“La vida no volverá a ser lo mismo…”

Evento de Afrashat Jalá en MelbourneEvento de Afrashat Jalá en Melbourne.

James Kennard, el director de Mount Scopus Memorial College en Melbourne, estaba reflexionando sobre el extraordinario Shabat que muchos creen que cambió la cara de la judería de Melbourne. Pero él podría haberse estado refiriendo de igual forma a todo el resto del mundo judío.

El 24 y 25 de octubre, se sintió y se celebró un Shabat a lo largo del mundo como ninguno antes. En 460 ciudades en Los Ángeles, Londres, Melbourne, Moscú, Buenos Aires, Berlín, Tel Aviv, Tokio, Manila, Montreal, Addis Ababa, Ashkelon, Sao Paulo, Seattle y todas las ciudades entre medio judíos de todo tipo se unieron para observar juntos un Shabat completo.

El Shabat Project debutó primero en Sudáfrica en el 2013 a cargo del Gran Rabino del país, Dr. Warren Goldstein, quien junto con el director creativo Laurence Horwitz y un talentoso equipo de estrategas, expertos en medios sociales, directores de proyecto, diseñadores y escritores en Johannesburgo, se aseguraron de que la iniciativa se convirtiera en un fenómeno global en el 2014.

La iniciativa fue un éxito total y las historias no paran de llegar.


Concierto de Havdalá en Buenos AiresConcierto de Havdalá en Buenos Aires.

En Buenos Aires, miles de familias judías recibieron a otros que nunca antes habían experimentado Shabat. Una persona consiguió la lista de las personas en su barrio e invitó a todos aquellos que tenían apellidos judíos. Otra persona reportó haber cuidado Shabat aunque nunca había ni siquiera ayunado en Iom Kipur.

Iara Antebi Sacca, una estudiante universitaria local, asistió a una cena para jóvenes de una ciudad del centro para 100 personas: “La energía era increíble. Nunca había estado en un evento tan significativo y de tanta unión. Éramos tan diferentes los unos de los otros, pero había algo más grande que nosotros mismos uniéndonos”.

En Toronto, cuatrocientas familias fueron reunidas con anfitriones de Shabat a través del sitio web del Shabat Project, mientras que otras mil familias más fueron asignadas dentro de la comunidad a través de fiestas de barrio. “Tuvimos 24 shuls participantes que tenían programas durante toda la noche y el día”, dice Dena Bensalmon, quien pasó la noche del viernes saltando de mesa en mesa a lo largo de la ciudad para vivenciar la mayor cantidad de eventos posible. Ella cree que se encontró con 3.000 personas esa noche.

Una comunidad en particular en Toronto puso mesas de Seudá Shlishit para 250 personas y asistieron 1.000. Muchas de las sinagogas de la ciudad reportaron desbordamientos.

Simón Pinto reporta el mismo fenómeno en Sao Paulo, Brasil. En una de las sinagogas de la ciudad, asisten en promedio 30 personas a un servicio regular de Shabat. Este Shabat, hubo 712. Otra que normalmente atrae a 50 asistentes tuvo que hacer lugar para 400. Y estas fueron solamente de las que Pinto escuchó. Hubo otras 26 a lo largo de la ciudad involucradas en el Shabat Project.

En Montevideo, Uruguay, un servicio de viernes por la noche recibió a 450 personas que tuvieron que apretarse en una sinagoga que solamente puede sentar a 350. El Gran Rabino de Uruguay Ben-Tzion Spitz, quien ofició en el servicio, sintió como si estuviera reviviendo sus viejos tiempos como consejero juvenil de la NCSY.

“Muchos estaban experimentando su primer Kabalat Shabat”, cuenta él. “Yo iba más rápido y más lento, mostrándole a las personas el lugar en el libro de rezos, alentándolos a participar y pidiéndoles a aquellos que ya están familiarizados con lo que estábamos haciendo que ayudaran a otros a su alrededor. Los cantos fueron fuertes y emotivos e incluso nos arreglamos para bailar un poco en el angosto pasillo que quedaba para caminar”.

Afrashat Jalá en Hong Kong.Afrashat Jalá en Hong Kong.

En Hong Kong, en donde se llevaron a cabo cenas a lo largo de la ciudad, una familia caminó 16 kilometros al shul. Y en Rótterdam, Holanda, Yehuda Vorst que dirige la Casa de Jabad local, reportó que algunos caminaron más de una hora para llegar al shul el viernes por la noche y nuevamente en Shabat por la mañana, mientras que aquellos que no estaban a una distancia caminable se quedaron en hoteles en el área.

