Su puerta estaba sin llave. Dos semanas antes, un hombre se aprovechó de este acto básico de bondad. Grafton Thomas irrumpió en el hogar de Rav Jaim Rottenberg en Monsey e hirió a los presentes con un machete de 20 centímetros. Una persona quedó en estado crítico.

Algunos pueden pensar que la decisión de Rav Rottenberg de dejar su puerta abierta después de ese ataque es "ingenua" o "poco segura". Otros pueden entenderla como una afirmación del dictamen de la Mishná: “Que tu casa esté siempre abierta para recibir huéspedes”.

De todas maneras, el Rav esperaba huéspedes. Era la noche del sábado y sus jasidim iban a acompañarlo en melavé malká, la comida que se celebra para despedir al Shabat.

También yo llegué. Vestido de forma común. Sin las típicas prendas jasídicas. Yo tenía una kipá, sí, pero una kipá tejida, no un sombrero de piel como ellos.

Era obvio para todos los presentes que yo era una huesped extraño en esa habitación. De inmediato el Rebe me dio la bienvenida con enorme calidez. Me hizo un lugar en su mesa, un enorme honor para un huésped.

Para un extraño, este puede parecer un detalle compasivo, pero trivial.

El Rav no es simplemente un "rabino", sino un Rebe. Un Rebe es mucho más que un rabino. Él es el director de un clan jasídico. Su comunidad es muy unida y sus palabras y consejos se siguen al pie de la letra. Fuimos testigos de eso cuando esa misma noche el Rebe contó una historia y los jasidim que estaban sentados más lejos se acercaron para escuchar mientras el Rebe hablaba.

En la mesa del Rebe en Monsey

Al sentarme en esa mesa en Monsey me sentí transportado a mi propio hogar. Yo también dejo la puerta de mi departamento abierta cuando espero huéspedes.

Como rabino y fundador de Base, de forma regular abrimos nuestro hogar en Shabat a jóvenes judíos alejados, para que puedan estudiar y para brindar servicios a la comunidad. Lo mismo hacen en todo el país y en Europa otras parejas comprometidas a compartir el valor de la hospitalidad.

Pero allí yo no era el anfitrión. Había llegado para presentar mi respeto, mi sentimiento de hermandad y pertenencia, porque creo que todo Israel está interconectado y comparte el mismo destino, sin importar nuestras tendencias políticas ni nuestras afiliaciones religiosas.

Llegué porque el domingo previo, 25.000 personas de Nueva York habían cruzado el puente de Brooklyn para manifestar que el reciente ataque contra los judíos ultra-ortodoxos era inaceptable.

Llegué porque mi abuelo materno creció en el mismo barrio de Brooklyn que ese Rebe. Mi abuelo me contó cómo lo atacaban los niños italianos católicos y le preguntaban por qué había matado a su dios. Él estaba en segundo grado en ese momento.

Llegué porque mi abuelo paterno escapó de Varsovia siendo muy joven, cuando los alemanes invadieron Polonia, y la mayor parte de su familia sufrió el barbarismo de Hitler.

Llegué porque como judío religioso, a pesar de que sostengo grandes diferencias teológicas y políticas con los jaredim, todos somos parte del mismo pueblo.

La noche procedió con un común denominador judío: una comida de varios platos que incluyó sopa, ensaladas, pescado, postres y bebidas. También incluyó animadas canciones y palabras del Rebe.

Al sentarme en la mesa del Rebe, conocí a los héroes de dos semanas previas: Iosef Gluck, quien detuvo al atacante con una mesa, y David, el hijo de Iosef, que está críticamente herido en un hospital. Conocimos a uno de los hijos del Rebe, quien nos mostró cómo su shtreimel, su sombrero de piel que tiene una base metálica circular, fue cortado en el ataque.

Cerré los ojos mientras escuchaba la música y las palabras del Rebe en idish, y me sentí transportado a otra época. Imaginé que eso debía ser lo que sintieron algunos de mis ancestros en Polonia.

Más tarde, el hijo del Rebe nos llevó a su estudio, y también el Rebe fue a conversar con nosotros. Él nos contó la angustia que sufrió su comunidad, cómo se sentó con decenas de niños traumatizados que desde el ataque no pueden dormir.

El Rebe aconseja, enseña, organiza, recibe huéspedes y mucho más. Los rabinos de Base no son ultra-ortodoxos como en Jabad o como Rav Rottenberg. Nosotros tenemos rabinos mujeres y nuestros hogares son igualitarios.

Sin embargo, durante ese breve encuentro, ninguna de estas diferencias eran importantes.

En ese momento, ambos fuimos sujetos de la violencia contra los judíos, sin importar a qué sinagoga estemos afiliados.

Como rabino, viajé a la Ciudad de Jersey después del terrible ataque al supermercado, y a Pittsburgh cuando 11 judíos fueron asesinados en una sinagoga. Volé a París cuando una sobreviviente del Holocausto fue brutalmente asesinada en su departamento. Sin embargo fue especialmente en Monsey, en la casa del Rebe, donde sentí en mis kishkes, en mis huesos, que algo me atraía a ese lugar. Porque incluso si vienen a atacarnos, nuestros hogares —así como nuestros corazones— seguirán abiertos.


Este artículo apareció originalmente en Tabletmag.com