Jaim Brickman tenía sólo cinco años cuando descubrió que su padrastro había sido un oficial nazi. Eran los años 60 y la familia acababa de mudarse a los suburbios de Filadelfia por la carrera académica de William, el padrastro de Jaim. Al revisar algunas cajas en el sótano, Jaim descubrió un uniforme de la SS, insignias oficiales, banderas nazis, documentos en alemán y, lo peor de todo, una foto de su padrastro luciendo un uniforme nazi.

Estremecido por lo que había descubierto, Jaim subió corriendo las escaleras. ¿Acaso su madre sin saberlo se había casado con un nazi? ¿Qué más les ocultaba ese hombre? ¿En qué crímenes había participado?

Jaim entró a la cocina jadeando y gritó: "¡Mami, papi es un nazi!". La madre de Jaim sonrió. Ese fue el momento en que Jaim descubrió el gran secreto de su familia.

Jaim es mi tío. Ya hace varios años que escuché la historia de su padrastro y cada año recuerdo su pasado cuando llega el día del recuerdo del Holocausto. Pero este año decidí averiguar más sobre el tema. Recolecté innumerables documentos de archivos personales y de algunas instituciones en Israel y en los Estados Unidos. Naturalmente, no todo fue completamente preservado. A algunas de las historias les faltan detalles, y en otras instancias hay discrepancias entre los diversos documentos y los recuerdos de infancia de Jaim. Sin embargo, lo que descubrí conforma una historia fascinante e inspiradora.

William Brickman, a la derecha, con sus compañeros, en uniforme nazi.

Esta es la increíble historia de William Zeev Brickman, un profesor de educación, un espía norteamericano y un emisario detrás de la Cortina de Hierro.

William Wolfgang Brickman nació en junio de 1913 en Manhattan. Hijo de Shalom-David, un judío alemán, y Lahia-Sará, una mujer judía originalmente del pueblo polaco de Jedwabne, el infame sitio donde los polacos asesinaron a sus vecinos judíos.

Como miembro de una familia judía ortodoxa, en su hogar Brickman hablaba prácticamente sólo en idish, aunque aprendió inglés y otros idiomas en la calle. Su padre murió cuando él era muy pequeño, aparentemente como resultado de una hernia umbilical autoinfligida con el propósito de evitar ser enrolado en el ejército cuando estaba en Europa.

William era un niño alto y vibrante. Al registrarse para la universidad decidió seguir un camino seguro y dedicarse a algo en lo que sabía que sería bueno. Con sus antecedentes en alemán e idish, decidió registrarse para los programas de alemán y educación en la Universidad de Nueva York.

El agente 004

Durante los años 30, Brickman recibió su doctorado en alemán, latín y educación, logrando superar la hostilidad y a menudo el antisemitismo de parte del equipo académico. Su conocimiento de idish y su habilidad para los idiomas en general, le permitió desarrollar gran pericia en varios idiomas, incluyendo el dominio completo de varios dialectos locales. De acuerdo con su resumen académico, podía leer 20 idiomas europeos, además de latín y griego antiguo, tres idiomas asiáticos y dos africanos.

A finales de los años 30, Brickman tenía una carrera floreciente, pero comenzó la Segunda Guerra Mundial y arruinó todos sus planes. En marzo de 1943, un año después de que los Estados Unidos entraran a la guerra, fue conscripto en la fuerza aérea como historiador y experto en idioma alemán. En una carta de recomendación para un curso de oficiales, el comandante de Brickman en su base en Fort Worth, Texas, lo describió como un "erudito que se convirtió en soldado, y con orgullo hizo la transición de la vida civil a la militar".

Brickman había pedido ser reclutado como oficial en las unidades de medicina o química de la fuerza aérea. Todo señalaba que se había convencido de que la guerra serviría como una continuación a su carrera académica, pero una vez más, el destino tenía otros planes.

Brickman fue enrolado en la Oficina de Servicios Estratégicos, la agencia de inteligencia de los Estados Unidos que después se convertiría en la CIA.

A finales de 1944, tras la invasión aliada al norte de Francia, estaba claro que el fin del Tercer Reich era una cuestión de tiempo. El ejército de los Estados Unidos buscaba gente que hablara alemán y apareció el nombre de Brickman. Lo convocaron a entrevistas que le dijeron que eran para determinar si era un buen candidato para las fuerzas de ocupación en Alemania después de la guerra.

Supuestamente, Brickman iba a servir en el servicio postal de las fuerzas de ocupación, donde su conocimiento del idioma alemán sería una ventaja. Recibió elevados puntajes en los exámenes de idioma y lo aceptaron para el puesto. En ese momento él no lo sabía, pero su vida tranquila estaba a punto de volverse mucho más interesante.

