En estos días estamos muy críticos. Todos nos sentimos bastante conflictuados respecto a cómo hay que comportarse durante esta pandemia y la lluvia constante de información contradictoria no nos ayuda en absoluto. Pero es muy lamentable que durante una situación en la cual la unión es crucial y beneficiosa, cada uno se retire a su rincón y decida que su posición (donde sea que se encuentre dentro el amplio espectro) es la única correcta.

Yo me siento afortunada de poder trabajar desde mi hogar y como me encuentro en el grupo de más de 60 años, me siento obligada a tomar el aislamiento con suma seriedad. No voy a ningún comercio (para eso tengo hijos y las compras por internet) y la salida más emocionante (y la única) que tuve en los últimos dos meses fue al dermatólogo.

Pero entiendo a quienes sienten diferente, a quienes les cuesta alimentar a su familia, mantener su autoestima o incluso su salud mental. No sé dónde debe trazarse la línea (obviamente está el tema de poner en riesgo las vidas de otras personas), pero pienso que tenemos que empezar a tener un poco más de compasión.

Hay personas que se burlaron de mi postura. Me atacaron, me dijeron en términos poco agradables que soy una tonta mal informada y que si entendiera mejor lo que pasa ya hubiera salido de la casa. Vi personas que atacaron a otros por no abrirles sus hogares. Vi barrios en conflicto respecto a los hijos de quién juegan afuera. Y veo a quienes están ocupados examinando quién volvió a contratar a la señora que ayuda con la limpieza, o no.

Todo esto me produce mucha tristeza. En este momento tenemos que unirnos, no dividirnos. Nuestros desacuerdos pueden manejarse con respeto y entendimiento. Sí, algunos comportamientos incrementan el riesgo para otras personas, pero yo puedo aislarme para evitarlo. Y aquellos que mantienen comportamientos más riesgosos tendrán que enfrentar las consecuencias no sólo de la posibilidad de enfermarse sino también de que ciertos miembros más “ancianos” de sus familias (es decir, sus padres) tengan que mantenerse alejados por lo menos mientras dure esta pandemia.

No digo que sea fácil. Extraño muchísimo a todos mis hijos y nietos que viven en otras ciudades y ellos me suplican constantemente que vaya a visitarlos, especialmente ahora que comenzaron a relajarse las restricciones. Pero espero que ellos entiendan mi posición. Lo último que quiero ahora es pasar 6 horas en un avión repleto de gente, con o sin máscara. Y ellos lo entienden, porque se preocupan por mi marido y por mí.

Así es como debemos relacionarnos: como si realmente nos importara y no limitarnos a hablar de la boca hacia afuera.

No necesitamos estar todos de acuerdo, pero como yo tengo un patio en el cual puedo tomar un poco de aire fresco, puedo llegar a sentir empatía por aquellos que van a la playa o a un parque para que sus hijos puedan respirar un poco y tengan lugar para correr un rato. Quizás como yo todavía tengo mi trabajo, puedo sentir empatía por quienes tienen que salir a buscar cómo ganarse unos pesos. Tal vez porque estoy rodeada de mi familia (aunque sea de una porción pequeña), puedo sentir empatía por quienes están solos y desesperados (literalmente) por un poco de interacción social. Quizás porque puedo delegar las tareas hogareñas a mi esposo (en estos días se volvió un experto limpiador de baños) y a mis hijos mayores, puedo sentir empatía por quienes tienen niños pequeños corriendo entre sus piernas, además de tener que ayudarlos a estudiar por zoom y encima tienen que trabajar…

Como todo en la vida, no conocemos los desafíos que enfrentan los demás. A quien sugirió que yo todavía soy (suficientemente) joven y saludable como para salir a la calle, quiero decirle que en verdad no tiene idea respecto a cuáles pueden ser mis desafíos. No conocemos todos los aspectos de la salud de los demás o si quizás hay otros miembros de la familia que tratan de proteger. ¿Por qué vamos a asumir que sabemos todo? ¿Por qué presumir de entender las cosas mejor que los demás?

Es lamentable que la oportunidad de estar juntos para luchar contra un enemigo externo no logre unirnos lo suficiente. Pero como individuos, cada uno puede marcar una diferencia. Todo comienza por no juzgar y dejar de sentir que tenemos la razón, entender que los demás piensan tanto como nosotros y tienen las mejores intenciones, tal como nosotros. Realmente tratar de entenderlos.