propia timidez, pero también al miedo a "despertar la turba". En cambio, tomé un curso de acción más seguro: donar dinero a AIPAC, escribir a mis senadores para expresar apoyo a Israel y quejarme sobre la situación con cualquiera que quisiera escucharme.

Pero pasan los días y las voces que difunden perniciosas mentiras sobre Israel suben de volumen. Las publicaciones pidiendo ""Palestina libre" se codean con las publicaciones que sugieren que el estado judío no tiene derecho a existir, e incluso que debe ser destruido. En retrospectiva, no debería sorprenderme que muchos en mi comunidad expresen un apoyo tan enérgico a un movimiento aparentemente empeñado en su propia destrucción. En un mundo en el que las noticias se entregan a través de fragmentos de sonido en una historia de Instagram, la moralidad está dictada por señales baratas de virtud, e Israel es demonizado en los campos universitarios por todos los rincones de los Estados Unidos, es normal que eventualmente los judíos sean víctimas de esta retórica.

Por eso decidí hablar...

En mi historia de Instagram publiqué una foto resaltando el derecho de Israel a defenderse. Luego agregué otra publicación que aborda las tendencias de los principales medios de comunicación que informan sobre el conflicto. Publiqué una y otra vez. Observé cómo aumentaban las opiniones sobre mi historia y esperé que se "despertara la turba" y viniera por mí. Preparé mis "puntos de conversación" y reflexioné sobre los peores escenarios posibles, en los que mis amigos dejaban de tener contacto conmigo por nuestras diferencias de opinión.

Pero nadie lo hizo. En cambio, recibí una decena de mensajes de apoyo de otras personas que (en sus propias palabras) sentían lo mismo que yo, pero estaban demasiado asustadas para hablar. "¡Es genial ver que hay gente que defiende a Israel!", dice un mensaje. "¡SÍ! Gracias por decir lo que yo pienso". El apoyo fue alentador, pero destaca un grave problema: en nuestra historia, con demasiada frecuencia, los judíos fueron víctimas mientras una mayoría silenciosa se mantuvo al margen.

Las tres distorsiones

Muchos somos afortunados de vivir en países que defienden la libertad de expresión y respetan el proceso democrático como virtudes básicas. A quienes se oponen a Israel les gusta silenciar a su contraparte de tres formas claves. En primer lugar, los activistas abruman sus redes sociales con imágenes del sufrimiento palestino, que incluyen principalmente a niños heridos y/o barrios destruidos. Pero falta el contexto crítico que explica cómo se manifestó esa situación.

Por ejemplo, hasta el momento quedó bien documentado que al menos 17 muertes palestinas fueron causadas por misiles errantes de Hamás que explotaron dentro de Gaza. Pero estos datos claves de inteligencia se excluyen deliberadamente de la narrativa pública. Las imágenes se seleccionan cuidadosamente para presentar un marcado contraste entre las victimas y los daños entre Israel y Palestina, el primero representado como un país privilegiado del primer mundo con daños mínimos, mientras que del segundo sólo se muestra el contexto de las espantosas víctimas civiles. Hamás está ausente de la historia.

Segundo, el apoyo a los palestinos se presenta como un imperativo moral para cualquiera que se atreva a considerarse una persona decente. En un extraño ejercicio de yoga mental, temas y grupos dispares se unen para crear un ejército de apoyo pro-palestino. A través de esta táctica llegan a la idea de que las personas de color deben mostrar solidaridad con los palestinos, y la manifestación más famosa de esto es la alianza entre el movimiento "Black Lives Matter" y los grupos pro-palestinos.

Además de carecer de méritos por sí mismo, este argumento ignora la gran población de judíos etíopes que viven en Israel y la rica diversidad étnica del pueblo judío, que abarca herencias africanas, indias y del Medio Oriente. Esto también dio lugar a afirmaciones respecto a que "los derechos palestinos son derechos LGBTQ", un ejercicio de disonancia cognitiva que no reconoce el hecho de que los homosexuales son condenados y perseguidos de forma rutinaria bajo el actual régimen palestino. A través de un mecanismo social de estilo orwelliano similar a los que se ven en las dictaduras modernas, les hacen creer a personas bien intencionadas que están "o a favor o en contra" de las corrientes políticas actuales (es decir, del apoyo a Palestina), y que deben transmitir su apoyo a los otros "miembros del partido".

La tercera forma en que los activistas palestinos silencian las voces pro Israel es mediante la propagación de una cultura de oposición militante. Quienes defienden con orgullo a Israel son viciosamente atacados en las redes sociales y reciben baños de insultos (con frecuencia antisemitas).

Luchar en las redes sociales

En este clima de intenso odio, ¿por qué una persona racional elegiría hablar? La respuesta es simple. Israel es juzgado en el tribunal de la opinión pública y el resultado de este "juicio" tiene serias implicaciones para el destino del estado judío. Con cada año que pasa, los Estados Unidos continúan evolucionando demográfica, política e ideológicamente hacia un apoyo cada vez mayor a la causa palestina. No es difícil imaginar un momento en el futuro cercano en el que los representantes del gobierno verán el apoyo a Israel como un inconveniente político, o incluso como un suicidio político. No podemos quedarnos al margen y permitir que Israel sea demonizado en el escenario público.

Como dijo Albus Dumbledore, mi mago favorito de la ficción: "Hace falta mucho coraje para enfrentar a tus enemigos, pero mucho más para enfrentar a tus amigos".

Para bien o para mal, la guerra contra Israel llegó a la frontera de las redes sociales y trae consigo nuevos desafíos. El contexto crítico, la historia compleja y las discusiones extensas son reemplazadas por frases virales e imágenes sensacionalistas. Los judíos deben enfrentar de lleno este desafío participando en la lucha por Israel en las redes sociales, ofreciendo una defensa fuerte, moralmente sólida y emocionalmente conmovedora del estado judío.

En teoría, esto no debería ser difícil. El argumento contra Israel existe en una red retorcida de mentiras, hechos parciales y acoso siniestro. Sólo se sostiene cuando lamentablemente la gente elige ser ignorante o intelectualmente deshonesta. El argumento en apoyo de Israel, en cambio, se basa en hechos, es históricamente sólido y moralmente defendible por cualquier estándar razonable. El aparato antiisraelí seguirá evolucionando y convirtiendo las mentiras en narrativas creíbles. Nosotros tenemos la responsabilidad de contrarrestar esas falsedades en voz alta y con orgullo, incluso si eso significa enfrentarnos con amigos y familiares.