Daniel Cohen, un estudiante de 19 años de Seattle, asumió el liderazgo del Shabat Project en su ciudad. Su motivación era clara. “Tanta gente de la comunidad de Seattle vive en su propio pequeño mundo, nadie realmente se conoce, entonces nadie se comunica realmente. Esta me pareció la oportunidad perfecta para que nuestra comunidad se una bajo el estandarte del orgullo judío, bajo el estandarte de Shabat”.


Cenas en la calle, algunas involucrando hasta mil personas, se llevaron a cabo por todo el mundo, incluyendo una en virtualmente cada barrio en Johannesburgo, y otra en Melbourne que sentó a las personas en una sola mesa larga que alcanzaba a medir casi medio kilómetro.

Se levantaron carpas en los patios de las personas, y comedores, salones y cocinas fueron unidos, ya que las casas estaban llenas de pared a pared con invitados. La familia Hoff de Golders Green, Londres, recibió a 100 personas para el almuerzo en una gran carpa en su jardín, mientras que en el contiguo suburbio de Hendon, la familia Nissim recibió a un Shabatón completo de 150 personas en su casa. Simon de Winter de Melbourne fue anfitrión de una cena de viernes por la noche para 70 amigos. Su única condición, que ellos caminaran a su casa y de regreso.

“Me sorprendí”, dice él. “Ellos no solamente vinieron el viernes en la noche, regresaron a almorzar al día siguiente. Y ellos no solamente caminaron, sus familias completas cumplieron Shabat en su totalidad”.

En Aventura, Florida, Israel Abisror planificó recibir a 15 invitados para cenar en su casa. Casi de un día para otro, 15 se convirtieron en 125, y tuvieron que conseguir un salón local, un equipo de catering y un grupo de voluntarios comunitarios.

Persha Valman, de la cuadra Ajuza 161 en Raanana realizó una cena de viernes por la noche a la cual invitó a todo su edificio. 60 personas vinieron “de todos los tipos”.

“Fue una velada maravillosa de excelente comida, excelentes canciones y de conocernos”, dice él. “Para la mayoría de nosotros, era la primera vez que conocíamos a nuestros vecinos”.

En Dallas, Marcy Abadi Rhoads y cuatro de sus vecinas fueron puerta tras puerta en su vecindario, dejando una invitación para Shabat y un par de velas, así como también información sobre el Shabat Project, en cada casa donde había una mezuzá.

“Nos encantó tener a 28 personas nuevas para cenar”, dice ella, “y tener a siete familias todos cuidándolo juntos”.

Una comunidad en Sharon, Massachussets, tuvo listas de personas para inscribirse a cuidar un Shabat completo por primera vez.

“En la cena de Shabat el viernes por la noche, la atmósfera estaba cargada con celebración eufórica a través de cantos, rezos, excelente comida y comunidad”, dice Robbie Kirshner, quien se describe a sí mismo como “un judío conservador apenas practicante”.

“Estoy increíblemente agradecido con mi familia anfitriona en Sharon quienes me recibieron en su casa, en ningún momento me juzgaron o cuestionaron mi nivel de observancia, caminaron conmigo hacia y de regreso al shul, y me introdujeron a la sagrada experiencia de Shabat”.

“El sábado por la noche”, continúa Kirshner, salí a contemplar el magnífico toldo de estrellas, maravillándome con la creación de Dios y reflexionando sobre todo lo que había aprendido y sentido durante las ultimas 25 horas”.

Dasi Lefkowitz, una mujer religiosa de la Givat Tzarfatit en Jerusalem, dice que cuando se sentó en su mesa junto con 12 invitados no observantes que nunca antes había visto, hubo una sensación en el aire de que algo especial estaba ocurriendo.

“No éramos extraños, sino una nación, una familia. Hubo cantos y bailes hasta después de la medianoche”.

Ella describe la Seudá Shlishit comunitaria que se realizó al día siguiente en la Givat Tzarfatit, en la que cientos de judíos observantes y no observantes se reunieron, como “surrealista de una forma maravillosa”.

En otra parte de Israel, Tel Aviv albergó una selección de coloridos e innovadores eventos, incluyendo un Kabalat Shabat al estilo Carlebaj, un Kidush de champaña en la Playa Frishman, y un picnic conjunto en el Parque de Independencia. Y en Beit Shemesh, celebraciones después de la cena, más conocidas como Oneg Shabat se realizaron por toda la ciudad, con refrigerios, canciones y bailes, desparramándose hacia las calles.

