Agnieszka Traczewska, una destacada directora de documentales y fotógrafa de Cracovia, Polonia, recuerda la primera vez que vio un grupo de jasidim, judíos que adhieren a una rama del judaísmo ortodoxo y veneran a un rabino en particular que lidera su comunidad. Los judíos estaban en Polonia visitando la tumba de un famoso rabino. Agnieszka se impresionó al ver a los hombres con sus abrigos largos y oscuros, sombreros negros y barbas largas. Al crecer en la Polonia comunista, Agnieszka había oído sobre el Holocausto y cómo había diezmado a los judíos de su país. "Yo no sabía que había sobrevivido alguien de la comunidad judía", recuerda.

En una entrevista exclusiva con Aishlatino.com, Agnieszka explicó cómo ese primer encuentro con los peregrinos jasídicos desencadenó un interés que se tradujo en décadas fotografiando comunidades judías jasídicas. Las bellísimas y premiadas fotos de Agnieszka abren para el mundo externo una ventana hacia la vida judía jasídica. Fotografiar estas comunidades también moldeó profundamente las ideas de Agnieszka sobre el judaísmo y Dios.

"La identidad judía de esos lugares se olvidó por completo, fue totalmente borrada".

"Yo provengo de Cracovia", explicó Agnieszka. De niña, estudió sobre la historia polaca, pero nunca entendió que hubo una gran comunidad judía que llamó a Polonia su hogar durante más de mil años. Antes del Holocausto, Cracovia contaba con una vibrante comunidad judía y en los pueblos y aldeas que rodeaban a la ciudad comenzaron algunas de las dinastías jasídicas que prosperan hasta la actualidad. "De pequeña viajé con mis padres por muchas aldeas y pequeños pueblos de Polonia", explicó Agnieszka, y también participó en muchos paseos de escuela. "Pero nunca nadie siquiera mencionó que la mayoría de esas aldeas o pueblos antes de la guerra eran 50-60% judíos, a veces incluso 80%. La identidad judía de esos lugares se olvidó por completo, fue totalmente borrada".

Sinagoga en Lancut, Agnieszka Traczewska

Aunque dentro de Polonia la historia judía de muchas de sus aldeas puede haber sido olvidada, fuera de Polonia hay comunidades enteras de judíos jasídicos que recordaron sus nombres y honraron la historia de los pueblos de donde vinieron sus familias. "Esa fue la segunda sorpresa", ver grupos de peregrinos judíos que visitaban pueblos polacos como Bobowa (en ídish Bobov), Lublin, Lelow (Lelov), Radomsko, Cracovia y Varsovia. "Entendí que no tenía idea de lo mucho que estas personas heredaron de esos lugares". Agnieszka se conmovió al ver grupos de hombres jasídicos que viajaban hasta Polonia simplemente para tener la oportunidad de rezar en las tumbas de grandes rabinos. Ella quiso fotografiarlos y tratar de documentar sus emocionales visitas a los pueblos y a la ciudad que ella dio por sentada durante tanto tiempo.

Una amiga le contó a Agnieszka sobre una visita anual que los judíos jasídicos hacían al pueblo de Lezajsk para el iortzait de Rav Elimelej Weisblum (1717-1787), uno de los fundadores del movimiento jasídico. Agnieszka fue a fotografiar a los hombres mientras rezaban y se sintió muy emocionada por su fervor y devoción. Decidió continuar con ese trabajo, tomando fotografías de judíos que regresaban a Polonia a verter sus almas en rezos en las tumbas de los grandes rabinos que están enterrados por todo el país.

Tish de Purim en la sinagoga Lelov en Beit Shemesh

"Cuando empecé a hablar con los jasidim, ellos me decían: ‘Oh, mi zeide era de Bobov mi bobe (abuela) era de Lublin'", recuerda Agnieszka. A ella la deslumbró que tantos judíos que habían crecido en todas partes del mundo mantuvieran tan intensos sentimientos de conexión con Polonia. "Decidí que si nadie más quería recordar la historia judía en Polonia, yo sería la encargada de hacerlo. No quería conquistar el mundo, estas fotografías eran solamente mi proyecto privado de arqueología para recordar el pasado judío y para aprender sobre mí misma".

