La semana pasada, en las noticias, hubo casi cada día un ataque en contra de judíos.

Escuché sobre niños que lloran porque tienen pesadillas y se pasan a las camas de sus padres.

Vi a Joseph Gluck describir el trauma de un niño que se escondió bajo una pila de abrigos mientras un demente agitaba su machete con odio lastimando a víctimas inocentes.

Leí las palabras de la familia de Joseph Neumann, quien fue atacado salvajemente en la masacre de Janucá. Ellos piden que recemos por su padre, que está conectado a un respirador y con abundantes suturas. Él puede sufrir daño cerebral permanente y quedar parcialmente paralizado por el resto de su vida. De hecho, es posible que nunca recupere la conciencia.

La víctima del ataque en Monsey, Joseph Neumann, en el hospital. Esta fotografía fue publicada por su familia el 1 de enero del 2020. La familia desea que todos entiendan la gravedad del odio. Por eso AishLatino.com decidió incluir la foto.

Vi una y otra vez filmaciones de viciosos ataques contra judíos. Judíos apuñalados. Judíos abofeteados. Judíos incitados. Judíos escupidos. Judíos golpeados en la cabeza con una mesa. Judíos golpeados en la cara con un teléfono celular. Judíos arrojados al suelo. Judíos amenazados en el autobús y en el subterráneo.

Las sinagogas y los supermercados kósher son ahora los sangrientos campos de batalla de nuestra nueva guerra.

¿Y qué pasa con las vidas perdidas, los huérfanos y las viudas, las pesadillas que quedan?

No estamos hablando sobre el Holocausto, pogromos o historia antigua. Esto es ahora. En el año 2020.

¿Qué está pasando?

El antisemitismo no es nuevo. Pero fue reinventado, y ahora comenzó a desplegarse como una plaga mortal. No hay forma de saber hacia dónde se dirigirá.

Para poder confrontar este "cáncer" debemos ver lo que ocurre y trabajar para encontrar soluciones reales.

En primer lugar, vamos a manifestarnos en contra de la “fatiga del Holocausto”.

Yo soy una mujer que nació sobre las cenizas del Holocausto. Desde que era una niña pequeña, esas fueron nuestras historias de fe y fortalecimiento. Recibí mi nombre en honor a mi abuela, quien entró a las llamas de Auschwitz con el Shemá en sus labios. Al crecer, entendimos lo que significa vivir por aquellos que murieron por haber nacido judíos. Teníamos un mandato, una misión y un legado. Sabíamos exactamente cómo nuestros abuelos y nuestros padres fueron atrapados, encerrados en vagones de ganado y obligados a permanecer de pie en medio de la nieve mientras pasaban lista. Los perros ovejeros alemanes de los guardias nazis los amenazaban a muerte cada día.

Cada viernes a la noche enciendo las velas de Shabat en los candelabros que mi abuela enterró antes de que se la llevaran. Su luz brilla a través de mí.

Pero ahora me paro para hablar en una escuela. Comienzo a contar la historia de mi madre en Bergen Belsen. Observo a la audiencia de estudiantes y encuentro miradas perdidas. Estos son niños judíos. Detengo mi charla y les digo: “Levanten la mano si alguna vez oyeron hablar sobre Bergen Belsen”. Se levantan unas pocas manos. No puedo creerlo. Quiero gritar. El cielo y la tierra son testigos de la brutalidad, del asesinato, pero nuestros propios hijos lo han olvidado. ¿Cómo nos atrevemos a perder nuestra memoria como pueblo?

Si nuestros hijos son ignorantes, ¿qué esperamos del resto del mundo?

Hay un sentimiento colectivo respecto a que hablar del Holocausto es algo pasado de moda, hay que seguir adelante, ya no es relevante. Los sobrevivientes que quedan son pocos. Nosotros somos quienes debemos llevar adelante la antorcha del recuerdo. Si no, la sangre de nuestros hermanos clamará desde la tierra. Nosotros somos los guardianes de nuestros hermanos.

Debemos brindarle a la nueva generación una identidad judía.

Debemos hacer más que ir a museos y gritar consignas. Este no es un debate sobre más seguridad, autodefensa, la segunda enmienda o patrullas de barrio.

Se trata de brindarle a la nueva generación una identidad judía. Hijo mío, ¿quién eres? ¿De dónde vienes y adónde vas? ¿Has sentido el fuego que arde en tu alma?

Se trata de enseñarles a los demás, para que entiendan que somos una nación que fue perseguida y atormentada, pero que nuestra respuesta siempre fue crear, no devastar. Para crecer mejor, no para ser más amargados. Véannos como nosotros los vemos a ustedes. Todos fuimos creados a la imagen de Dios.

También nuestros campus universitarios se volvieron nidos de odio.

Se volvió aceptable, incluso “de moda”, atacar a Israel y vomitar el odio del movimiento BDS. Cualquiera que se atreve a defender a Israel se convierte en el siguiente blanco de intimidación. Los profesores hablan abiertamente contra Israel citando la libertad académica y la libertad de expresión. Pero no te equivoques. Este es el mismo antisemitismo envuelto en un nuevo paquete de 'eliminar a Israel y al estado judío'.

”Escuchen. Yo ya vi esto antes… el mundo arde y nosotros estamos dormidos”. Rebetzin Esther Jungreis.

Debemos unirnos para combatir el veneno que se difunde de universidad en universidad. Debemos ayudar a nuestros hijos universitarios a mantenerse fuertes frente al odio. Esto implica fortalecerlos con conocimiento, con sabiduría judía e historia, tradiciones que brindan fuerza y comunidad. No podemos dejar que nuestros hijos se acobarden o se debiliten. Espiritualmente ellos están desnutridos.

Hablé con algunos jóvenes que piensan: “Si no me veo como judío, nunca me van a perseguir”. Si el Holocausto y nuestro pasado nos han enseñado algo es que este antiguo odio no diferencia entre distintas clases de judíos. A ningún judío le preguntaron cuán religioso era antes de llevarlo a las cámaras de gas. Y a ningún judío en las universidades le preguntan sobre su observancia. Si no puedes mantenerte fuerte y orgulloso de tus creencias, ¿en qué clase de mundo vives? Estos estudiantes universitarios serán nuestros próximos médicos, abogados, artistas, técnicos y líderes gubernamentales. Este es nuestro futuro. Debemos dejar de aceptar lo loco como normal.

Después del ataque a la Sinagoga Tree of Life, yo cité en AishLatino.com a mi madre, la Rebetzin Esther Jungreis, quien dijo:

”Escuchen. Yo ya vi esto antes… el mundo arde y nosotros estamos dormidos”.

Por amor a Dios, despertemos de una vez por todas.