“¡Cucaracha judía!” “¡Parásito judío!” Estos insultos repletos de odio fueron dirigidos a un niño judío de cinco años en Melbourne, Australia. El pequeño acababa de comenzar a asistir al jardín de infantes en la escuela pública local.

Cada vez que el niño iba al baño, era rodeado por un grupo de niños hostiles que se burlaban de él por ser judío y le gritaban insultos. El niño comenzó a hacerse encima en la escuela y en su casa y no quería ir a la escuela. Finalmente una mañana derramó su cereal y se quebró por completo. La angustiada madre declaró recientemente en un periódico judío de Australia: “Literalmente cayó al suelo. Gritaba: ‘Mami, no debes amarme. No valgo nada, soy un roedor judío. Soy un parásito’”. Horrorizada, la madre trató de consolarlo, luego llamó a la escuela e informó sobre el espantoso abuso que estaba recibiendo su hijo.

Increíblemente, en vez de tomar en serio su queja, la escuela le quitó importancia e ignoró los elementos antisemitas de los ataques. En vez de ocuparse por resolver el odio antijudío en su escuela, las autoridades escolares sugirieron que el niño use un baño diferente. Un día más tarde, los ataques antisemitas se repitieron. El pequeño de cinco años fue diagnosticado con ansiedad aguda y ahora es educado en su hogar.

Al mismo tiempo salió a la luz otro espeluznante caso de abuso antijudío en una escuela pública en Melbourne. Un estudiante de 12 años del Colegio Secundario Cheltenham fue invitado a un campo de deportes para jugar un partido, y allí se vio confrontado por un grupo de nueve niños de doce y trece años. Los estudiantes le ordenaron al niño judío posternarse y besar los pies de un alumno musulmán o de lo contrario le pegarían (ver la foto arriba).

El niño judío se posternó y besó los pies de su compañero de clase. El humillante encuentro fue filmado y ampliamente compartido durante meses por los medios sociales. Durante ese período, el niño soportó meses de miseria, en los cuales los otros alumnos rutinariamente lo llamaban “el simio judío” e insultos todavía más ofensivos. Lo atacaron físicamente, le pegaron en la cara y tuvo que ir a un hospital. Le diagnosticaron ansiedad aguda. También en este caso, cuando la madre se quejó en la escuela las autoridades quitaron importancia al tema y dijeron que dado que el ataque original no ocurrió dentro del terreno de la escuela, había muy poco que ellos pudieran hacer.

En los últimos días las autoridades australianas expresaron “preocupación”, pero algunos padres judíos en Melbourne se sienten abandonados. “En esencia, la solución que todos dan a este problema es enviar a nuestros hijos a una escuela judía”, dijo a los periodistas la madre del niño de cinco años del primer caso. “¿Acaso vivimos en una sociedad en la que realmente tenemos que hacer eso para estar a salvo?”.

La respuesta cada vez más parece ser “sí”, no sólo en Melbourne sino en ciudades y países de todo el mundo, donde asistir a las escuelas públicas ya no es seguro para los estudiantes judíos. Muchos padres comenzaron a sacar a sus hijos de las escuelas públicas y la tasa de inscripción en las escuelas judías en muchas zonas se ha elevado.

En Francia, la primera advertencia oficial respecto a que el rampante antisemitismo en las escuelas públicas alejaba a los estudiantes judíos apareció en un informe oficial del gobierno en el año 2004. Los maestros e inspectores reconocieron que los estudiantes musulmanes golpeaban y atacaban a los estudiantes judíos. El informe advertía que en vez de enfrentar directamente la violencia y la intimidación, muchas escuelas públicas ignoraban el tema y dejaban que creciera una atmósfera hostil de odio antijudío.

“En la región de París, virtualmente no quedan más estudiantes judíos que asistan a escuelas públicas”, afirmó hace poco Francis Kalifat, un líder comunal judío de Francia al explicar que la culpa de esto era “una mala atmósfera de abuso, insultos y ataques” contra los alumnos judíos.

“Prácticamente no quedan niños judíos en las escuelas estatales. Los maestros no pueden defenderlos”, confirmó Jaim Musicante, vicepresidente de Benei Brit en Francia. En toda Francia, los estudiantes judíos cada vez más eligen asistir a escuelas judías. La demanda es tan grande que algunas familias judías no consiguen lugar para sus hijos en la escuela judía local. Muchas familias (aproximadamente 5.000 estudiantes judíos sólo en París) encontraron otra opción: enviar a sus hijos a escuelas católicas donde dicen que hay menos abuso antijudío por parte de estudiantes árabes y musulmanes.