Una niña rezando en el túnel en la parte subterránea del Kótel

Las bellas fotografías de Agneszka se asemejan a los cuadros de los maestros holandeses como Rembrandt y Vermeer, que bañaban a sus sujetos en luz y capturaban una sensación de serenidad. En su mayoría autodidacta, ella tiene un palpable sentido de estar en contacto con sus sujetos y ayuda al observador a sentir que puede ver un pantallazo del alma de las personas fotografiadas.

En una entrevista con el periódico en ídish Der Forverts, Agnieszka recordó su visita al cementerio judío del pueblo polaco Radomsko, donde está enterrado el gran rabino jasídico Rav Shlomo Janoj HaCohen Rabinowicz, conocido como el Rebe de Radomsk (1882-1942). "Yo iba a ser la única mujer parada detrás del ohel" (un monumento abierto para el Rebe) y de alguna forma tenía que llegar hasta allí desde la reja del cementerio. ¿Qué debía esperar? ¿Una confrontación abierta? ¿Reprimendas porque no tenía que estar allí?" Agnieszka estaba preparada a recibir gritos de los hombres judíos vestidos de negro por invadir su espacio.

Iortzait de Rav Elimelej en Lizhensk

Los visitantes judíos comenzaron a gritar… Pero de alegría. "¡Les dije que vendría!", se decían el uno al otro. De alguna forma, Agnieszka se había convertido en una leyenda: la mujer no judía que quería fotografiar momentos de bellos rezos judíos. "¿Qué clase de café quieres?", le preguntaron los visitantes. "¿Quieres una galleta?"

Tomó años entrar en la insular comunidad y conocer judíos jasídicos que la ayudaran. Hace unos doce años, Agnieszka estaba en Bobowa, fotografiando a los judíos que rezaban en la tumba de Rav Shlomo Halberstam (1847-1905), el fundador de la jasidut "Bobov". Si bien muchos jadisim de Bobov son intensamente insulares y es poco probable que entablen una conversación con alguien que no es judío, particularmente con una persona del sexo opuesto, algunos jasidim de Bobov están más acostumbrados a interactuar con el mundo secular. (Por ejemplo, la Jueza Criminal de Nueva York, Ruchie Freier, es una jasidá de Bobov cuyo alto perfil ha desafiado los estereotipos de lo que pueden hacer los judíos jasídicos).

Uno de los hombres que estaba rezando en el lugar era David Singer, de Boro Park, un barrio marcadamente jasídico en Brooklyn. David y su esposa Naomi visitaron Polonia muchas veces, liderando tours de tradición judía con su compañía Heritage and Discovery y también ayudaron a restaurar cementerios judíos y otros sitios por todo Polonia. Con su profundo conocimiento sobre Polonia, David se sintió intrigado por el trabajo de Agnieszka. Los Singer llegaron a conocer a Agnieszka y comenzaron a colaborar con ella. Agnieszka describe el hecho de haberse hecho amiga de los Singer como un "punto decisivo" en su vida. Ella describe a David Singer como un maestro y casi su "rebe", su mentor espiritual. Los Singer, reconociendo que Agnieszka intentaba ser respetuosa en su trabajo fotografiando a personas judías, comenzaron a ayudarla.

Enseñándole a leer la Meguilá a un niño en una sinagoga Lelov en Bnei Brak

A través de los Singer, Agnieszka llegó a conocer a otros jasidim y comenzó a viajar por todo el mundo fotografiando familias y ambientes jasídicos. Aunque sus primeras fotografías en Polonia eran principalmente de hombres judíos, debido a que la gran mayoría de los peregrinos que viajaban a rezar en las tumbas de los rabinos eran hombres, una vez que comenzó a visitar judíos jasídicos en sus hogares, Agnieszka comenzó a conocer mujeres jasídicas y desarrolló una profunda conexión con las esposas y madres que la hospedaban.

Los padres de Agnieszka fallecieron cuando ella era pequeña, no tiene hermanos y tiene muy pocos parientes. "No es muy fácil ser un individuo solitario en el universo", afirma. "Las personas con quienes tuve una conexión más cercana en los últimos años han sido jasidim".

