Karoly Kellner nació en 1906 en una familia judía en Eger, Hungría. De niño era sumamente delgado y sus padres lo anotaron en un gimnasio con la esperanza de que desarrollara un poco de músculos. El plan surtió efecto. Karoly desarrolló una constitución atlética y probó su suerte en la lucha greco-romana, un deporte popular en esa época. Y tuvo mucho éxito.

Kellner ganó su primer título nacional en la categoría Junior en Hungría en 1925, el mismo año que el club deportivo de su pueblo le prohibió la entrada a los judíos. Kellner era un judío devoto y se negó a convertirse. En cambio, adoptó el nombre húngaro Karpati y así le permitieron competir. Él ganó diez campeonatos nacionales seguidos.

Apodado “el gran Karpati”, ganó las coronas europeas de lucha de peso liviano en 1927, 1929, 1930 y 1935 y una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de 1932 en Los Ángeles. En 1936, cuando los Juegos Olímpicos tuvieron lugar en Berlín, la capital de la Alemania nazi de Hitler, Karoly tenía 30 años y físicamente estaba en su momento cumbre.

El gran Karpati

Saboreando la oportunidad de demostrar la fuerza aria pura, Hitler prohibió que los judíos participaran en los equipos alemanes y sólo permitió que compitiera una atleta judía, Helene Mayer (esgrima), tras la amenaza del Comité Olímpico Internacional de anular la Olimpiada.

Justo un año después de la institución de las famosas Leyes de Núremberg de 1935 que restringió severamente la participación de los judíos en todas las áreas de la vida pública en Alemania, Karpati fue uno de los muchos participantes judíos en la Olimpiada que representaron a su país en Berlín en medio de un mar de esvásticas, oficiales de la SS y la presencia del mismo Adolf Hitler.

La Olimpiada de 1936 en Berlín

Karpati estaba en especial bajo los reflectores, porque competía en el deporte más físico que enfrentaba a competidores e ideologías. Él venció al francés Charles Delporte en la primera ronda, superó al campeón australiano Dick Garrard en la segunda vuelta y subyugó al italiano Paride Moragnoli en la tercera. Al superar al favorito y actual campeón olímpico, Hermanni Pihlajamäki de Finlandia, Karpati llegó a una dramática quinta ronda contra el campeón nazi Wolfgang Ehrl, un carnicero que llegó a la competencia invicto.

Wolfgang Ehrl

Cuentan que antes de que tuviera lugar el último encuentro el 4 de agosto de 1936, Karpati les dijo a los miembros de su equipo: “De esto salgo con la medalla de oro o directamente no salgo”.

Tuvo lugar un enfrentamiento tenso y duro hasta que dos de los tres jueces decidieran en favor de Karpati, coronando al judío con una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Hitler. Para Hitler fue una gran vergüenza pero fue una victoria para el orgullo judío.

Al ganar la medalla de oro

Después de la Olimpiada, Karpati regresó a Hungría que estaba bajo el régimen e Horthy alineado con los nazis, donde eran habituales los ataques antisemitas. A pesar de ser forzado a salir de los clubes deportivos, él se mantuvo orgulloso de su judaísmo y se mudó a Debrecen, donde se casó con su prometida Livia Grossman y encontró trabajo enseñando educación física en una escuela judía.

En 1937, cuando llegó de visita un Rabino que estaba de prueba para obtener un puesto en la comunidad en Debrecen, le aconsejaron que no caminara desde la sinagoga hacia su hotel en la noche del viernes porque probablemente sería atacado. Sandor Smolovits, el hijo del Rabino, relata en la biografía de su padre que otro judío se hizo cargo del tema.

“Yo lo voy a acompañar. Va a estar a salvo”, dijo una voz confiada. Era Karpati, y tal como lo habían predicho, el par fue atacado por un grupo de estudiantes antisemitas.

“Mientras mi padre observaba a un costado, Karpati agarró a dos miembros de la pandilla y en una asombrosa manifestación de fuerza y habilidad atlética, los usó como estacas para golpear a todos los demás, terminando con toda la banda”.

Años más tarde, Karpati fue obligado a unirse a un grupo de trabajo conectado del ejército húngaro que estaba aliado a los nazis y lo transfirieron al campo de trabajo en Nadvirna, Polonia.

Atila Petschauer, el campeón olímpico judío que fue asesinado en Nadvirna.

En Nadvirna, Karpati fue testigo del asesinato de un compañero, Atila Petschauer, un judío que era campeón olímpico de esgrima. Posteriormente Karparti contó: “Los guardias gritaron: ‘Tú, el campeón olímpico de esgrima… veamos cómo puedes trepar a los árboles’. Era la mitad del invierno y hacía muchísimo frío, pero ellos le ordenaron desvestirse y trepar a un árbol. Los guardias divertidos le ordenaron cacarear como un gallo y le arrojaron agua. Congelado por el agua, Petschauer murió poco después”.

Rav Smolovits, a quien Karpati había salvado años antes, también fue enviado a Nadvirna y fue testigo de la manera en que Karpati mantuvo su increíble coraje. En una ocasión, un guardia lo empujó por la espalda con el rifle y Karpati lo arrojó de un puente hacia un arroyo. Sandor Smolovits escribió: “Mi padre y los otros cien judíos del grupo de trabajo, de inmediato comenzaron a decir el Shemá, seguros de que la muerte era inevitable. Se largaron a llorar. Sabían que sus vidas habían terminado. Pero milagrosamente no pasó nada”.

Los guardias eligieron castigar al guardia que había sido avergonzado en vez de castigar a los prisioneros, y transfirieron a Karpati a otro campo, donde parece que siguió manifestando la misma postura contra sus opresores. Pero a menudo lo golpearon, y con tanta fuerza que sus costillas le perforaron los pulmones.

En 1944 Karpati se escapó del campo de trabajo y se reunió con su esposa que estaba escondida en Budapest con el soldado húngaro Viktor Papp, un amigo de la hermana de su esposa. La pareja tuvo un hijo mientras estaban ocultos con Papp y consiguieron documentos para que la esposa de Karpati pudiera dar a luz en un hospital. La verdadera identidad judía del niño sólo se reveló después de la guerra.

Posteriormente Papp fue reconocido por Yad Vashem con el título de Justo de las Naciones y Karpati continuó demostrando que un judío no puede ser vencido tan fácilmente. Después de la guerra se quedó en Budapest, y entrenó al equipo nacional de lucha durante 20 años, además de escribir cinco libros sobre el deporte. Karoly Karpati, un luchador judío que nunca olvidó sus raíces, murió en 1996 a los 90 años y fue enterrado en el cementerio de la calle Kozma, en Budapest.