Muchos de mis amigos religiosos hablan sobre milagros. “¿Cómo puede ser?” dicen ellos. “¡Miles de cohetes llueven sobre Israel! ¡El número de muertos debiera ser mucho mayor! ¡La cantidad de daño es mínima!”.

Y tienen razón. Es milagroso. Los misiles no dan en su objetivo. Caen en terrenos baldíos. El viento los desvía de su curso.

Mis amigos discuten también sobre la Cúpula de Hierro. “El MIT dijo que la Cúpula de Hierro no funciona. Se le pasan demasiados misiles, y sin embargo —milagrosamente— ellos no atinan a sus objetivos. La ineficacia de la Cúpula de Hierro es un signo seguro del amor de Dios”.

Ellos incluso citan a Hamás. “Nuestros misiles son buenos”, dice Hamás. “Obviamente su Dios los ama”.

Impresionante.

Pero deberíamos estar confundidos. ¿Por qué Dios espera hasta el último momento para hacer milagros? ¿Es un juego? El milagro más grande sería un Hamás pacífico y cooperador. O que no haya más guerras. ¿No es cierto? Dios maneja el mundo. ¿Por qué no puede hacer la paz y punto?

Y si piensas más en eso, el mundo está patas para arriba. La respuesta del mundo desafía la lógica. Y de cierta forma, eso también es un milagro. Mucho más que los misiles errando sus objetivos.

¿Cómo puede ser que Hamás, una organización terrorista que declara abiertamente sus intenciones de destruir a Israel, utiliza escudos humanos, dispara misiles a áreas pobladas, derrocha sus recursos en túneles, bombas y misiles, y viola la ley internacional se convirtió en "los buenos", e Israel que intenta proteger a los civiles, envía mensajes de texto antes de bombardear, lanza panfletos, avisa con cohetes que "golpean el techo" antes de atacar, e intenta eliminar a terroristas escondidos que disparan de áreas residenciales se convirtió en "los malos"?

¿Cómo pasó eso?

¿Cómo se ganó Hamás la simpatía del mundo? ¿Por qué el mundo ignora los miles de misiles que disparan contra Israel? ¿Por qué el mundo ignora los crímenes que cometen en contra de su propio pueblo? ¿Cómo puede ser que a pesar de las atrocidades en Siria, y a pesar de los horrores cometidos por ISIS, entre muchos otros, Israel es el estado criminal, despreciado en las Naciones Unidas y odiado en las calles de Europa?

Explica eso.

No es natural. Es un milagro. Es un milagro desagradable. Pero no obstante es un milagro. No puedes explicarlo de ninguna otra forma.

Y esa es la forma indicada —a través de milagros— de ver la guerra en Gaza. Además de la realidad geopolítica, John Kerry y la parcialidad de los medios, necesitamos evaluar la situación espiritual. Dios nos está hablando. Él está intentando captar nuestra atención. Él es mejor que la Cúpula de Hierro. Él puede detener los misiles.

Pero no lo hizo. Él permitió que exista Hamás. Él nos está diciendo algo.

El Talmud dice (parafraseando), “La amenaza de aniquilación es un motivador mayor que los escritos, advertencias y las reprimendas de los profetas”. Es verdad. Es fácil ignorar libros viejos y teoría. No es fácil ignorar un misil. O un antisemita sanguinario. O ambos. O algo peor.

El mensaje —el problema— es fácil de ver. Al menos eso pienso yo. Hasta hace poco, la nación judía estaba fracturada y desunida. Hacia donde mirabas había conflicto interno y acaloradas discusiones. Era desagradable. Nunca acababa. Era feo.

Pero nadie está hablando de esas cosas. No ahora. No después de que los tres chicos fueron secuestrados y asesinados. No con nuestros chicos en Gaza y túneles y misiles y el circo en Europa. El antisemitismo funciona. Nos da perspectiva.

Es así de milagroso.

No puedo hablar por Dios, pero creo que Él quiere que nos llevemos bien. Él está tratando de despertarnos. Yo creo que Él quiere que dejemos nuestras diferencias de lado y nos enfoquemos en lo que tenemos en común.

Llámalo la energía de la época. Tishá B’Av, el noveno día del mes de Av, es esta semana. Tishá B’Av es una oportunidad para refelxionar sobre tragedia y pérdida. El Templo fue destruido por odio sin sentido. Deja de odiar; sé parte de la solución.

Los integrantes del pueblo judío tenemos mucho en común. La guerra hace que sea fácil ver eso. Si te gustan los milagros, haz un milagro real: ama a tu hermano. La guerra hace que sea más fácil amarlo.

Y luego, intenta amarlo también en los tiempos buenos.