En el 2014, su foto ganó el segundo lugar del premio anual de fotografía de National Geographic, venciendo a otras 18.000 fotografias.

En el 2018 Agnieszka publicó un libro de fotografías de jasidim visitando las tumbas de los rabinos en Polonia llamado Powroty / Returns (regresos), y exhibió sus fotografías en más de cuarenta exhibiciones por todo el mundo. Actualmente está trabajando en otro libro con fotografías de judíos jasídicos de todo el mundo.

A ella le maravilla que al entrar a una sinagoga u hogar jasídico, ya sea en San Pablo, en Amberes o en Israel, se mantengan y se cuiden las mismas tradiciones eternas.

Una de las fotografías más celebradas de Agnieszka fue tomada en el barrio de Mea Shearím en Jerusalem, en una gran boda jasídica el 2014. Agnieszka llegó a conocer a una familia jasídica extremadamente religiosa en Mea Shearim, se hizo amiga de la esposa y conoció a sus dieciocho hijos. Cuando el hijo mayor de la familia se casó, la invitaron a la boda.

"La primera vez". La madre del novio deja sola a la pareja recién casada. Como el matrimonio fue arreglado por las familias, ellos todavía nunca habían estado juntos sin compañía.

La boda fue un evento grandioso, pero la foto más atesorada por Agnieszka es la de un momento tranquilo justo después de la ceremonia. En las bodas ortodoxas judías, es tradicional que la novia y el novio pasen unos minutos a solas justo después de la ceremonia de matrimonio. Para muchas parejas, estos momentos son la primera vez que están juntos completamente solos. Cuando la novia y el novio entraron a la habitación en donde estarían solos por primera vez como marido y mujer, Agnieszka los siguió hasta la puerta, junto con la madre del novio. Cuando la suegra se despedía de la pareja, Agnieszka tomó una fotografía de la radiante y feliz pareja. Al pertenecer a una tradición religiosa muy ortodoxa, esta pareja nunca antes había estado sola y nunca se habían tomado de las manos. Este era para ellos un importante momento de transformación.

En el humo del fuego. Lag Baomer en Merón

Esa foto, a la cual la llamó "La primera vez", ganó el segundo lugar en el premio anual de fotografía de National Geographic del 2014, venciendo a otras 18.000 fotografías. Agnieszka se sorprendió de que su fotografía ganara, y señaló que la mayoría de las fotografías ganadoras en los concursos de National Geographic son de las maravillas naturales. "Respecto a esta foto, dijeron que les encantó porque no mostraba un volcán físico, sino un volcán de emoción, una erupción de emociones".

Agnieszka Traczewska

Al enterarse que su foto había ganado ese prestigioso premio, Agnieszka llamó muy entusiasmada a la familia y compartió la buena noticia. "Ellos dijeron que estaban tan felices por mí. Creo que no entendieron que esa foto sería ampliamente publicada". La foto ganadora fue reproducida por todos lados, en periódicos y revistas, incluso en Israel. La familia, acostumbrada a ser muy recatadas y no llamar la atención, se sorprendió al ver la fotografía por todos lados.

Desde que comenzó a fotografiar comunidades jasídicas, Agnieszka también experimentó un profundo cambio en su propia vida. A pesar de haber sido criada católica, ella se consideraba a sí misma no religiosa. Ahora, Agnieszka se siente mucho más espiritual y reza regularmente. Estar expuesta a una espiritualidad tan intensa también la llevó a sentirse mucho más cerca de Dios.

"A menudo, cuando acompaño a los grupos jasídicos que vienen a Polonia (especialmente cuando tengo la oportunidad de estar con ellos durante un periodo largo, mientras rezan), observo como va creciendo la temperatura de davening" explica Agnieszka, usando el termino ídish para referirse al rezo. "Veo su intento de comunicarse con Hashem" – el término hebreo para Dios. "A veces siento que hay momentos de trascendencia divina que nunca hubiera podido ver de otra forma".


Las maravillosas fotografías de Agnieszka se pueden ver en su sitio de Internet http://www.agnieszkatraczewska.com