1) Hola Meir, gracias por participar en esta entrevista. ¿Te parece si comenzamos con una pequeña reseña biográfica para que los lectores te conozcan un poco más?

Sí claro. Muchas gracias a ustedes también por la invitación. Nací en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, en 1982. De pequeño nos trasladamos con mi familia a la ciudad de Santa Fe, donde fue mi crianza y adolescencia. Allí desarrollé mis estudios de arte hasta obtener el Diploma de Profesor en Artes Visuales para el nivel primario y secundario. Luego realicé diversos cursos de capacitación y perfeccionamiento en el área. A lo largo de ese período, pude mostrar mis obras en exposiciones de arte colectivas; también realicé exposiciones individuales y me he presentado en certámenes de arte a nivel municipal, regional y nacional, recibiendo premios y distinciones.

2) Cuéntanos un poco sobre tus inicios en el mundo del arte y cómo nació tu pasión por la pintura

Siempre tuve la certeza de que, por alguna razón, Hashem me hizo nacer con una natural tendencia hacia las manifestaciones artísticas. Entiendo que recibí un “regalo del Cielo” de tener relativa facilidad para poder dedicarme al arte, por lo cual estoy muy agradecido. De este modo, comprendí que mi único deber pasaba por esforzarme para perfeccionar, pulir y potenciar el regalo recibido.

Ya desde muy pequeño, mi entretenimiento casi exclusivo era dibujar y pintar, mientras que otros chicos de mi edad estaban jugando a la pelota o con muñecos, autos, etc. Según lo que me contó mi mamá, me dedicaba también a destrozar juguetes para ver cómo funcionaban por dentro.

Nunca me imaginé dedicándome a otra actividad que no sea ésta, por lo cual tuve la suerte de contar con un gran apoyo familiar para incursionar de lleno en los estudios de arte.

"La partición del Mar Rojo", óleo sobre lienzo, 110 x 250 cm., 2017, colección particular, Jerusalén.

3) Tus cuadros hoy en día son básicamente motivos judíos, pero tú no siempre fuiste religioso ¿Cómo te acercaste al judaísmo?

En el año 2007 recibí una invitación por parte de una Ieshivá para jóvenes de Latinoamérica en Bnei Brak, Israel, para participar de un Séder de Pésaj. En mi caso particular, si bien anteriormente estuve en clases de Torá y contaba con conocimientos muy básicos sobre el judaísmo religioso, la posibilidad única de vivenciar una Ieshivá en Israel me impactó de forma positiva, de modo tal que comencé lentamente a indagar acerca del judaísmo religioso en forma mas seria y activa.

Ciertamente que cada persona que vuelve en teshuvá (retorno a la observancia) tiene su historia particular detrás, y cada uno y uno debe afrontar difíciles pruebas dependiendo del caso.

Para mí, la teshuvá correcta es aquella en que la persona adquiere para sí misma pequeños avances en el cumplimiento, los sostiene en el tiempo, los pone en práctica y va por más. Creo que la clave pasa por un convencimiento personal en lo que uno está haciendo, no por imposición.

Claramente la Torá pondera la supremacía del intelecto por encima de lo emocional. Creo que cada persona que decide volver en teshuvá realiza un agudo análisis intelectual de los aspectos generales de su vida y los elevados ideales que la Torá nos propone alcanzar a cambio de esforzarse por ello.

4) ¿Cómo este proceso de teshuvá afectó a tu obra artística?

El judío debe tomar decisiones a cada instante, sobre cada cosa que tiene que ver con el desarrollo de su vida. Es lo que se llama en hebreo parashat drajim (bifurcación del camino). Uno va por un camino recto y de pronto se abren dos o más direcciones: ¿Por dónde me conviene seguir? ¿Qué camino es el correcto? ¿Estoy seguro de que Hashem estará conforme con este camino que estoy a punto de tomar?

Una de las grandes ventajas de estudiar Torá es la posibilidad de adquirir la cualidad de ser analítico en todo sentido. Cuando uno ingresa en el mundo de la Torá va haciendo paulatinamente un análisis retrospectivo del accionar de su vida hasta ese momento, de modo tal que, a medida que incrementa en conocimiento, la persona puede ir haciendo las modificaciones necesarias y se va "moldeando" a sí mismo de acuerdo a lo que Hashem espera de él.