En Bélgica, las escuelas públicas virtualmente quedaron “sin judíos” después de una serie de ataques graves contra los alumnos judíos. En el año 2016 un estudiante judío belga resultó herido después de que un grupo de compañeros lo rodearan y lo rociaran con spray en lo que ellos reconocieron que fue un intento der “gasearlo”, tal como les hicieron a los judíos en el Holocausto. La madre de este estudiante dijo que cuando se quejó, el maestro a cargo “quitó importancia” al incidente.

Grafiti antisemita grabado en un Club de Golf en Woollahra

Ese mismo año, hubo otro caso serio cuando un alumno judío identificado en la prensa belga sólo como “Samuel” llevó a la atención nacional la violencia antisemita en una escuela pública en Uccle, un barrio de clase alta en Bruselas. La madre de Samuel explicó que lo inscribió en una escuela pública porque deseaba que tuviera contacto con personas de diversos orígenes. Cuando se enteraron que Samuel era judío, los estudiantes se volvieron en su contra. Fue golpeado y humillado con epítetos, a menudo por parte de los alumnos musulmanes. Los directivos de la escuela no hicieron demasiado para ayudar y eventualmente la madre de Samuel decidió enviarlo a una escuela judía para salvarlo de los ataques.

En el 2017, en Alemania tuvo lugar un angustioso dialogo nacional sobre los ataques antisemitas en las escuelas después de que una familia de Berlín hiciera públicas las experiencias de su hijo en la escuela pública. El cuarto día que el niño estaba en la escuela, en una clase de ética, el maestro les pidió a los alumnos que dijeran qué casas de culto habían visitado. Cuando el niño levantó la mano y dijo que había estado en una sinagoga y explicó que era judío, se hizo un extraño silencio en la clase. “Todos se sorprendieron, en especial los maestros”, contó después el alumno. Posteriormente, un maestro le dijo que había sido “muy valiente” al admitir que era judío.

Después de eso, el estudiante soportó intensos ataques y abusos. Su abuelo era un sobreviviente del Holocausto y fue de visita a la escuela para compartir sus experiencias, con la esperanza de que eso pudiera ayudar a detener el abuso que sufría su nieto. Pero en verdad los ataques se volvieron todavía peores. Finalmente los padres, Gemma y Wenzel Michalski llevaron a su hijo ante la prensa y revelaron la hostil situación que existía para los judíos en la escuela de su hijo. En las semanas siguientes, salieron a la luz otras decenas de casos de odio antijudío y de ataques en las escuelas públicas alemanas. Uno de los ataques lo sufrió un alumno del noveno año en Berlín, a quien sus compañeros le repetían constantemente que debía “partir a Auschwitz en un tren de carga”.

“Hay individuos que son profundamente antisemitas… y simplemente carecen del conocimiento (sobre los judíos), y toda la gama intermedia”, explicó Saraya Gomis, la encargada de enfrentar la discriminación en las escuelas de Berlín. Las respuestas de las escuelas ante los abusos antisemitas de sus alumnos fueron suaves, y algunos de los estudiantes judíos debieron enfrentar el odio antijudío con poco apoyo por parte de sus maestros y directores. Este espantoso patrón de tolerancia al abuso antisemita se repitió en innumerables escuelas de todo el mundo.

En muchas áreas, el odio dirigido contra los estudiantes judíos dio lugar a un resurgimiento de la vida judía, porque las familias eligen escuelas judías para evitar el odio y los ataques en las escuelas públicas locales.

En Gran Bretaña, ahora un 70% de los estudiantes judíos de entre 4 y 18 años asisten a escuelas judías. Esa cifra se incrementa rápidamente y creció un 12% sólo el año pasado.

La ley francesa prohíbe reunir estadísticas sobre elecciones religiosas, pero la evidencia sugiere que hay mayor cantidad de familias judías que eligen enviar a sus hijos a escuelas judías. Elodie Mariano, cofundadora del grupo sin fines de lucro Choisir L’Ecole Juive, asegura que su organización ayudó en los últimos años a más de 400 familias francesas a pasar a sus hijos de las escuelas públicas a escuelas judías. Ella explica que “a menudo, estas familias no son particularmente religiosas”.

En Australia, los observadores notaron que cada vez hay más familias judías que buscan escuelas judías. Cada vez hay más evidencia de que las familias se ven obligadas a sacar a sus hijos de las escuelas públicas e inscribirlos en escuelas judías debido a la sensación de inseguridad y al miedo de que sus hijos se vean dañados simplemente por ser lo que son, explicó Dvir Abramovich, director de la comisión antidifamación de Australia.

Este resurgimiento de educación e identidad judía es quizás la respuesta más adecuada a los antisemitas. Para muchas familias judías, la elección de dar a sus hijos una educación judía es una resonante victoria sobre los antisemitas que con su odio convirtieron a muchas escuelas en zonas prohibidas para los judíos.