Concierto de Havdalá de Sydney.Concierto de Havdalá de Sydney.

En Sydney, cerca de 10.000 judíos un cuarto de la población judía local estuvieron involucrados en actividades del Shabat Project. “Los suburbios orientales de la ciudad estuvieron llenos de judíos de todas las denominaciones y niveles de observancia saludándose los unos a los otros en las calles y asistiendo a servicios rebosantes”, reflexiona el autor Tuvia Book, quien estaba en una gira de conferencias en Australia en ese momento.

“Una vez que Shabat había llegado”, dice Lindy Wertheim, una residente de Sydney cuidando su primer Shabat, “fue un placer tan grande no tener la distracción de un teléfono móvil sonando o el constante parpadeo de la TV. No había nada urgente que hacer. Podía simplemente relajarme y seguir la corriente. Hubo varios momentos en los que sentí una fuerte conexión con Dios, una sensación no solamente de judeidad sino de goce espiritual”.

Para otros, como Joelle Chandler, las alegrías fueron de una variedad más práctica.

“Esta fue la primera vez que realmente me sentí relajada durante un sábado. La tarea no era una excusa para romper Shabat; ¡Shabat era una excusa para ignorar la tarea!”


Estas son algunas de las anécdotas personales. Una mirada al cuadro completo es igualmente inspiradora. En Inglaterra, más de 100 comunidades en 22 ciudades participaron. En Israel, cientos de miles de israelíes seculares asistieron a celebraciones del Shabat Project. Además de Sydney, Melbourne y Johannesburgo, Toronto, Miami y Buenos Aires todas reportaron cifras de participación extraordinarias.

Sin embargo son las ciudades socias menos probables las que realmente capturaron la imaginación de las personas, y que quizás encapsularon mejor el espíritu del Shabat Project. Al igual que la Coca-Cola, ¡el Shabat Project estuvo en todos lados!

En Angola por ejemplo. “Tuvimos a más de 40 judíos confirmados para un servicio de viernes por la noche, Kidush y comida de Shabat”, le dijo Elazar Benjamín, un residente de Luanda, a la oficina central del Shabat Project. Mientras tanto, la comunidad de Quito, Ecuador, disfrutó de una escapada de Shabat Project en el hotel Rumipamba de las Rosas, a una hora y media de la ciudad. 100 personas asistieron un tercio de la población judía del país. En Graaff-Reinet en el desierto Karoo de Sudáfrica, el único habitante judío del pueblo se unió a dos judíos que estaban de paso para un Shabat que ninguno de ellos olvidará fácilmente. Y en el miércoles anterior al Shabat Project, alguien incluso escribió desde Maldivas: “Somos un pequeñito país constituido por islas, justo al sur de India y Sri Lanka, y es 100% musulmán, así que me imagino que nosotros seremos los únicos cumpliendo Shabat aquí”. La oficina central del Shabat Project también confirmó que judíos en Camboya, Jamaica, Fiyi, Finlandia y Zambia se registraron para cumplir Shabat.


Por supuesto, la iniciativa era sobre más que solamente Shabat. De hecho, fueron las Afrashat Jalá realizadas en su mayoría el jueves anterior al gran Shabat que pusieron las celebraciones del Shabat Project en movimiento.

Estos eventos extraordinarios acogieron a mujeres de todas las edades y niveles de observancia reuniéndose en masa en ciudades alrededor del mundo para preparar masa de Jalá, muchos de ellos con música en vivo, cantos y bailes espontáneos.

En el Centro de Convenciones de Miami Beach, 4.600 mujeres mezclaron 10.000 huevos, 1.800 kilos de azúcar, más de 740 litros de aceite vegetal, 114 kilos de sal, 5.600 kilos de harina, 2.373 litros de agua y 70 kilos de levadura en alrededor de 9.000 panes.

No mucho más atrás, Buenos Aires reunió a 4.500 mujeres en un parque de la ciudad junto a un lago, con una fila que cubría tres cuadras. Viviana Tarrab, una de las 300 voluntarias de esa noche, presenció a cuatro generaciones de su familia “amasando juntas”.

“No podía creer la alegría en la cara de mi madre a medida que ella le explicaba a sus sobrinas, primas e incluso a sus bisnietas en la mesa como preparar Jalá”, cuenta ella. Algunas amigas mías muy “finas” que nunca habían tocado harina en sus vidas estaban llorando literalmente llorando de la emoción”.

