El 11 de abril de 1944, Ana Frank escribió en su diario:

¿Quién nos hizo a los judíos diferentes de todos los otros pueblos? ¿Quién nos permitió sufrir terriblemente hasta ahora? Dios es Quien nos hizo como somos, y también Dios es Quien volverá a levantarnos. Quién sabe, incluso puede ser que de nuestra religión todo el mundo y todas las personas aprenden lo que es el bien, y sólo por esa razón sufrimos ahora. Nunca podemos ser sólo holandeses ni sólo ingleses, ni representantes de ningún otro país. Siempre seguiremos siendo judíos.

Ana Frank entendió algo. El Talmud pregunta de dónde deriva el nombre del Monte Sinaí. Tras ofrecer algunas alternativas, el Talmud sugiere que Sinaí viene de la palabra hebrea siná, que significa 'odio', porque el odio hacia los judíos bajó sobre esa montaña cuando el pueblo judío recibió allí la Torá. La Torá exige un estilo de vida moral y ético, una actitud de dar más que de recibir, una vida de servicio y no de privilegio. Eso ha revolucionado al mundo.

El antisemitismo no llegará a su fin con la asimilación o el retraimiento.

Al pueblo judío se le encargó ser la "conciencia moral del mundo", una misión en la que no siempre tuvo éxito, pero que de todos modos despierta la ira, el enojo y el odio de muchos. Durante dos mil años los judíos fueron atacados y perseguidos simplemente por su judaísmo y todo lo que eso representa.

Después del Holocausto, el mundo le dio a los judíos un "respiro" de su odio, y en cambio se convirtieron en beneficiarios de su pena. Pero al observar los eventos que ocurren en el mundo hoy en día, rápidamente queda claro que los últimos 75 años fueron una aberración. Hemos sido testigos del crecimiento del antisemitismo en todo el mundo y vemos cómo el todos retornan a sus eternos patrones y hábitos.

En Tishá BeAv nos sentaremos en el suelo y preguntaremos en voz alta: ¿Eijá? - ¿Cómo puede ser que los judíos una vez más tengamos que temer por nuestras vidas? ¿Eijá? – ¿Cómo puede ser que hoy, con todo el progreso que logró la humanidad, más de la cuarta parte del mundo siga sosteniendo perspectivas antisemitas?

El Rav Soloveitchik dice que aunque el Midrash identifica tres momentos en los que se usa la palabra eijá, en verdad hay una cuarta vez. Cuando Adam y Javá no asumieron responsabilidad por lo que habían hecho, Dios los llamó y les preguntó: ¿Aieka?, '¿Dónde están?'. Aieka se escribe con las mismas letras que eijá, lo que llevó al Rav Soloveitchik a deducir que cuando no respondemos a la pregunta de aieka, es decir, cuando no asumimos responsabilidad personal por nuestros problemas y culpamos a otros, finalmente nos encontraremos preguntando: ¿eijá?, '¿Cómo puede ser?'.

Debemos hacer todo lo que podamos para asumir responsabilidad personal y cumplir la misión judía de traer Divinidad al mundo.

Podemos preguntar ¿eijá?, ¿cómo puede ser que ocurran todas estas cosas terribles?, pero es posible que nunca encontremos una respuesta definitiva. Nuestra tarea es asegurarnos de poder responder a la pregunta ¿aieka?, '¿dónde estás?'. ¿Asumes tu responsabilidad? Es posible que no podamos entender por completo por qué existe el antisemitismo, pero podemos y debemos mantenernos vigilantes para denunciarlo, enfrentarlo y luchar contra él. Debemos mantenernos fuertes y pararnos con orgullo como judíos en todas partes. Debemos enfrentar el mal y hacer todo lo posible para vencerlo.

Y debemos hacer todo lo que podamos para asumir nuestra responsabilidad personal y cumplir la misión judía de traer Divinidad al mundo. Si los individuos judíos son odiados por ser la conciencia de los otros, mucho más odio genera el país judío por ser la consciencia moral de todo el mundo, y se espera de él un nivel moral mucho más elevado que el de cualquier otro país o estado.

Nuestra tarea es no descorazonarnos preguntándonos ¿eijá? '¿cómo?', sino asegurarnos de que podamos responder a la pregunta ¿aieka? '¿dónde estás?'. El antisemitismo no llegará a su fin con la asimilación o el retraimiento. Sólo terminará cuando podamos responder positivamente a las preguntas que el Talmud dice que nos formularán a cada uno de nosotros cuando nos encontremos cara a cara con nuestro Creador: ¿Añoraste la redención y asumiste la responsabilidad personal de hacer todo lo que pudieras para acercar la redención? ¿Realmente sentiste el dolor del exilio y la angustia de la condición judía en el mundo? ¿Verdadera y sinceramente te importó? ¿Esperaste ansiosamente cada día que llegara el Mashíaj para anunciar una era de paz y armonía y el fin del antisemitismo y del sufrimiento?

No es suficiente con ansiar la llegada del Mashíaj, debemos traerlo. No es suficiente con esperar la redención, debemos ser un catalizador. No es suficiente estar cansados de eijá, debemos responder aieka. Si queremos levantarnos del suelo y terminar con el duelo, si queremos finalmente terminar con el antisemitismo, de nosotros depende hacer todo lo necesario para curar a nuestro pueblo, para reparar el mundo, para amarnos mutuamente, para ganarnos la redención Divina.