De acuerdo con los documentos militares, Brickman estaba estacionado con la división 970 del Cuerpo de Contrainteligencia de los Estados Unidos, que operaba en los territorios liberados para atrapar a los agentes nazis que se habían quedado rezagados. Entre enero y febrero de 1945, Brickman participó en un curso de inteligencia en la base Fort Ritchie en Maryland, preparándose para su servicio en la Alemania liberada. De acuerdo con Jaim, en esta etapa hubo otro cambio de planes: Brickman fue enrolado en la Oficina de Servicios Estratégicos, la agencia de inteligencia de los Estados Unidos que después se convertiría en la CIA.

Al comienzo, Brickman se sintió alarmado. Además de los desafíos de estar del otro lado del océano, él no quería dejar a su madre, que estaba sola y sufría una grave enfermedad. Como judío ortodoxo, también temía no poder mantener su forma de vida religiosa. Sin embargo, muy pronto Brickman comenzó a ser identificado como el Agente 004. Posteriormente, sus parientes bromeaban diciendo que Brickman había precedido al Agente 007, también conocido como James Bond.

Armar la trampa

El servicio en la Oficina de Servicios Secretos era particularmente difícil, y la unidad de Brickman estaba estacionada dentro de Alemnia, detrás de las líneas enemigas, en el ocaso del tercer Reich. Su objetivo era capturar a importantes oficiales de la SS que trataran de escapar y evitar ser capturados. El plan era bajar en paracaídas en la frontera entre Alemania y lo que en ese momento era Checoslovaquia, un área conocida como un centro al que los nazis se dirigirían para tratar de escaparse del país, en particular rumbo a Argentina. La idea era hacerse pasar por oficiales para atrapar a quienes intentaran escapar.

Por razones que no quedan claras, en vez de descender en paracaídas, las fuerzas cruzaron la frontera a pie y se establecieron en Regensberg, Alemania. Esto fue más sencillo debido a que las fuerzas aliadas ya habían progresado significativamente y la batalla por Berlín se encontraba en una etapa avanzada. Los alemanes habían comenzado a destruir documentos y archivos, y el caos prevalente hacía que fuera imposible revisar las identidades de los agentes que se hacían pasar como oficiales nazis, lo que permitió que estos agentes llevaran adelante sus misiones.

Su unidad les ofrecía a los oficiales nazis sacarlos del país, los interrogaban y luego arruinaban sus planes de escape.

Los documentos militares oficiales que encontré al investigar para este articulo no agregaron ninguna información ni detalles sobre este período. Todo lo que sé es lo que Brickman mismo dijo sobre este período en las conversaciones con su hijastro. De acuerdo con lo que dijo Brickman, esta unidad les ofrecía a los oficiales nazis sacarlos del país, los interrogaban y luego arruinaban sus planes de escape. La suposición a partir de la cual operaban era que las únicas personas del área que tuvieran los medios y el deseo de partir de Alemania serían oficiales importantes de la SS y de la Wehrmacht.

Su método era algo así: algunos de los agentes de la unidad salían públicamente en especial a los bares donde se sabía que frecuentaban los oficiales nazis. Después de dar la apariencia de que habían estado bebiendo, los agentes comenzaban a presumir diciendo que podían ayudar a quienes tuvieran dinero a escaparse del país rumbo a Sudamérica. Cuando alguien se les acercaba y les pedía su ayuda, lo dirigían a una cabina específica donde le decían que encontrarían a un oficial nazi con las conexiones y la posibilidad de sacarlos del país. Los nazis llegaban a la cabina de noche, donde los recibía un secretario que les formulaba preguntas respecto a dónde habían servido, su rango, etc. Entonces el secretario llamaba a Brickman, que esperaba en la oficina interna.

Brickman estaba vestido con el uniforme de la SS y tenía en el hombro la insignia de un rango militar superior al de su visitante.

De acuerdo con Jaim, su padrastro "se aseguraba de no llevar las cosas demasiado lejos. Él quería ser creíble, pero necesitaba tener un grado superior que el nazi para que le obedeciera y lo tratara con respeto".

En su conversación con el nazi, Brickman investigaba al oficial sobre sus actos en la guerra y sobre los lugares donde había servido antes de negociar un pago por su evacuación. Eventualmente, Brickman lo enviaba a un encuentro en la frontera con Checoslovaquia en determinada fecha, cuando habría un grupo preparado para partir hacia Sudamérica. Cuando llegaba esa fecha, los oficiales nazis llegaban al punto de encuentro, pero en vez de encontrar a sus guías para salir del país, se encontraban con otros oficiales de la Oficina de Servicios Secretos, que los capturaban y los transferían a prisiones aliadas. Algunos oficiales importantes fueron llevados a Núremberg.