Al mismo tiempo una Afrashat Jalá en Londres atrajo a más de 3.000 mujeres. La respuesta fue tan grandiosa que había casi 800 en lista de espera para el evento que se realizó en el estadio del parque Allianz, casa del club de rugby de los Saracens.

En otros lugares de Europa, una Afrashat Jalá en Paris fue presidida por el Chef de Pastelería en Jefe del presidente francés, mientras que una Afrashat Jalá en Antwerp atrajo a la multitud más diversa imaginable, desde los ultra jasídicos hasta los completamente no religiosos.

Afrashot Jalá con boletos completamente vendidos también se realizaron en decenas de ciudades a lo largo de América del norte, sur y central, incluyendo San Diego (anunciado como uno de los más grandes eventos de cocina al aire libre de la historia de San Diego), Toronto y Ciudad de México (cada uno con 2.500 asistentes).

Quizás el evento más extraordinario ocurrió en el Monumento a la Guerra de Johannesburgo, en donde más de 3.000 de las 5.000 personas que se habían inscrito desafiaron un torrencial aguacero y se quedaron después para bailar y cantar juntas bajo la lluvia.


Y tal como el primer Shabat Project internacional comenzó en grande, también concluyó así. Cuando salían las estrellas el 25 de octubre, jubilosas escenas surgían a lo largo de todo el mundo. Y las personas dieron rienda suelta a sus sentimientos de la mejor forma posible a través de canciones y bailes acudiendo en manada a conciertos de Havdalá en el que se ha convertido ahora oficialmente en el fin de semana más ocupado del año para los músicos judíos.

El fenómeno a capella, los Maccabeats, se unieron al coro de las FDI para un concierto en San Diego transmitido por las noticias de TV locales; el músico Israelí Gad Elbaz y el cantante folklórico Shlomo Katz tocaron ante 1.800 personas en Toronto; y después de dar el puntapié inicial de la Afrashat Jalá de Five Towns, Eitan Katz (el hermano de Shlomo) viajó más de 5.150 kilómetros, terminando la celebración del Shabat Project de Dallas con un concierto de unidad en el Metroplex. Mientras tanto, Soul Farm rockeó en la playa de Manhattan y la sensación del pop Alex Clare se unió con la Moshav Band en un mojado pero animado concierto al aire libre en Johannesburgo.

Pero fueron Melbourne y Buenos Aires quienes compitieron por los eventos más grandes. El concierto en la capital argentina, organizado con la ayuda del gobierno y con transmisión en vivo en televisión nacional, atrajo a 13.000 personas a un parque de la ciudad cercano al planetario de Buenos Aires.

Y al otro lado del océano, unas 10.000 personas se reunieron en el parque Caulfield, en Melbourne para uno de los eventos independientes judíos más grandes en la historia de la ciudad.

“Estuvimos bajo las estrellas, cantando con la banda, fascinados por los fuegos artificiales”, reflexionó Kennard. “Pero no fue solamente el espectáculo lo que nos unió en alegría, fue el entendimiento de que habíamos sido parte de algo tremendo, y que la vida nunca sería lo mismo. Lo habíamos cumplido juntos”.

Aunque él mismo no cuida Shabat, De Winter se apasionó con el Shabat Project desde el primer momento en que escuchó la idea.

“Es difícil describir lo que ha ocurrido aquí”, titubea. “Es simplemente abrumador. El impacto ha sido profundo. La ciudad ha cambiado”.


Ali Martell, una reconocida escritora y fotógrafa de Toronto, redescubrió Shabat después de cuidarlo por primera vez en años.

“Algo interesante pasa cuando tus niños tienen que jugar un real juego de mesa en vez de algo que requiere apretar botones. Algo interesante ocurre cuando te sientas en el sillón con una manta, un libro y un poco de te y no puedes usar tu control remoto para ponerte al día con la a menudo decepcionante pero que no puedo dejar de mirar— serie Grey’s Anatomy. Algo interesante ocurre cuando te sientas a comer con amigos y simplemente hablas, ya que no pueden usar los teléfonos, no puedes usar Instagram, no puedes atender una llamada rápida de trabajo y no puedes simplemente mirar ese adorable video del panda que todos están compartiendo por Facebook”.

Martel se sumó al equipo para ayudar a capturar la magia en la Afrashat Jalá de Toronto y el concierto de Havdalá.

“Y entremedio de esos dos eventos ocupados y llenos de energía”, dice ella, “Paré, descansé, dejé la cámara, y cuidé Shabat. No fue la primera vez. Pero es la primera que me penetró. Este es un Shabat que se quedará conmigo”.

Así como también se quedará con muchos otros.