A pesar de haber sufrido catastróficas calamidades y tragedias durante los últimos 2.000 años, de todas formas seguimos siendo un pueblo eternamente optimista, siempre queriendo creer que de alguna manera —a pesar de que nuestro enemigo más reciente haya declarado sus intenciones de borrarnos a nosotros y a nuestro hogar nacional del mapa— todo estará bien. El optimismo le ha sido de gran ayuda a nuestro pueblo, dándonos fortaleza, coraje y fe para sobrevivir a los incansables intentos de aniquilación y exterminio. Pero a pesar de todo esto, un optimismo desenfrenado es extremadamente peligroso cuando genera apatía, complacencia e indiferencia.

A pesar de las incontables advertencias y presagios sobre un inminente desastre, la generación que experimentó la destrucción del Templo se rehusaba a ver lo que se avecinaba. La primera palabra de la primera kiná que recitamos en la mañana de Tishá B'Av es shavas, lo cual significa 'detenerse'. Nuestros rabinos enfatizaron que shavas no significa solamente que todo se detuvo, sino que significa que cesó repentina e inesperadamente.

Rav Soloveitchik explicó:

A pesar de que se le dijo a la gente que el Jurbán (destrucción del Templo) ocurriría, ellos no creían realmente en las advertencias y no esperaban que realmente ocurriera. Pero cuando la gente se levantó por la mañana, en contraposición a las expectativas de todos, el Templo, el Beit Hamikdash, se había ido, Jerusalem estaba en ruinas y el pueblo se encontraba en cautividad. De repente se dieron cuenta de que había ocurrido el Jurbán. La tragedia tuvo el impacto emocional y sicológico de un desastre repentino.

Para quienes no confían en Irán o en la efectividad que tendrá este acuerdo para detener su ambición nuclear, las advertencias y presagios de una potencial devastación para nuestro pueblo están aquí una vez más. No es ninguna sorpresa que el primer ministro Benjamín Netanyahu haya declarado que este acuerdo es un error histórico. Lo que sí ha sido menos esperado es la reacción que han tenido los líderes políticos de la izquierda israelí, quienes por lo general se caracterizan por tener una actitud conciliadora. Isaac Herzog, el líder de la oposición, describió el acuerdo con Irán como un "mal acuerdo que pone en peligro nuestros intereses de seguridad", y solicitó que se intente convencer al congreso de que vote en contra de dicho acuerdo. Otro líder de la oposición, Yair Lapid, condenó el acuerdo con Irán y declaró que aquel fue "un mal día para los judíos".

Varios grupos pro Israel que normalmente son bipartitas y organizaciones judías que consistentemente han sido apolíticas, condenaron públicamente el acuerdo y solicitaron a sus constituyentes a que se movilicen para luchar en su contra.

Demasiada gente no cree en las advertencias y no espera que alguna vez un Irán nuclear ataque a Israel.

Pero a pesar de todo esto, al igual que en la época de la destrucción del Templo, demasiada gente no cree en las advertencias y no espera que alguna vez un Irán nuclear ataque a Israel. Me sentí animado al ver a las decenas de miles de personas que atendieron a la manifestación realizada esta semana en Times Square, en Estados Unidos, y me alegré de ser parte de una comunidad que está levantando su voz en un esfuerzo por animar a los políticos a oponerse a este acuerdo. Este no es un asunto netamente judío o que concierne sólo a Israel, pero de todas formas, dado los incontables llamados a exterminar a nuestro pueblo que Irán ha realizado, este sí debería ser un tema personal para la comunidad judía.

Por lo tanto es desalentador pensar que, a pesar de que en Nueva York hay más de dos millones de judíos, sólo diez mil se hicieron el tiempo y realizaron un esfuerzo por participar. Asumiendo que son ciertos los reportes de una encuesta reciente que declara que el 49% de los judíos de Estados Unidos están a favor del acuerdo, la pregunta sigue en pie: ¿El otro millón está suficientemente en contra como para hacer una llamada telefónica, enviar un e-mail o asistir a una manifestación?

