No había ninguna razón para que el joven no respondiera la pregunta del Nazi. Los soldados irrumpieron violentamente en el departamento de su familia en la ciudad polaca de Lodz, invadida por los alemanes al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. El joven de 17 años, temiendo por su vida, tenía todas las razones para cooperar y responder respetuosamente.

Señalando a los majestuosos libros en los estantes, los nazis exigieron saber qué eran.

“El Talmud”, les respondió.

“Al oír esa palabra, se transformaron en perros rabiosos”, recordó Yosef Friedenson muchas décadas más tarde. “Arrojaron los libros sagrados al suelo y los pisotearon, desgarrándolos con sus botas”.

Después de que las visitas no deseadas partieron, Yosef le preguntó a su padre por qué habían respondido con tanta crueldad.

“Ellos no nos odian como pueblo”, fue la respuesta. “Nos odian debido a nuestros libros sagrados. Lo que está escrito allí contradice todo lo que ellos defienden, se opone a su perspectiva y a su mentalidad corrupta”. Las palabras permanecieron grabadas de por vida en la mente de Rav Yosef.

El joven, quien muy pronto se arrepintió de su ingenua respuesta al Nazi, pasó los años de la Segunda Guerra Mundial huyendo para salvar su vida y a duras penas logró sobrevivir al gueto de Varsovia y una serie de campos de concentración Nazis.

Sus años de postguerra los pasó sirviendo como un puente humano entre el mundo judío que los alemanes y sus asociados destruyeron y el nuevo mundo que nació después de 1945. Él fue un apasionado historiador, un periodista meticuloso, un elocuente orador y una de las personas más agradables que he conocido.

Yosef Friedenson, el “Sr. Friedenson”, como le gustaba que lo llamaran aunque era más ilustrado y sabio que muchos rabinos, fue un hombre extraordinario, con una memoria extraordinaria y un talento extraordinario con las palabras para evocar los detalles del glorioso pasado judío que, mientras él comenzaba a escribir, seguía emitiendo humo entre las ruinas de Europa.

Él continuó con esa misión durante décadas como editor de Dos Yiddishe Vort, un boletín en ídish publicado bajo el auspicio de Agudat Israel de Norteamérica (a lo largo de muchos años se imprimieron 430 ediciones) y como un orador cautivante y de bajo perfil en grandes y pequeñas reuniones.

Yo tuve el privilegio de trabajar en la misma oficina que él, las oficinas centrales de Agudat Israel de Norteamérica en Nueva York, casi durante 20 años antes de que fuese convocado al cielo en el año 2013. Su ética de trabajo (él trabajaba vigorosamente en cada edición de DYV, armándolo él solo y escribiendo gran parte de su contenido) y su conducta calma y adorable eran una combinación inusual. Nunca lo vi enojado. Sospecho que sus recuerdos de esos años verdaderamente difíciles hacían que cualquier problema, decepción o desafío posterior parecieran ser algo muy pequeño.

Cuando el Sr. Friedenson contó sus experiencias a lo largo de su extraordinaria vida, él no fue un simple escritor de autobiografías, ni un quejoso del persistente odio contra los judíos. Él era un sobreviviente impregnado por el reconocimiento de que Dios estuvo presente en las horas más oscuras (y lo sigue estando) y que a pesar de que los caminos Divinos puedan confundirnos, la Divina providencia siempre está en acción.

El Sr. Friedenson consideró que su misión era transmitir a las nuevas generaciones la gloria de la Europa judía previa a la guerra y las dificultades que los judíos sufrieron durante los años de guerra.

Con ese fin, él produjo una cantidad de testimonios personales, recuerdos y observaciones, a veces trasmitidas oralmente en inglés ante diversas audiencias, pero en su mayoría a través de los ensayos que escribió en ídish durante muchos años. Leer cualquiera de ellos es ser transportado a otro mundo y sentirse inspirado.

Rav Friedenson con Rav Israel Meir Lau y Rav Yosef Golding

Una historia que él contaba mucho, y que también escribió, ocurrió cuando él y su compañero, Aviezri, estaban cumpliendo un servicio de recolección de basura en Auschwitz, cerca de las barracas de las mujeres. Una raquítica adolescente les gritó a través de la cerca, preguntándoles si podían conseguirle un “suéter”.

Con gran riesgo personal, al encontrar un suéter su compañero lo escondió debajo de su uniforme de prisionero y se acercó a la cerca del campo de mujeres.

Aviezri regresó con las mejillas llenas de lágrimas: “Ella no quería un ‘suéter’; quería un ‘Sidur’”. Faltaba poco para Rosh Hashaná y ella quería algo que le permitiera rezar.

Rav Friedenson contó esta historia porque ella encapsulaba su visión del mundo: nunca se debe ceder ante la adversidad.

Rav Friedenson con su esposa

Hace un año se publicó una colección de los recuerdos del Sr. Friedenson, traducidos al inglés y editados por su yerno, Rav Yosef Golding. Esta cronología autobiográfica fue publicada con el título Faith Amid the Flames (Fe en medio de las llamas) (Artscroll/Mesorah).

Allí encontramos un cautivante recuento de su juventud, los desgarradores años de la guerra y la vida después de su liberación por el ejército norteamericano, hasta que llegó a los Estados Unidos en 1951. El libro abarca no sólo su inspiradora historia personal, sino también una abundancia de información histórica y descripciones de varias ilustres personalidades judías que vivieron en el mundo judío europeo.

Lo más importante, el libro – al igual que él durante su vida – está impregnado de fe, determinación y confianza en el Cielo, lo cual representa el sello distintivo de un judío ideal.