No es un proceso fácil y mucho menos inmediato, pero, como dije antes, es imprescindible que un artista judío regule su producción de acuerdo a la Torá.

“La Bendicion del Rav” (HaRav Ovadia Iosef zt"l), óleo sobre lienzo, 120 x 160 cm, 2012, colección privada, Jerusalén.

5) Mucha gente piensa que el judaísmo tradicional u ortodoxo y el mundo del arte no son mundos compatibles, ¿es esto un prejuicio infundado? ¿Qué piensas al respecto?

Si una persona ingresa en una academia de arte, exposición artística, galería de arte, etc., puede suceder con frecuencia que se encuentre con imágenes que no son compatibles con el criterio visual de la Torá.

Además, a lo largo de la historia del arte universal (que invariablemente se trata de uno de los grandes tópicos de la carrera) nos encontramos con innumerables ejemplos de arte vinculado a la inmoralidad y a la idolatría, de los cuales Hashem nos ordenó alejarnos de forma absoluta.

Aun así, sí es posible hacer arte siguiendo las halajot (leyes) correspondientes, y los resultados seguramente serán más que satisfactorios, al saber que uno no sólo está expresándose artísticamente, sino que está haciendo lo que es correcto hacer.

6) ¿Crees que el arte y la espiritualidad van de la mano?

Creo que una probable respuesta a esta pregunta se puede encontrar abriendo el libro de Éxodo, capítulo 35, a partir del versículo 30. Allí la Torá habla acerca de cómo Hashem designó artistas (Betzalel ben Uri y Aholiav ben Ajisamaj) para la construcción del Mishkán (el Tabernáculo del desierto). Está escrito sobre Betzalel que "Hashem lo llenó de espíritu de sabiduría, entendimiento y conocimiento, para todo oficio" (se refiere a las capacidades artísticas para llevar a cabo la construcción). Del mismo modo la Torá hace una descripción detallada desde lo arquitectónico hasta la elaboración de los utensilios del Templo.

Hoy en día también es muy común el empleo de ilustraciones en libros de Torá para facilitar al lector la comprensión cabal de los temas tratados.

“Jerusalén de noche”, óleo sobre lienzo, 60 x 80 cm., 2015, Jerusalén.

7) Según tu experiencia, en la práctica, ¿se puede ser artista y judío observante al mismo tiempo?

La Torá es una expresión de la voluntad divina que regula todos los aspectos generales y particulares sobre cómo debe vivir y actuar un yehudí. Entre ellos, claro está, se encuentran las halajot (leyes) que circunscriben los límites entre lo permitido y lo prohibido respecto de las manifestaciones artísticas. Estas leyes se pueden estudiar del Shulján Aruj (compilado integral de las leyes judías) Yoré Deá 141; también se debe estudiar el Rambam, Hiljot Avodá Zará 3. Estas leyes son complejas y diversas, entre ellas está la prohibición de realizar una escultura de la figura humana, prohibición de realizar figuras escultóricas en relieve, representar plásticamente a los astros celestiales, etc. Muchas de estas prohibiciones responden a la necesidad concreta de alejarse de la idolatría.

Por otra parte, también es importante destacar que el arte es un reflejo social. La producción artística es un fiel espejo que reproduce de alguna forma los valores morales de sus ejecutantes. Siendo que vivimos en una sociedad que está muy alejada de los altos valores morales que propugna la Torá, el artista judío debe poner especial énfasis en evitar realizar productos artísticos que contengan imágenes no correspondientes con el sentido del tzniut (modestia, recato).

El artista judío siempre puede tener esa mirada selectiva para captar los valores sociales positivos y potenciarlos. Se puede tomar este desafío y convertirlo en obras plásticas que evidencien un mensaje trascendental al mundo.

Para hablar sobre Hashem en el lenguaje plástico, no necesariamente la temática religiosa es el único recurso: un pintor que se dedica a representar paisajes, flores, naturaleza en general, está realzando con su arte la belleza de la creación, de modo tal que está alabando a Hashem de forma pública.

En síntesis, si la persona desarrolla un tipo de expresión artística que no contradice las leyes de la Torá, puede (y debe) sentirse con tranquilidad de conciencia, con la seguridad de que está sirviendo a Hashem también en ese ámbito.

