Le agradecí a un amigo que es médico en la sala de emergencias en Portland, por su dedicación y su trabajo durante el coronavirus. Le pregunté cómo es estar en el frente de batalla. Su respuesta me sorprendió: “Eve, no siento que yo esté en el frente de batalla más que tú o que cualquier persona. En estos días muchos se quedaron sin trabajo, no reciben sus sueldos y realmente están sufriendo. Yo me siento agradecido de poder hacer aquello que estudié y lo que me gusta hacer”.

Mi amigo me hizo pensar cuántos frentes de batalla, y cuántos héroes, hay en estos días. No todos los héroes usan capas o delantales médicos. Muchos son completamente invisibles y nadie los elogia.

Hay madres y padres que están en la casa con todos sus hijos, algunos que tienen dificultades en los mejores momentos.

Ser padres nunca fue más complicado. Con todo el tiempo de pantalla adicional que nuestros hijos enfrentan y con todas las influencias negativas que llegan constantemente hasta la palma de sus manos, nuestros hijos están bombardeados y sobresaturados. Los niños prosperan cuando hay estructura y la mayor parte de las estructuras se esfumaron por la ventana. Pareciera que ya no hay nada normal en la vida de los padres.

Me imagino que los problemas de salud mental deben tener su auge en estos momentos, con la ansiedad y la depresión manifestándose de muchas maneras tanto en adolescentes como en adultos. Cuando veo las dificultades de mis propios hijos pienso cómo hubiera sido para mí (una persona completamente extrovertida) ser adolescente en un momento como el actual, alejada de toda posibilidad de socialización, fiestas de fin de año, graduaciones… Para mí, las personas son oxígeno. Si me quitaran la vida social, sería un desastre.

Por lo tanto, también nuestros hijos están en el frente de batalla. Se esfuerzan y hacen lo mejor que pueden dadas las circunstancias. Se muestran donde pueden. Tenemos que darles (y darnos) un poco de espacio y un poco de crédito.

Pienso en todos los padres y madres solos que tienen que mantener esto funcionando por sí mismos, sostener todo unido aunque a veces se mantenga sólo de un hilo. Llevar alegría a sus hogares incluso cuando sus corazones están repletos de preocupación y susto. Todos ellos son héroes. Esos frentes de batalla no son lugares sencillos para estar. A veces pueden parecer una gran zona de guerra.

¿Y qué hay respecto a todos los hombres y mujeres que viven con el peso adicional de sufrir un deterioro en sus ganancias debido a esta situación? Algunos perdieron los trabajos, muchos se sienten insatisfechos y preocupados, y no tienen más opción que reducir sus ahorros con cada mes que transcurre. El estrés económico a menudo puede llevar a problemas de armonía en el hogar. La inestabilidad de la situación y el hecho de no saber cuándo y cómo todo va a terminar no nos da respiro.

Asimismo, a pesar de que algunos tienen tan poco en esta época, de todos modos sigue habiendo muchos actos de bondad y de entrega. Desde el hecho de compartir suministros básicos (como papel higiénico) y alimentos, hacer las compras para quienes son más vulnerables, repartir jalot caseras a los amigos y vecinos cada viernes, iniciativas comunitarias para recolectar y repartir fondos generosamente a quienes los necesitan a pesar de que muchos tienen muy poco de más. En estos momentos vemos a las personas brillar y destacarse.

También están los líderes de nuestras comunidades que se hacen cargo del bienestar de su colectividad, guiándola través de una época de aislamiento y soledad, duelo y pérdida sin precedentes. Fui a visitar a una persona anciana de mi comunidad y ella me dijo que yo era la primera persona que veía en una semana. Ella tenía demasiado miedo de salir al almacén y vive sola, así que sólo está comiendo alimentos de latas. Yo lloré. Ella lloró. Ni siquiera pude darle un abrazo.

Hay tantos frentes de batalla.

También está la jevrá kadisha, la sociedad judía de entierros. Desde el comienzo de la pandemia esperé con ansiedad ese primer llamado telefónico preguntándome si podía ayudar con esta tarea sagrada. Pensé que cuando llegara la llamada tendría que negarme. Tenía demasiado miedo. No sabía si era seguro, ni siquiera si era correcto hacerlo. Pero cuando llegó el llamado, la respuesta fue rápida. Me quedó claro que una vez más estaba en el frente de batalla. No siempre es fácil estar allí, pero haces en cada momento lo que necesitas hacer. Día a día, una situación a la vez. Un frente de batalla a la vez, cada uno una oportunidad para crecer.

Los detalles son diferentes para cada uno, pero todos estamos hechos de un material resistente. Crece. Busca apoyo. Reconoce todos los frentes de batalla que te rodean y acepta el que te corresponde.