Janusz Korczak, un especialista en medicina infantil que escribió más de 20 libros abogando por los derechos de los niños a ser respetados, fundó y dirigió un orfanato judío en Varsovia que se volvió famoso en toda Europa por sus ideas pioneras respecto a alentar a los niños a desarrollar al máximo su potencial.

El mes pasado, falleció en Tel Aviv a los 98 años el último miembro que sobrevivió del orfanato, el pintor y escultor Itzjak Belfer. Él dedicó gran parte de su vida a preservar el recuerdo del hombre que le dio esperanzas y que creyó en él cuando era un niño. La nieta de Belfer, Neta, dijo que su abuelo vivió de acuerdo con los valores que había aprendido de Korczak, y lo describió como "la persona más optimista que conocí en mi vida".

Janusz Korczak con niños en el "Dom Sierot", el orfanato de Varsovia.

"Los niños no son sólo las personas del futuro, ellos merecen ser tomados seriamente hoy", escribió Korczak. "Tienen derecho a ser tratados por los adultos con ternura y respeto y se les debe permitir crecer y convertirse en lo que deben ser. La persona desconocida que hay dentro de cada uno de ellos es la esperanza del futuro".

En 1940, el orfanato de Korczak fue obligado a trasladarse al gueto de Varsovia, y en 1942 lo enviaron a la muerte junto con todos sus niños y su equipo. Un ícono de esperanza frente a la oscuridad, Korczak dedicó su vida a mejorar las vidas de sus niños incluso cuando su propia salud le fallaba. Como una señal de desafío a los nazis cuando ocuparon Polonia, siempre con la intención de inspirar a los niños a vivir con valores, él se negó a usar en su brazo la estrella azul, manifestando su desdén por aquellos que discriminaban y no respetaban a los demás.

"Tú te quedarás aquí, yo iré a casa"

Itzjak Belfer nació en abril de 1923, uno de los seis hijos de una familia judía religiosa de Varsovia. Su padre era un pobre comerciante que también era el recolector de tzedaká (caridad) en su sinagoga.

El padre murió cuando él tenía cuatro años y a la madre de Itzjak le resultó muy difícil proveer a las necesidades de sus hijos. En 1930, ella le pidió a Janusz Korczak que aceptara a su hijo para que viviera en el orfanato y que estudiara allí.

Itzjak Belfer cuando era un niño pequeño

"Vivíamos bastante apretados, con mi abuela y mi abuelo, no había lugar para jugar y mi madre vio que no estaba avanzando con mis estudios", contó Belfer ante una audiencia de escolares israelíes en el 2006. Recordó que su madre le dijo mientras lo llevaba al otro lado de la ciudad: "Itzale, vamos a ir a ver una casa". "Mi madre me dejó y yo me quedé en el Jardín del Edén".

Belfer vivió en el orfanato durante siete años y visitaba a su madre y a su familia todos los viernes a la mañana. Korczak, junto con Stefania (Stefa) Wilczynska, la madre de la casa, crearon un refugio para cientos de niños, brindándoles valores de responsabilidad y respeto. El orfanato contaba con su propio parlamento, su corte y su periódico, y cada niño tenía responsabilidades individuales.

"Teníamos una enorme biblioteca sobre el mundo y debajo de ella había 107 pequeños cajones, uno para cada niño", agregó. "Cada niño era valioso, tenía un lugar con su propio nombre, su propio mundo".

En su hogar en Tel Aviv, el talento de Itzjak Belfer para el dibujo fue descubierto por primera vez en el orfanato de Korczak.

Korczak les decía a los niños: "Atrévanse a soñar. Siempre saldrá algo de eso".

De niño, a Belfer le gustaba dibujar y se sorprendió cuando Stefa lo llamó para hablar con él. "Itzale, yo sé que te encanta dibujar. Te voy a comprar papel, colores y pinturas y después de las clases, cuando tengas tiempo libre, podrás sentarse y pintar allí, en la pequeña habitación". En ese momento él tenía nueve años.

"No había nadie más feliz. Así fue como comencé mi carrera. Esos momentos pintando para mí eran muy valiosos porque también tenía tiempo a solas para pensar".

El edificio del orfanato en la actualidad en Varsovia. Al frente hay un monumento en memoria de Janusz Korczak.

"Korczak siempre guiaba con el ejemplo. En vez de usar la fuerza, él usaba el respeto", dijo Belfer.

Mientras que el equipo regularmente pesaba a los niños para asegurarse que no estuvieran malnutridos, Korczak tenía una manera singular de asegurarse que los niños se mantuvieran sanos.

"A los niños que eran demasiado delgados, les daban una taza con su nombre llena de aceite de hígado de bacalao. Yo tuve que beberla durante muchos años. En verdad no era agradable beberlo, pero Korczak estaba parado cerca de la mesa y cuando algunos niños se negaban a beberlo, él tomaba un poco de pan, cerraba los ojos, bebía una taza de aceite y después comía el pan. De esta forma nos enseñaba cómo superar las dificultades de la vida".

Cuadro de Itzjak Belfer

La partida de Varsovia

En 1938, a los 15 años, Itzjak se graduó y regresó con su familia para ayudarlos económicamente. Él continuó visitando el orfanato como voluntario, para ayudar a los niños más pequeños.