8) ¿Qué esperas para el futuro? ¿Cuáles son tus planes?

Gracias a Dios estoy radicado en Jerusalén desde hace años, a lo largo de todo este tiempo he recibido encargos de pinturas para clientes de distintos países (México, Chile, EE.UU., Canadá, Argentina y ciudades diversas en Israel).

Indudablemente, es un proyecto que me llena de energía y vitalidad. Tal vez una de mis cuentas pendientes es poder realizar una exposición de mis pinturas aqui en Israel, se verá en qué momento se podría llevar a cabo.

Meir Kahan posando junto a su obra hiperrealista “La gran granada de Israel”, óleo sobre lienzo (marco de madera cortado por el contorno), 86 x 99 cm, 2013, Jerusalén.

9) Dentro de tus cuadros hay un retrato de Rav Nóaj Weinberg zt''l, fundador de Aish HaTorá. ¿Cuál fue tu inspiración para pintar ese cuadro?

Soy un agradecido de haber podido estar un tiempo considerable como alumno de la Ieshivá División Latina de Aish HaTorá Jerusalén, compartiendo experiencias y aprendizajes con jóvenes judíos de todas partes del mundo, en un lugar inmejorable como lo es estar en frente del Kótel (Muro de los Lamentos). Justamente desde la terraza de la Ieshivá, disfrutando de la vista al Kótel y al Monte de los Olivos, tomé la decisión de establecerme definitivamente en Éretz Israel.

Siento gratitud hacia Hashem en primer lugar, quien me condujo a esta Ieshivá, donde encontré rabinos extraordinarios tanto en lo educativo como en lo humano, que me dieron herramientas para ver la vida desde otra perspectiva.

Meir Kahan trabajando en el retrato de Rav Nóaj Weinberg zt’’l (izquierda). La obra terminada (derecha). Nombre de la obra: “Simjat Tora (HaRav Nóaj Weinberg zt"l)”, óleo sobre lienzo, 60 x 80 cm, 2012, Colección Sinagoga Aish HaTorá, Santiago, Chile.

Ahora, si nos remitimos al origen de este emprendimiento educativo tan trascendental, nos encontramos inevitablemente con la figura de Rav Nóaj Weinberg zt"l, quien demostró al mundo entero que, con su genuino amor por el pueblo judío y una indestructible fuerza de voluntad, se puede lograr un increíble impacto en la judería mundial, duradero por generaciones.

Creo que la mejor forma de haber plasmado la imagen del Rav en el lienzo fue abrazando la Torá, de la cual fue uno de los mas grandes exponentes y, sin dudas, la Torá fue su guía y su fuerza para haber logrado lo que finalmente logró.

10) ¿Alguna reflexión final?

Cuando fui ingresando paulatinamente en el estudio de la Torá y cumplimiento de mitzvot, tenía la impresión de que en algún momento debía tomar una decisión respecto de la profesión a la que había dedicado mucha energía y pasión a lo largo de la mayor parte de mi vida. Contrariamente a lo que podría haber imaginado en una primera instancia, recibí mucho aliento y apoyo para seguir dedicándome a mi querida actividad, de parte de todos los rabinos en las distintas Ieshivot por las que pasé. Obviamente que fue una sorpresa muy grata para mí. Llegué a una instancia en la cual tuve que tomar una decisión consciente: adecuar mi producción artística según los parámetros de la Torá.

Es muy importante destacar que, en la mayoría de los casos, es posible seguir vinculado a una actividad o profesión previa al retorno al cumplimiento de Torá y mitzvot. Un rabino competente en su conocimiento de Torá y por el cual sentimos confianza y empatía puede servir de mucha utilidad para poder orientar a la persona en los pasos a seguir, a efectos de evitar tomar decisiones precipitadas que acarreen posteriores frustraciones.

Es muy común en un baal teshuvá (retornante a la observancia de la Torá), por lo menos en sus inicios, el tener la creencia errónea de que "está todo prohibido" y debe tirar por la borda muchos años de esfuerzo puestos en su desarrollo profesional. Sólo hay que encontrar la forma de adaptar el conocimiento y la profesión de uno en función de la verdad de la Torá.

¡Muchas gracias!

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