Hay pocas cosas más desafiantes e incómodas que sentarse junto a la cama de una persona agonizante e intentar ofrecerle algo de consuelo y calma. ¿Qué le dices a alguien que está a punto de dejar este mundo? ¿Cómo lo tranquilizas respecto al lugar hacia el cual se está dirigiendo o intentas convencerlo de que todo estará bien? ¿Qué respondes cuando dice, "Estoy asustado, tengo mucho miedo", o "No estoy listo para esto"?

Somos muy afortunados de que la tradición judía provea un guión y una estructura para ayudarnos a guiar a alguien mientras está a punto de embarcarse en este viaje final. Solamente en las últimas dos semanas, me he encontrado junto a tres camas recitando vidui - la confesión que se recita en el lecho de muerte - con individuos que poco después dejaron este mundo. En algunos casos, el paciente enfermo terminal no estaba consciente o despierto y yo simplemente lo leí en su nombre. En otras circunstancias, el vidui fue leído después de una sincera, significativa y poderosa conversación.

El vidui provee la oportunidad de poner en orden nuestros asuntos espirituales. Nunca me he sentado junto a una cama y he escuchado a alguien arrepentirse por no haber trabajado más horas o por no haberle dado a su familia más cosas físicas o materiales. Sin embargo, casi cada cama junto a la que me he sentado ha incluido una conversación sobre el tema de los remordimientos y sobre cómo asegurarse de no tener ninguno al momento de partir.

Mucho del texto del vidui trata sobre nuestra relación con Dios y expresa nuestra sincera disculpa y arrepentimiento por el hecho de haberle fallado en nuestra vidas. Y es verdad que el vidui nos permite pasar de este mundo al siguiente sintiéndonos completos en nuestra relación con nuestro Creador. Pero igualmente importante es la parte más espontánea y personal del vidui en la cual nos acercamos a cualquiera con quien podamos tener una ruptura y buscamos reconciliación y sanación. El vidui provee una oportunidad tanto para pedir perdón como para concederlo, para que podamos emprender nuestro viaje sin estar sobrecargados de equipaje espiritual.

Mientras reflexionaba sobre las experiencias de vidui que había tenido en el último tiempo, no pude evitar pensar en mi propia mortalidad y la importancia de no tener remordimientos. Escuchar sobre "lo que podría haber sido", o "lo que no tenía que ser", es un duro recordatorio de que no debemos esperar hasta nuestro lecho de muerte para ordenar nuestros asuntos. No hay mejor tiempo para sanar, reconciliar y reparar relaciones dañadas, que el presente.

Considera las siguientes contrastantes historias de esta semana. Un titular que leí decía,: "Ruptura Familiar de Décadas Termina con una Llamada Telefónica – Parientes Estadounidenses no Sabían por qué una Disputa de la Época de Pre-Guerra Dividió a Hermanos a Través de Continentes y Décadas". Es increíble pensar que generaciones de una familia no se hablaron, y nadie puede ni siquiera recordar por qué. Si el tema de la disputa ni siquiera valía la pena como para ser recordado, ¿acaso valía la pena dividir a una familia por generaciones?

En contraste, seguramente habrás escuchado la trágica historia de una joven pareja Jasídica, Najman y Raizy Glauber, quienes fallecieron en un accidente automovilístico el domingo pasado en Nueva York. Raizy tenía seis meses de embarazo de su primer hijo, quien murió al día siguiente, después de haber sido extraído a través de una cesárea de emergencia. Una carta que Najman había escrito a sus padres en el día de su matrimonio ha salido a la luz. En ella, él expresa gratitud por todo lo que ellos hicieron para llevarlo hasta ese día. Aquí está la carta traducida del idish:

A mis queridos padres:

En estos inminentemente alegres y altamente espirituales momentos de mi vida, cuando estoy dirigiéndome a mi jupá para comenzar mi propia familia, siento una punzada en mi corazón por estar dejando el cálido hogar que ustedes construyeron.

Siento una obligación de agradecerles por todo lo que hicieron por mí desde que era un niño pequeño. No escatimaron en tiempo, energía y dinero, ya sea cuando necesité un tutor privado para aprender, un oculista o apoyo en general. También, más adelante, me ayudaron a tener éxito en mis estudios de Torá, me enviaron a la Ieshivá a aprender valores, religiosos y terrenales, hasta que llegué a este afortunado momento.

Y a pesar de que estoy dejando su hogar (en realidad no me estoy yendo, estoy trayendo un miembro adicional a la familia) quiero decirles que toda la educación y valores que me enseñaron yo – con la ayuda de Dios – los llevaré conmigo a mi nuevo hogar, y seguiré plantando la misma educación en mi hogar e hijos que Dios me concederá.

Pero dado que los hijos no comprenden realmente lo que son los padres y cuánto hacen los padres por ellos, y solamente cuando ellos maduran y – con la ayuda de Dios – tienen sus propios hijos, pueden darse cuenta. Desgraciadamente yo puedo haberles causado mucho dolor; les pido que me perdonen.

Les pido por favor. Yo dependo de sus rezos, recen por mí y por mi novia, y yo rezaré por ustedes.

Le pido a Dios que Papi y Mami vean mucho orgullo y deleite de mí y de mi especial novia, hasta la redención final del Mesías.

De su hijo quien los admira y les agradece y que siempre los amará.

Najman.

Una familia heredó una “pelea de décadas” mientras que otra fue recordada de una preciosa carta llena de amor, comunicada durante la plenitud de la vida de su hijo, simplemente porque él quería hacerles saber cómo se sentía.

No esperemos hasta que sea demasiado tarde. No necesitas estar diciendo vidui en tu lecho de muerte para reparar tus relaciones, comunicarte con aquellos que amas, o ordenar tus asuntos espirituales. Aprende una lección de Najman Glauber y hazlo hoy.