Mark Oppenheimer, escritor judío, está perfectamente tranquilo con que le deseen una “feliz Navidad” (de aquí el título de su reciente artículo en el Wall Street Journal: “Soy judío. Por favor deséame una feliz Navidad”). En su ensayo, Oppenheimer dice al pasar algo que lo mete en problemas. Después de reconocer que Janucá es una “estación festiva”, él escribe: “aunque una de relativamente poca importancia religiosa”.

Quise escribir una carta al editor, pero tengo más confianza en que mi artículo vaya a ser publicado aquí…

Su comentario “al pasar” me puso realmente muy triste. Porque es obvio que el señor Oppenheimer no tiene la menor idea de cuán rica, profunda e importante espiritualmente es la festividad de Janucá. Y no es el único. Al tener la mala suerte de caer más o menos en la misma época que la más “deslumbrante” celebración de Navidad, el significado de esta festividad lamentablemente se pierde en medio del barullo.

Esta no es sólo nuestra “estación festiva” y, lo más importante, no tiene “relativamente poca importancia religiosa”. De hecho, es exactamente lo opuesto. Si no fuera por los macabeos, ninguno de nosotros estaría hoy acá. Janucá es la festividad que celebra la supervivencia del pueblo judío, pero no nuestra supervivencia física, sino espiritual.

A diferencia de lo que ocurrió muchas otras veces en la historia judía, el objetivo de los griegos no era el genocidio del pueblo judío. Ellos no querían borrar a los judíos del mapa. Ellos no querían crear un país judenrein. Lo que ellos deseaban era destruir el judaísmo. Ellos querían eliminar la relación entre Dios y el pueblo judío.

Con ese fin, prohibieron el estudio de la Torá y la celebración de Shabat, la circuncisión y la santificación de la luna nueva. Es decir, prohibieron en particular los mandamientos que hablan de una sociedad entre Dios y el pueblo judío.

Para una nación que deseaba exaltar y celebrar el cuerpo, el intelecto y la belleza, el pensamiento de que el hombre lo es todo y es el fin de todo, el pueblo judío —una nación que insiste en un Creador superior y en la existencia del alma con demandas que se oponen a lo material— era una verdadera molestia. Esas ideas debían desaparecer.

Iehudá HaMacabí y su familia fueron quienes tuvieron la visión de entender hacia dónde llevaba eso, ellos entendieron que si no luchaban en ese momento, la batalla estaría perdida. Ellos reconocieron que si alguien no luchaba por una relación con Dios y la Torá, por la preservación de los valores judíos, muy pronto no quedaría nada para salvar

Cuando les pido a mis alumnas que me describan a los macabeos, todas imaginan hombres jóvenes, fuertes y atléticos. Entonces les pregunto si alguna vez vieron a un bajur ieshivá ortodoxo; alguien que pasa todo su tiempo encerrado estudiando los libros del Talmud, alguien con patillas enruladas y sin el mínimo músculo. Así eran los macabeos. Todos los judíos que están vivos hoy les deben a ellos su existencia.

El pueblo judío existe gracias a su determinación a luchar por lo correcto, a su disposición de enfrentar a todo el ejército griego a pesar de que parecía algo imposible, a su entendimiento de que si no tenemos una relación con Dios, no nos queda nada. Janucá es la festividad en la que nos manifestamos en contra de la asimilación, en contra de la mezcla, en contra de aceptar las perspectivas a menudo negativas que el mundo tiene sobre nosotros y defender nuestros valores, nuestra nación, nuestra tierra y, sobre todo, nuestra relación con el Creador del mundo.

La guerra duró muchos años. Los macabeos originales no sobrevivieron la lucha. Pero nosotros somos sus descendientes. Somos los herederos de su determinación, de su disposición a luchar, de su reconocimiento de que el pueblo judío tiene algo por lo que vale la pena luchar.

No señor Oppenheimer, Janucá no es una festividad de relativamente poca importancia religiosa. Por el contrario, es una festividad de gran importancia religiosa. Es la festividad de la supervivencia espiritual del pueblo judío.

Es una pena que aquello por lo que los macabeos lucharon tan duro y por lo que literalmente entregaron sus vidas, se pierda por la asimilación galopante de la actualidad. Quizás precisamos algunos macabeos modernos…