Abdul Hussein Sardari, un diplomático iraní estacionado en París, hizo todo lo posible para proteger a los judíos iraníes de las garras de la persecución nazi.

Sardari nació en 1914 y era miembro de la distinguida familia Pahlavi. En su adolescencia dejó Teherán para continuar su educación en Europa. En 1925, su familia en Irán tomó el control del país en lo que se conoció como el comienzo de la dinastía Pahlavi. En 1936 Abdul Hussein se graduó como abogado en la Universidad de Ginebra en Suiza y se unió al servicio diplomático. En 1940 lo asignaron a la prestigiosa embajada de Irán Paris, justo cuando Hitler invadió Francia.

Cuando muchos escaparon, Sardari quedó a cargo del consulado de Paris.

Francia estaba dividida. Los Nazis tomaron el norte del país y en el sur había un régimen francés pro-nazi bajo el mando del mariscal Philippe Petain, que estableció su cuartel general en la ciudad de Vichy. La mayoría del personal de la embajada de Irán escapó a la relativa calma del sector de Vichy. El embajador, el cuñado de Sardari, regresó a Irán, y Sardari quedó como Cónsul General, encabezando a un reducido equipo en París. Al ocupar este cargo, se vio impulsado por un sentido del deber y de responsabilidad personal y ayudó a varios cientos de judíos iraníes cuyas vidas estaban en peligro debido a la persecución nazi.

Los judíos iraníes en Francia

Francia, en especial Paris, era un destino popular para los iraníes. Miles de iraníes llegaban a la ciudad a estudiar, a trabajar o simplemente de vacaciones. En París se asentó una considerable comunidad. El historiador Fariboz Mokhtari, que relata en detalle la historia de Sardari en su libro “In the Lion’s Shadows” (A la sombra del león), afirma que la comunidad iraní en París era muy exitosa. “Celebraban las festividades iraníes, algunos poseían grandes y lujosas casas y tiendas”.

Irán era un aliado útil para Alemania en la frontera suroeste con la Unión Soviética. Los países tenían una relación cercana. Alemania era el mejor socio comercial de Irán. De todos modos, los lazos se profundizaron a partir de 1933 cuando Hitler subió al poder con su perspectiva de jerarquía racial, en la que aseguraba que los iraníes, como los alemanes, tenían sangre superior. Esta visión se convirtió en ley cuando en 1936 Hitler declaró que Irán era un estado ario. Esto sirvió para masajear los egos de los nacionalistas iraníes. Los intercambios diplomáticos y comerciales continuaron durante los años del gobierno de Hitler.

Una familia judía iraní en la época de la guerra en Francia

Ese mismo año, el Dr. Hjalmar Schacht, ministro de finanzas alemán y presidente del banco Reich, visitó a Reza Shah, el mandatario de Irán, y un año después Hasan Esfandiari, vocero del parlamente iraní, visitó Berlín.

Los judíos iraníes

Los judíos vivieron en Persia durante miles de años. La presencia judía más antigua registrada data de la época del exilió tras la destrucción del Primer Templo, en el año 586 AEC. Bajo el nuevo mandato de la dinastía Pahlavi, la cual trajo una ola de modernización y reformas, la comunidad judía estuvo más protegida. En consecuencia, Reza Shah le informó a Hitler que él consideraba que los judíos iraníes estaban completamente asimilados a los iraníes y que se ofendería si llegaban a colocarlos de cualquier manera en una lista negra.

Aunque no le gustó la idea, Hitler aceptó a regañadientes, al menos a corto plazo, mientras le resultara conveniente que los judíos iraníes no fueran clasificados oficialmente como enemigos del Reich.

Sardari, ahora Cónsul General en Paris, aprovechó al máximo esta decisión, que le dio una oportunidad para proteger a sus compatriotas que vivían bajo la ocupación alemana.

Uno de los primeros pasos fue ayudar a los judíos a esconderse tras el elevado estatus otorgado a los iraníes en general, emitiéndoles pasaportes que no hacían referencia a su religión. Posteriormente, Sardari argumentó que aunque los judíos de Irán seguían algunas de las tradiciones de Moshé, ellos habían vivido en Persia durante mucho tiempo y se habían asimilado tanto a la cultura persa, que ya no eran racialmente distinguibles como judíos. Él los clasificó con un nuevo término, "jugutus", un grupo que seguía algunas prácticas mosaicas pero que en realidad no eran racialmente judíos.

