Los judíos fundaron el Estado de Israel moderno hace 66 años. Para muchas personas, este evento prueba la increíble visión profética de Teodoro Hertzl, el visionario que se atrevió a soñar que aquellos exiliados por casi 2000 años reclamarían la tierra de sus ancestros. Y ciertamente la increíble historia de la resurrección judía después del Holocausto le otorga una validez considerable a las habilidades proféticas del fundador del movimiento sionista.

Pero la historia contemporánea nos obliga a reconocer que Teodoro Hertzl cometió un gran error de cálculo. Es un error que debemos reconocer, incluso mientras nos alegramos en nuestras celebraciones actuales de independencia.

Lo que motivó a Hertzl a dedicar su vida a la creación de un estado judío fue el Caso Dreyfus en Francia. Como escritor y periodista judío asimilado, Hertzl se conmovió con el intenso antisemitismo que presenció durante el juicio del Capitán Alfred Dreyfus, un oficial judío en el ejército francés, quien fue falsamente acusado de traición. Él se conmovió particularmente con las masas en Paris gritando, “Muerte a los judíos”. Con el incentivo del liderazgo del ejército y el liderazgo de la iglesia católica, una ola de antisemitismo azotó Francia durante el juicio.

Fue solamente años más tarde que se probó la inocencia de Dreyfus, pero el juicio en cuestión llevó a Hertzl a concluir que los judíos eran una nación diferente que nunca sería completamente aceptada por sus naciones anfitrionas. Por lo tanto, él determinó que la única solución verdadera al problema del antisemitismo era que los judíos tuvieran su propio estado.

Lejos de poner fin al antisemitismo, la existencia de Israel ha incitado a los enemigos de los judíos a alcanzar incluso mayores alturas de odio.

“Una vez que comencemos a ejecutar el plan”, escribió Hertzl en su Estado Judío, “el antisemitismo cesará de una vez y para siempre en todas partes. Porque será la conclusión de la paz”.

Pero esa parte del sueño de Hertzl se ha convertido en una pesadilla. Lejos de poner fin al antisemitismo, la existencia de Israel ha incitado a los enemigos de los judíos a alcanzar incluso mayores alturas de odio, ya que disfrazan su enemistad con el judaísmo en términos políticos como si fueran solamente anti sionistas.

Lo que siempre ha marcado al antisemitismo a lo largo de las épocas fue su fundamental resistencia a la razón. Los rabinos del Talmud lo explicaron bien a través de un incidente que involucró al emperador romano:

Cierto judío se encontraba caminando por la calle cuando el emperador romano pasó por ahí. El judío lo saludó. “¿Quién eres tú?” preguntó Hadrian. “Soy judío”, contestó el hombre. El emperador se enfureció. “¿Cómo se atreve un judío a saludarme? Que lo ejecuten por esta imprudencia”.

Al día siguiente otro judío de casualidad estaba caminando cuando el emperador pasó. El hombre había aprendido del incidente del día anterior y no se atrevió a saludar al emperador. Hadrian nuevamente mostró su ira. “¿Quién eres tú?”, demandó él. El hombre no contestó. Hadrian entonces gritó: “Que imprudencia de este tipo de pasar caminando al lado mío y no saludarme. Que sea ejecutado por su falta de respeto”.

Sus consejeros luego dijeron: “señor, no entendemos su norma. Ayer un hombre fue ejecutado por saludarlo. Hoy otro hombre es ejecutado por no saludarlo”.

Hadrian respondió “¿Por qué intentan enseñarme cómo comportarme hacia los judíos? Lo que sea que ellos hagan es incorrecto” (Eijá Rabá 3:41).

Para los antisemitas, los judíos son demasiado liberales o demasiado conservadores, demasiado avaros o demasiado derrochadores, demasiado pasivos o demasiado prepotentes, demasiado caritativos o demasiado egoístas, demasiado religiosos o demasiado seculares; escoge cualquier característica y los judíos han sido culpados ya sea por tener demasiado de ella o no tenerla en absoluto. Los judíos son el chivo expiatorio de los pecados de todo sistema político. Max Nordau, el gran líder sionista, lo dijo bien: “Los judíos no son odiados porque tienen cualidades malvadas; se busca en ellos cualidades malvadas porque son odiados”.

¿Puede alguien explicar racionalmente las manifestaciones contemporáneas de antisemitismo camufladas de anti sionismo?