Un reciente artículo escrito por William Kristol pregunta:

"¿Es realmente posible que más de una docena de senadores demócratas y casi 50 miembros demócratas de la Cámara de Representantes del Congreso vayan en contra del presidente y voten tanto para desaprobar [el acuerdo] como para ignorar el poder presidencial a veto? Sí. Es posible, a pesar de que las probabilidades sean bajas. Pero las probabilidades crecerán si los oponentes [al acuerdo] manifiestan enérgicamente su caso".

Tener injerencia en el resultado de un acuerdo con un enemigo jurado de Israel sí es posible, pero depende de nosotros manifestar enérgicamente nuestra posición. ¿Estamos a la altura del desafío? ¿Estamos preparados para mezclar una dosis saludable de realismo en nuestro eterno optimismo y enfrentar las advertencias y predicciones de nuestra época? ¿Estaremos lo suficientemente preocupados como para movilizarnos, ejercer presión política, defender nuestra causa y hacer todo lo posible por persuadir efectivamente a nuestro políticos?

Si eliges ser indiferente, apático o totalmente fatalista, mira los 2.000 años de sufrimiento judío y entiende que para quienes se rehúsan a aceptar las advertencias, en un instante —shavas, de repente— lo inimaginable se vuelve real y lo impensable se vuelve cierto.

Palabras y acciones

El Rey David dijo: No deposites tu fe en príncipes y diplomáticos. Como judíos creyentes, sabemos que al fin y al cabo el Amo del Universo es quien decide nuestro destino y que Él es el único que determinará si Irán tendrá éxito en sus metas. La plegaria en el judaísmo adopta dos formas: con palabras y con acciones.

Cuando nos paramos frente al mar con los egipcios detrás de nosotros y sin tener adonde ir, instintivamente comenzamos a rezar, lo cual uno pensaría que es una reacción sumamente loable. Pero sin embargo Dios fue crítico y declaró:

"¿Por qué clamas ante Mí? ¡Háblale a los hijos de Israel y que marchen!" (Éxodo 14:15).

Dios quería enseñarle a una nación naciente que para ser realmente una comunidad que tiene fe, además de plegarias, uno tiene que tomar la iniciativa y actuar. Una nación nunca debe ser pasiva, complaciente o espectadora de su propio destino. La confianza en Dios no se muestra con rezar y no hacer nada más. Se muestra al acompañar nuestras sinceras plegarias con acciones entusiastas, dándonos cuenta que Él mide la sinceridad de lo que estamos solicitando en base a nuestra disposición y presteza para tomar iniciativa y hacer nuestra parte para lograrlo.

Simultáneamente, mientras ejercemos presión sobre nuestros políticos, debemos saber que Dios está en la audiencia tomando nuestros esfuerzos como plegarias.

Salir al frente y responder al llamado de proteger a nuestro pueblo en tiempos como este, podría perfectamente tener implicancias mesiánicas. Y a pesar de que entender cabalmente o aplicar acertadamente esta declaración del Midrash Yalkut Shimoni (Yeshayahu 499; siglo XIII) está absolutamente fuera de mi dominio, me es muy difícil ignorarla:

Rav Itzjak dijo: En el año en que el Mesías será revelado, los líderes de las naciones del mundo se provocarán unos a otros. El rey de Persia (Irán) provocará al rey de Arabia y el rey de Arabia irá a Aram a buscar el consejo de ellos. El líder de Persia (Irán) buscará destruir el mundo entero y las naciones del mundo estarán atemorizadas y se dispersaran y caerán sobre sus rostros.

El pueblo judío también estará atemorizado y dirá: "¿Dónde podemos dirigirnos, dónde podemos ir?". Dios dirá: "Hijos míos, no teman. Todo lo que he hecho, lo he hecho por ustedes. ¿Por qué temen? Este es el tiempo de vuestra redención.

Quiera Dios que realmente podamos ser los catalizadores de la redención y podamos ameritar escoltar al Mesías, rápidamente y en nuestros días.