En 1940 Sardari escribió: “Sólo en virtud de su observancia de los principales ritos del judaísmo" los jugutus podían ser confundidos con judíos. “En virtud de su sangre, su lenguaje y sus costumbres, ellos están asimilados a la raza nativa y tienen el mismo linaje biológico que sus vecinos, los persas y los sartes (uzbeks)”.

Apoyado en investigaciones pseudocientíficas y aprovechando las maquinaciones de Hitler con Irán, así como agasajando con cenas a los oficiales nazis en la ciudad, Sardari logró convencer de su lógica a varios burócratas importantes de la Gestapo. El historiador Fariboz Mokhtari explicó que sus esfuerzos llevaron a que los judíos iraníes en Paris estuvieran exceptuados de usar la estrella de David amarilla.

“Sardari, con su educación legal, su experiencia diplomática y considerable ingenio, con gran valentía aprovechó al máximo la clasificación, al punto de llegar a enojar a personas tales como Adolf Eichmann”, escribió Mokhtari.

La emisión de pasaportes y documentación

De acuerdo a Mokhtari, Sardari emitió cientos y quizás miles de pasaportes y formularios de documentación para judíos iraníes que acudieron a él pidiendo ayuda.

Ibrahim Morady, quien había sido un amigo de Sardari y recibió su ayuda, dijo sobre el diplomático: “Su gobierno le dijo que regresara a Persia, pero él respondió: ‘No puedo dejar a un montón de judíos iraníes, ellos serán deportados’”. Y agregó, “(Sardari) era muy, muy activo”.

Ibrahim Morady y su esposa en la Francia ocupada

Sardari también ayudó a judíos que no eran de descendencia iraní. Morady contó un caso en el que una declaración jurada emitida por Sardari ayudó en París a un médico judío ruso que había sido detenido e interrogado por los nazis. “(Ese documento) le salvó la vida. La declaración jurada decía que esas personas no eran judías sino jugutus”, dijo Morady.

Temblar de miedo

Eliane Senahi Cohanim, la sobrina de Morady, recuerda que cuando ella tenía siete años para lograr escapar del país confiaron en los pasaportes que Sardari emitió para su padre, George Senahi, un próspero mercader textil.

Previamente la familia había intentado salir de la Francia ocupada y regresar a Irán, pero se los impidieron. Asustados, primero se escondieron en el campo y luego acudieron a Sardari en Paris, donde ahora había una intensa presencia de la Gestapo. Sardari les emitió nuevos documentos.

“Recuerdo que cuando tratábamos de escapar, en todas partes nos pedían nuestros pasaportes. Recuerdo que mi padre los entregaba y ellos los observaban y después nos observaban a nosotros. Era aterrador".

“En las fronteras, mi padre realmente temblaba”, recuerda la Sra. Cohanim, quien vive ahora en California.

Otro judío iraní, Jaim Sasson también se benefició de la bondad de Sardari cuando el diplomático le ofreció esconder su colección de antigüedades en el sótano de su casa cuando Sasson escapó. Después de la guerra, Sardari mandó un mensaje a Sasson diciéndole que podía regresar a recuperar su propiedad.

Era mi deber”

Después de la guerra, Sardari regresó a Teherán donde enfrentó acciones disciplinarias por haber emitido pasaportes iraníes injustificados. Le llevó diez años limpiar su nombre, tras lo cual se retiró del servicio diplomático y se mudó a Londres, en donde tenía familia.

En 1979, las fuerzas de Revolución Iraní leales al Ayatollah Khomeini, derrocaron a la dinastía Pahlavi, marcando el comienzo de una nueva era de dominio islámico religioso. Sardari supo que en medio de la lucha habían ejecutado a su sobrino, quien había sido un destacado político, y que saquearon y destruyeron gran parte de su propiedad en Irán.

Cuando comenzaron a salir a la luz los rumores de sus acciones durante la guerra, algunas de las personas que él salvó testificaron en beneficio de Sardari, pero él se abstuvo de hablar públicamente. Tras una consulta de Yad Vashem en 1978, Sardari escribió en respuesta: “Como deben saber, tuve el placer de ser el Cónsul de Irán en Paris durante la ocupación alemana de Francia, y como tal era mi deber salvar a todos los iraníes, incluyendo a los judíos iraníes”. Sardari falleció tres años más tarde, en 1981.

En el 2004, el Centro Wiesenthal honró póstumamente a Sardari con un premio que le entregaron a su sobrino, Fereydoun Hoveyda, quien fue embajador de Irán en la ONU en los años 70. A la ceremonia asistió Ibrahim Morady, quien finalmente tuvo la oportunidad de expresar su agradecimiento al valiente diplomático que le salvó la vida.