Brickman estuvo involucrado en una misión para atrapar a Martin Bormann, una de las cabezas del régimen nazi. Aunque los aliados sospechaban que Bormann se encontraba cerca de la frontera con Checoslovaquia, no tenían disponibles fotografías y no podían identificarlo. Brickman llegó al pueblo donde había nacido Bormann y localizó la escuela donde él había estudiado. Allí encontró una fotografía de Bormann que distribuyó a los otros agentes. De acuerdo con el relato de Jaim, su padre logró llegar al pueblo donde aparentemente se ocultaba Bormann, pero no logró atraparlo.

Después de la guerra, Brickman siguió trabajando para el Servicio de Contrainteligencia, donde fue el responsable por el distrito alemán de Deggendorf. En un momento estuvo estacionado con la unidad de seguridad encargada del área donde tuvieron lugar los juicios de Núremberg en 1945. En este rol, Brickman trataba de infiltrarse al sitio con ropas civiles, con el objetivo de exponer las debilidades del sistema de seguridad. De vez en cuando, cuando caminaba entre las celdas de los nazis, se encontraba con un prisionero que él había ayudado a atrapar. Entonces aprovechaba la oportunidad para quitarse su gorra militar y revelar la kipá que tenía debajo. "Él quería mostrarles que el destino se había invertido y que las víctimas ahora se habían convertido en los amos", dijo Jaim.

En los meses posteriores a la guerra, Jaim a menudo actuó como testigo en las ceremonias de casamiento de los sobrevivientes de los campos de concentración, conducidas por un rabino del ejército de los Estados Unidos. Durante su estadía en la Alemania de la postguerra, Brickman decidió recolectar tanto material como fuera posible de la era nazi, para preservarlo y documentar la historia.

William Brickman frente a un poster antisemita en la Unión Soviética.

Entre esos documentos, (algunos de los cuales ahora se encuentran en Yad Vashem, el museo del Holocausto en Jerusalem, y otros en los archivos de la Universidad Brown), se encuentra una colección de archivos y panfletos de la era nazi. También hay una copia de la plataforma de la campaña nazi de 1933, numerosas cuentas del Reichsmnark, varias tiras cómicas y documentos cotidianos distribuidos por el régimen. Uno de los hallazgos más importantes que Brickman logró llevarse de Alemania fue un elegante álbum producido por la Gestapo con el detalle de diversos métodos de tortura utilizados por la policía secreta. El álbum fue donado a los archivos de Yad Vashem en 1960, junto con uniformes, banderas, broches, una colección de estampillas y diversos ítems de ese período.

Su regreso a la vida académica

Tras su baja del ejercito en abril de 1946, Brickman regresó a su carrera académica. Él estudió con el famoso psicólogo John Dewer y durante los años 50 enseño en el Departamento de Educación de la Universidad de Nueva York, donde dirigió el programa de Historia. En 1960 se pasó a la universidad de Pensilvania, donde fue director del departamento de educación comparativa.

Brickman tiene 25 bisnietos que viven en Israel.

Aprovechando su conocimiento de varios idiomas, la investigación de Brickman se enfocó en la comparación de diferentes sistemas educativos del mundo. Él escribió decenas de libros sobre educación, publicó muchos artículos en periódicos y revistas judíos y editó una revista sobre el campo.

En 1958 Brickman se casó con Sylvia Mann, la hija de una familia de Jerusalem que había inmigrado a los Estados Unidos. Mann estaba divorciada y tenía dos hijos, Jaim y su hermana Simja. A comienzos de los años 60, cuando Brickman se convirtió en miembro de la facultad en la universidad de Pensilvania, la familia se mudó a Filadelfia y se llevó toda la colección de libros y de objetos de William, lo que expuso a Jaim a su pasado.

De acuerdo con Jaim, William no hablaba mucho de esa época de su vida. Pero Jaim recuerda cómo su padre lo avergonzaba cada vez que iban a ver juntos una película de James Bond. "Él comenzaba a reírse a carcajadas en medio de la película. De niño realmente me sentía muy avergonzado", dijo Jaim.

Brickman falleció en los Estados Unidos en 1986 y lo enterraron en Jerusalem. Brickman tiene 25 bisnietos que viven en Israel. En su funeral, fue elogiado por su contribución a la educación judía en los Estados Unidos y por sus esfuerzos para obtener fondos federales para las escuelas judías.


La versión original de este artículo apareció en Israelhayom.com