En el número del mes de abril de la revista Commentary, un académico se atrevió a hablar de uno de los pocos temas que todavía se consideran groseros para discutir públicamente: la inteligencia judía.

En un ensayo titulado "El Genio Judío", el escritor y politólogo Charles Murray – quien no es judío – destaca los datos históricos y estadísticos que indican la perspicacia intelectual y los logros judíos, así como una variedad de teorías tratando de explicarlos.

Mientras muchos judíos admitiremos que conocemos personalmente muchos miembros de nuestro pueblo que no son muy inteligentes del todo, el Dr. Murray insiste en que "el judío promedio está en el percentil 75" de la escala del CI y que "la proporción de judíos con CI de 140, o más alto, es aproximadamente seis veces la proporción de todo el resto". Algunos, además, han notado que varias ideas que cambiaron el mundo, tanto religiosas como el monoteísmo como científicas como la relatividad, tienen sus raíces en el origen étnico.

Después de explorar algunas teorías sobre la anomalía, el Dr. Murray no quedó satisfecho. El reconoce que circunstancias históricas recientes pueden haber favorecido genéticamente a los judíos con gran intelecto; pero sospecha que la habilidad intelectual judía es antigua; que los judíos pueden "haber tenido algún grado de destrezas verbales inusuales desde los tiempos de Moisés". Y así, escribe, se queda "sin respuestas ante el máximo desafío de los psicólogos evolucionistas: ¿Por qué un pueblo en particular, de la época de Moisés, viviendo en el mismo ambiente que otros pueblos nómades y agrícolas del Medio Oriente, desarrolló una inteligencia elevada cuando el resto no?".

Luego, en un tono – al menos parcialmente – irónico, concluye:

"En este punto, me aferro a mi hipótesis restante, única en su parsimonia y felizmente irrefutable. Los judíos son el pueblo elegido de Dios".

Bueno, el pensamiento está ciertamente acorde a la fecha. Pronto estaremos celebrando Shavuot, la fiesta judía que conmemora la consolidación de los judíos en su status del pueblo elegido: el pacto forjado en Sinai.

No sé, y mucho no me importa, si la inteligencia ocupa un papel en la elección judía. Pero si lo hace, es marginal con relación al haber sido elegidos.

Porque para lo que los judíos somos elegidos es para servir al Creador – sí, con nuestros intelectos, pero también con nuestros corazones y nuestros cuerpos.

Para estar seguros, la Torá misma se refiere al pueblo judío como "una nación sabia" – pero también como una nación testaruda, y algunas veces incluso peor. El punto fundamental es que no son nuestros Cocientes Intelectuales los que cuentan, sino que nuestros Cocientes de Rectitud. Lo que cuenta es el servicio, no la inteligencia. Los sabios del Talmud generalmente no hacían hincapié en habilidades inherentes – mentales u otras – sino que se enfocaban en cómo utilizamos los dones que tenemos. Sus títulos de honor no solían tener palabras como "genio" o "brillante" sino que "recto" y "Temeroso de Dios".

A pesar que la elección de los judíos fue mérito de la dedicación de nuestros ancestros Abraham, Itzjak y Iaacov, y a través de otra elección, la de sus descendientes, en Sinai, de aceptar las leyes y enseñanzas de la Torá; y a pesar que el exclusivo club judío está abierto a recibir cualquier converso sincero que esté dispuesto a recibir y observar la Torá, la idea de la elección de los judíos ha perturbado a algunos no judíos desde Sinai.

Últimamente, sin embargo, los antisemitas tienden a centrarse en otras formas de odio, como la existencia de Israel (y su supuesta maldad). En estos días, irónicamente, la idea de que los judíos fueron divinamente elegidos suele molestar más a... los judíos.

Esto es porque la obviedad de que todo ser humano tiene un valor y un potencial ilimitados se ha transformado en la noción que todas las personas son intercambiables, si es que no idénticas. Sugerir que individuos o grupos diferentes puedan tener funciones o responsabilidades distintas se ha vuelto algo inculto, si es que no sexista o racista. El judaísmo, sin embargo, asigna roles sin remordimientos – a los hombres y a las mujeres; a los sabios y a los simples; a los descendientes del Bíblico Aarón y al resto del pueblo judío. Y también al pueblo judío como tal.

No hay escapatoria. Una bendición que todos los judíos deben decir cada mañana dicta el hecho claramente: "Bendito eres Tú... Que nos ha escogido de entre todos los pueblos y nos ha concedido Torá".

Mientras la historia está llena de muertes y destrucciones llevadas a cabo por auto proclamados superhombres, lo especial de los judíos no es una licencia sino que un regalo; y su único significado es la responsabilidad de vivir una vida sagrada y por lo tanto inspirar a otros – ser la proverbial luz para las naciones.

Mientras algunos tienen la costumbre de pasar toda la primera noche de Shavuot (y otros, ambas noches) estudiando Torá, no hay ningún mandamiento parecido al Seder de Pesaj o las cabañas de Sucot. Shavuot es un tiempo de introspección y para concentrarnos en la entrega de la Torá, y en cómo ella nos define como judíos. Un tiempo para darnos cuenta que nuestra esencia se encuentra no en nuestros talentos y no en nuestra inteligencia, sino que en nuestra misión.