Acabo de regresar del funeral más triste al que he asistido jamás, el entierro de siete almas puras. Esos hermosos niños eran mis vecinos de al lado hasta que se mudaron a Nueva York hace un año y medio. Mis hijos jugaban con ellos todo el tiempo. Nuestras hijas iban a la misma escuela que las niñas. Todavía puedo visualizar a David y Shuey (como llamaban cariñosamente a Yehoshua) leyendo en mi sillón en la tarde de Shabat y a la pequeña Sara (tenía 4 años en ese entonces) sosteniendo la mano de mi hija y saltando la cuerda.

Recuerdo cuando David, Shuey y mi hijo recibieron nuevos walkie-talkies e interceptaron la conversación de algún desconocido. El Shabat recién pasado, pocas horas antes de enterarnos de las horribles noticias, mi hija mayor le dijo a mi esposa: “Si Rivka todavía viviera en el barrio, organizaríamos una keitaná (actividades para niños pequeños) juntas la semana antes de Pesaj, tal como hicimos hace dos años”.

Estoy devastado. Todos estamos devastados. No hay palabras para describir el dolor; no podemos siquiera comenzar a comprender lo que ha ocurrido. Quienes vivimos en el barrio no podemos mirarnos a la cara unos a otros. El dolor es demasiado abrumador.

Gabi y Gail Sassoon son padres increíbles. Estos niños recibieron una gran cantidad de amor y atención. Tan sólo mira sus radiantes caras. Hicieron un excelente trabajo en asegurar que sus hijos fueran alegres y prósperos. La familia era una increíble unidad; siempre jugaban juntos y disfrutaban de la compañía mutua. Pero lo más especial es que los padres permitían que todos fueran parte de su unidad, a tal grado que la Sra. Sassoon compró un sofá más grande en forma de C para que los niños que no eran de la familia también tuvieran un lugar para sentarse.

Y los hijos de la familia Sassoon integraban de gran manera al resto. Siempre compartían sus libros, juegos y juguetes nuevos. Incluso cuando no estaban en casa, dejaban que sus amigos fuesen y leyesen los libros nuevos. Cada Shabat los niños Sassoon organizaban juegos para los otros niños del barrio, mientras la Sra. Sassoon distribuía fruta cortada a todos los niños.

En su desgarrador discurso fúnebre, con una fortaleza y fe sobrehumanas, Gabi Sassoon nos pidió que recordemos que todo el pueblo judío es una sola unidad y que debemos amarnos mutuamente.

Al final del discurso fúnebre, Gabi dijo que era demasiado para él hablar de cada niño de forma particular, y que alguien más se encargaría de ello. Eso no ocurrió en el funeral, por lo que les pedí a algunos niños del barrio si podían compartir algunos pensamientos sobre sus maravillosos amigos.

Muchos de los vecinos hablaron de los niños de manera general. Describieron el evidente talento que tenían, el cual se manifestaba en las hermosas pinturas de Eliane, Tziporah, Rivka, David y Yehoshua que colgaban en la casa de los Sassoon.

Su hija Eliane siempre estaba feliz por otros. Nunca estaba celosa y siempre se aseguraba de mostrar su felicidad por los logros y éxitos de sus amigos. Ella hacía todo lo posible por ayudar a otros, y lo hacía generalmente tras bambalinas y sin esperar ningún crédito por ello. Era una amiga muy leal y todos sabían que podían confiarle sus secretos. Era extremadamente responsable, devota a sus hermanos y disfrutaba en gran medida de la vida.

Rivka estaba llena de vida; era divertida, extrovertida y sensible con el resto. Utilizaba su energía positiva para alegrar a otros. Mi hija dijo que Rivka fue quien le presentó a las otras niñas del barrio cuando recién nos mudamos acá. Ella siempre se ofrecía para cuidar a sus hermanos cuando su madre tenía que hacer algún mandado. Muchas veces las hermanas mayores ayudaban a su madre a hacer los mandados y Rivka se ofrecía para quedarse en casa con el resto de los niños. Era sensible y madura, mucho más de lo normal para su edad.

David, el líder de los hermanos Sassoon, era muy maduro y sensato. Era un buscador de paz, siempre feliz de ayudar a solucionar las cosas. Al mismo tiempo, era un niño regular y relajado capaz de ser bondadoso con mucha facilidad.

Yehoshua era increíblemente creativo y siempre llevaba consigo una sonrisa. Siempre incluía a sus hermanos en su nuevo proyecto o idea creativa.

Moshé era curioso y dulce. Admiraba a sus hermanos y siempre estaba feliz de unirse a sus aventuras con los otros niños del barrio; estaba feliz de jugar con quien fuera y por lo tanto todos se sentían cómodos jugando con él.

Todas las niñas pequeñas del barrio adoraban jugar a las muñecas con Sara. Ella misma era una pequeña muñequita y siempre compartía sus juguetes con sus amigos. De hecho un vecino comentó lo similar que era a una muñeca de porcelana.

A pesar de que cuando vivían en la casa de al lado, Yaakov sólo tenía tres años de edad, de todas formas tenía una marcada presencia y confianza en sí mismo. Y al igual que sus hermanos mayores, él mostraba su cordialidad en las casas de otras personas cuando jugaba con los otros niños.

Todos quienes conocieron a los Sassoon no dicen más que alabanzas de ellos. Eran una familia modelo, un verdadero Kidush Hashem.

En el discurso fúnebre dado en Nueva York, Gabi nos pidió: “Por favor, amen a sus hijos, amen a sus estudiantes, amen a los otros niños. Eso es todo lo que importa; deben entender eso”. Si pensamos en los hermosos niños Sassoon, podemos ver el poder que tiene el amor y la dedicación.

Por favor recen por la completa recuperación de Gila bat Francis y de Tziporah bat Gila.