Entonces los nazis conquistaron Polonia en 1939. Itzjak y un amigo decidieron abandonar Polonia y unirse a los soviéticos para luchar contra los nazis. Antes de partir, fue a despedirse de Korczak.

"Fue un momento difícil. Korczak sacó todo el dinero que llevaba en sus bolsillos y nos lo entregó. Recibimos su bendición y huimos".

Al escapar a Bielorrusia, los adolescentes llegaron a un campamento de refugiados en Malkini. Posteriormente Itzjak fue enviado a un campo de trabajos forzados en las minas de carbón en los Urales. En 1941 migró a Tashkent, donde fue conscripto en el Ejército Rojo y estuvo estacionado en uno de los regimientos de caballería. Cuando el batallón se desarmó, enviaron a Itzjak a trabajar en una fábrica hasta el fin de la guerra.

Belfer llegó a Israel en 1949, tras haber sido detenido por los británicos en Chipre.

El regreso a Varsovia

En 1946, después de la guerra, Belfer regresó a Polonia a buscar a su madre, a sus abuelos y a sus hermanos. Encontró el gueto en ruinas. No quedaban rastros de su familia y el orfanato estaba vacío.

La comunidad judía de la ciudad, en un momento un tercio de los habitantes de Varsovia, había sido diezmada. De los 400.000 judíos que los nazis habían encerrado en el gueto, apenas quedaban sobrevivientes. El 5 de agosto de 1942, después de rechazar varias ofertas para evitar ser deportado, insistiendo que no abandonaría a sus niños, Janusz Korczak guio a los 200 niños de su orfanato por las calles de Varsovia hacia el punto de encuentro para las deportaciones, con las cabezas en alto y cantando mientras continuaba protegiéndolos del amargo destino que les aguardaba. Desde allí los llevaron en tren a las cámaras de gas del campo de exterminio de Treblinka.

El monumento a Janusz Korczak en Yad Vashem, Jerusalem.

Una nueva vida en Israel

Itzjak Belfer, el único miembro que sobrevivió de su familia, partió de Polonia a Checoslovaquia, luego a Austria y finalmente a Génova, Italia, donde conoció a un miembro de la Agencia Judía que alentaba a los judíos a emigrar a Israel.

Belfer embarcó en el barco Af al pi jen (A pesar de todo esto), y los británicos lo encerraron en un campo de detenidos en Chipre en 1947, donde conoció y estudió con quien en el futuro sería un renombrado artista y escultor israelí, Zeev Ben Zvi. En 1949 finalmente llegó a Israel, donde fue reclutado y sirvió dos años como soldado. En 1961, a los 39 años, Belfer se casó con Rosa, una inmigrante de Marruecos, y un año más tarde nació su único hijo, Jaim.

Siempre una mirada positiva sobre la vida. Itzjak Belfer era el último de los huérfanos de Janusz Korczak.

Un artista talentoso

Itzjak Befer comenzó una distinguida carrera como artista estudiando en el Instituto Avni de Arte y Diseño, donde posteriormente enseñó pintura. Gran parte de su obra preserva el mundo que perdió y los atesorados recuerdos que tenía de Korczak. Su departamento en Tel Aviv estaba repleto de obras con la imagen de Korczak. Durante 30 años sólo produjo obras en blanco y negro, hasta que su esposa lo convenció para que pintara en color y expandiera su repertorio, comenzando a dar vida a la belleza de la Tierra de Israel. "Viví una buena vida, una vida feliz con el amor a la vida y el amor de la familia que me rodeaba", afirmó.

Las obras de Belfer fueron expuestas en numerosas exhibiciones en Israel y en el exterior. Una escultura que está en la ciudad de Günzburg, Alemania, representa a Korczak rodeado por un grupo de sus niños.

Las creencias de Korczak sobre el respeto, la responsabilidad y el hecho de ser positivo nunca abandonaron a Belfer, quien hasta sus 90 años ofreció voluntariamente su tiempo para enseñar clases de dibujo a los empleados de la municipalidad de Tel Aviv y a sus familias. Famoso por su amor a la vida, su amplia sonrisa y su valoración por todo lo que tenía, en el 2016 publicó un libro para niños sobre sus experiencias en el orfanato de Korczak: "The Man Who Knew How to Love Children" (El hombre que sabía cómo amar a los niños).

"Siento una responsabilidad de hablar en su memoria, sobre el orfanato y el milagroso medio educativo del que tuve la fortuna de ser parte. Era mi hogar y en muchos sentidos, lo sigue siendo", dijo cuando se publicó el libro.

Reflexiones de su nieta

Belfer era un abuelo devoto que personificaba los valores que Korczak le enseñó de niño. "Siempre me preguntaba qué pensaba sobre las cosas y me alentaba a presentar mi postura y a tener mi propia opinión", contó su nieta Neta a Aishlatino.com.

"Cuando tenía dos años, me compró un equipo y me colocó un lugar en su estudio para que pudiera pintar si así lo deseaba. Yo tocaba el piano y siempre me alentó también con eso".

"Creo que su vida es un ejemplo único de tener una vida maravillosa a pesar de todas las dificultades. A pesar de haber pasado la peor de las pesadillas que uno puede imaginar, era la persona más optimista que conocí".