Durante muchos años me reí de la ironía.

En 1964, la revista Look publico un reportaje que se titulaba “El judío norteamericano está desapareciendo”. Valientemente —con la confianza en sí mismos de ser una publicación que contaba con millones de lectores— el artículo explicaba por qué era seguro que en el siglo XXI no quedarían judíos en Estados Unidos.

Bueno, todos sabemos lo que ocurrió.

Los judíos sobrevivieron, pero la revista Look desapareció.

Nuevamente podíamos darnos el lujo de divertirnos con el hecho de que quien predijo nuestra desaparición estaba profundamente equivocado.

En las palabras de Mark Twain —quien tuvo la increíble experiencia de leer su propio obituario en el periódico— el reporte de nuestra muerte fue sumamente exagerado.

En realidad, la gente ha estado escribiendo nuestro obituario prácticamente desde el momento de nuestro nacimiento. El registro más antiguo de la mención de Israel está en un himno de victoria egipcio que data de la época del faraón Mer-nep-tah (aproximadamente en el año 1230 AEC), el cual declara: “Israel ha sido destruida, su descendencia ha sido eliminada”. Sin embargo la historia registra un final distinto. Pesaj nos recuerda que fue el faraón y su gente quienes fueron derrotados por la milagrosa intervención de Dios. Y los judíos, descendientes de esclavos de lo que fue alguna vez un glorioso imperio, continúan hasta hoy en día escribiendo magníficos capítulos en la historia de la humanidad.

Es por eso que nunca he sido realmente pesimista sobre las predicciones que se hacen en torno a nuestra supervivencia. En un famoso ensayo, el historiador Simon Rawidowicz lo dijo hermosamente cuando describió a los judíos como “el pueblo que siempre está por morir”. Siempre nos paramos ante el precipicio de la extinción y sorprendemos a los espectadores con nuestra habilidad sobrenatural para perseverar y para contribuir de una forma sin paralelo a crear un mundo más civilizado.

La generación de después del holocausto se ve amenazada existencialmente por el suicidio.

Pero eso no significa que los resultados del reporte que fue recientemente publicado por el Centro de Investigaciones Pew que se titula “Un retrato del judío norteamericano” no me haya dado una razón para preocuparme gravemente. En una encuesta nacional que fue realizada en Estados Unidos a un número de participantes sumamente significativo y estadísticamente representativo de judíos a lo largo del país, el Instituto Pew intentó explorar el significado de la identidad judía de hoy en día. ¿Qué significa actualmente ser judío y cómo se relaciona esto con asuntos como la afiliación denominacional, con la política, con las tasas de matrimonio mixto, con la opinión sobre Israel y con los rasgos de personalidad y acciones que son consideradas “esenciales para la identidad judía”?

Las respuestas están lejos de ser tranquilizadoras.

Para decirlo sin rodeos, la generación post holocausto —la cual gracias a Dios ya no tiene que preocuparse por un genocidio— aparentemente está en peligro por causa de la amenaza del suicidio. Lo que no pudieron lograr los pogromos y las persecuciones de nuestros enemigos, parece ser un verdadero riesgo para nuestra supervivencia por medio de la asimilación voluntaria y la propia elección de rechazar nuestra herencia.

Fíjate en las siguientes señales, las cuales han aumentado exponencialmente en las últimas décadas:

  • Mientras que el 56% de la gente dice que la religión es muy importante en sus vidas, esto es cierto sólo para un 26% de los judíos estadounidenses. Dios nos dio la misión de ser una “luz para las naciones”, pero los judíos nos hemos convertido trágicamente en un pueblo más secular que aquellos que nos rodean.

  • 32% de los judíos que nacieron después de 1980 se identifican como judíos sin religión, comparados con un 19% de los judíos nacidos después de la segunda guerra mundial y con el 7% de los judíos nacidos antes de 1927. En total, un 22% de los judíos de Estados Unidos se identifican a sí mismos como judíos sin religión, lo cual implica que están mucho menos conectados a las organizaciones judías y que es mucho menos probable que críen a sus hijos como judíos.

  • Un creciente porcentaje de judíos estadounidenses dicen que es poco probable que críen a sus hijos como judíos o que tengan conexión con las instituciones judías. La proporción de judíos que dicen no tener religión y que se declaran judíos sólo en base a su ascendencia, etnia o cultura está creciendo rápidamente, y dos tercios de ellos no crían a sus hijos del todo como judíos.

  • El estudio encontró que la tasa de matrimonio mixto parece haberse incrementado significativamente en los últimos 50 años. Cerca de un 60% de quienes se habían casado después del año 2000 dijeron tener una pareja no judía. Un poco más del 40% de quienes se habían casado en los 80’s dijeron tener una pareja no judía y la cifra disminuye a un 17% para quienes se casaron antes de 1970.

Podría continuar, pero es demasiado doloroso. Sin embargo, de todos los hallazgos que declara el reporte, el que me causó más angustia fue el que se enfoca en qué opinan los encuestados que es un factor esencial de “qué significa ser judío”. El 19% dijo que cuidar la ley judía es un factor esencial de ser judío. Para un 14% el comer comidas tradicionales es un factor esencial de ser judío. Pero con amplia ventaja ante estas dos categorías recién mencionadas se encuentra —con un 42%— el “tener un buen sentido del humor”.

¿Acaso es posible que casi la mitad de los judíos estadounidenses contemporáneos crean que el judaísmo está más relacionado con Seinfeld que con el Monte Sinai? ¿Es posible que los judíos encuentren sus lazos, su fortaleza y su razón de supervivencia en los chistes en lugar de encontrarlas en su tradición espiritual?

El reporte Pew es un desafío a nuestra complacencia, a nuestro secularismo y a nuestra identidad.

Nuestros sabios nos enseñan que en cada tragedia están las semillas de la redención. Así también creo que tiene que ser nuestra respuesta ante este reporte, que nos alerta del triste estado de la judería contemporánea.

El estudio declara que la mayoría de los judíos no consideran que uno debe creer obligatoriamente en Dios para ser considerado judío. Técnicamente, de acuerdo a la ley judía, esto es cierto. Sin embargo la historia nos muestra que sin una creencia en Dios y en el origen divino de la Torá, el judaísmo se transforma meramente en una tradición, es decir, en algo que no hay que tomarse tan en serio. ¿Por qué habrían de estar interesados los jóvenes en dedicar un tiempo a estudiar y a practicar lo que dice un documento antiguo con el que no se sienten identificados? Sólo un judaísmo que hable de sabiduría que perdura y de verdades inmutables tiene posibilidades de imbuir en la siguiente generación el compromiso de elegir seguir siendo parte de nuestro pueblo.

El reporte Pew es un desafío a nuestra complacencia, a nuestro secularismo y a nuestra identidad. Es un llamado de atención para todos nosotros. Si queremos ser un eslabón en la cadena de supervivencia de nuestro pueblo, debemos comprometernos con las tradiciones y con la fe de nuestro pasado.

Y a pesar de todo, sigo siendo optimista.