Hay un movimiento mundial que es conocido por las letras mayúsculas BDS, Boicot, Desinversiones y Sanciones. El movimiento llama justamente a eso… boicotear, desinvertir e imponer sanciones solamente sobre un país en el mundo: el estado de Israel. Solamente Israel es considerado tan moralmente corrupto, tan criminalmente loco, que se hace un llamado para aislarlo y boicotearlo. Campus universitarios piden a las administraciones que boicoteen a los académicos israelíes y los excluyan de las conferencias. Supermercados en muchos países europeos se niegan a vender productos hechos en Israel.

Israel tiene la dudosa distinción de ser el único estado miembro de la ONU cuyo derecho a existir es regularmente desafiado, cuya eliminación del mapa mundial es el objetivo de al menos otro estado miembro de la ONU (Irán), y cuyos centros poblacionales son considerados un “blanco justo” por la Gaza controlada por Hamás y por el Líbano dominado por Hezbolá.

Ninguno de los países que violan sistemáticamente los derechos humanos: Irán, Corea del Norte, Bielorrusia, Zimbabwe, Sudán, o cualquiera de los otros, recibe nada comparable al escrutinio implacable y obsesivo que el democrático estado de Israel recibe de la ONU, con sus integradas mayorías anti-Israel, en Nueva York y Ginebra.

De hecho, Israel es la única nación del mundo que tiene un ítem permanente separado en la agenda del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Todos los demás países del mundo son agrupados bajo otro ítem en la agenda.

Roger Waters, Elvis Costello, the Pixies, Stevie Wonder… ellos y muchos otros artistas se rehúsan a actuar en Israel. Todos ellos cancelaron giras a Israel. Alice Walker, la destacada escritora y autora de El Color Púrpura, no solamente se rehúsa a pisar Israel, ella se rehúsa a que su libro sea traducido al hebreo.

Que nadie malentienda la verdadera naturaleza de este odio. Como el Dr. Martin Luther King Jr. acertadamente señaló, “Cuando las personas critican a los sionistas, ellos se refieren a los judíos, estamos hablando de antisemitismo”.

De hecho, ningún otro país más que Israel es el blanco de tan incesantes, bien financiadas, y altamente organizadas campañas para desacreditar y demonizar a un estado soberano. Ningún otro país enfrenta intentos sistemáticos de boicots, campañas de desinversión y sanciones en su contra. Todos quienes están detrás de estos esfuerzos aseguran hablar en el noble nombre de los derechos humanos, a pesar de que ignoran cuidadosamente lugares como Siria, en donde más de 100,000 personas han sido asesinadas solamente en los últimos años e innumerables más heridos, exiliados y detenidos. ¿Por qué molestar a Israel y no a Siria? Porque Israel es la patria de los judíos, y son los judíos los que siguen estando al principio de la lista de aquellos que el mundo desea deshacerse.

Teodoro Hertzl pensó que era porque éramos una nación sin una tierra. Ahora sabemos que eso no es verdad. La tierra de Israel no nos ha protegido del antisemitismo; de hecho ha exacerbado el problema. Porque la verdad es que el odio a los judíos nunca estuvo arraigado en la falta de un estado judío, sino que es el producto de la santidad judía.

Hitler se atrevió a verbalizarlo como una justificación para su plan de genocidio del pueblo judío: “La conciencia es una invención judía como la circuncisión. Mi tarea es liberar al hombre de las sucias y degradantes ideas de conciencia y moralidad”.

Somos odiados no porque somos malos sino porque insistimos en recordarle al mundo lo que significa ser bueno.

El Talmud encontró esta idea en el mismo nombre del monte en el cual se entregó la Torá. Sinaí en hebreo es similar a la palabra siná, odio. Fue la aceptación de los judíos de una ley superior de moralidad y ética la que fue responsable por la enemistad del mundo.

El antisemitismo se opone a la idea misma de la civilización. Detesta a los judíos porque reconoce que los judíos son la conciencia de la humanidad y los legisladores de la conducta ética y moral.

Por esa razón, debemos considerar el antisemitismo como una medalla de honor. Refleja el reconocimiento universal de nuestra misión Divina de ser “una luz para las naciones”. Denota la lucha de las personas con su conciencia. Somos odiados no porque somos malos sino precisamente porque insistimos en recordarle al mundo lo que significa ser bueno.

Quizás Teodoro Dreiser lo explicó mejor: “El problema del mundo con el judío no es que él es inferior, sino que él es superior”.

Entonces la verdadera respuesta al antisemitismo no es, como pensó Teodoro Hertzl, que los judíos adquieran una tierra. Debemos insistir en cumplir nuestra misión de ser “la conciencia del mundo” hasta que toda la humanidad aprenda a reconocer las hermosas verdades de nuestra herencia.