Al leer el artículo del Jerusalem Post “¿Continuidad Judía? Visita Israel”, me quedé pasmado por el enfoque, especialmente con la oración final: “Vivenciar los tremendos logros y asombrarse ante los desafíos de la soberanía en este pequeño pedazo de tierra, incrementa al poderoso incentivo de preocuparnos por continuar siendo judíos”.

Creo que a veces los números nos distraen, y esto es verdad en el caso del número de participantes en los programas a Israel. La cantidad es importante, y en el caso de Birthright-Taglit , impresionante. Sin embargo, los números solos no crearán el impacto por el que estamos luchando en las generaciones futuras (conexiones más fuertes con la comunidad judía, crecimiento personal judío).

Para citar a Moshé Montefiore: “El peligro de contar judíos es que si hubieran creído, incluso por un momento, que la cantidad implica fortaleza, el puedo judío hubiera perdido la esperanza hace tiempo. Para ganar la batalla judía – la batalla del espíritu, la victoria del corazón, mente y alma – no necesitas números. Necesitas dedicación, compromiso, estudio, plegaria, visión, coraje, ideales, esperanza”.

La última oración del artículo llega al centro de nuestro dilema: ¿Cómo fortalecemos la identidad judía, para así asegurar nuestra continuidad? Es una afirmación absolutamente enfocada en el efecto de una visita a Israel y de cómo esta nos ayuda a “preocuparnos por mantenernos judíos”.

El contenido judío debe imbuir la experiencia desde el principio.

No hay duda de que una visita es una experiencia poderosa que genera que algunas personas cambien la forma en que se ven a sí mismas como judías. Pero un énfasis exagerado en los logros y en los desafíos del Estado carece de algo fundamental para el significado de ser judío. En otras palabras, visitar Israel no es suficiente para asegurar la continuidad judía.

Natan Sharansky, en respuesta a la afirmación de que la identidad israelí es sinónimo de la identidad judía, dijo: “Esta definición de identidad garantiza el alejamiento del pueblo, de su herencia, de 3.000 años de cultura, creatividad, rezo, rituales, tradición y todo lo que abarca el término ‘judaísmo’”.

Deberíamos estar preguntándonos: ¿qué hace que una experiencia en Israel sea una experiencia judía, y qué es necesario para solidificar la identidad judía de un modo sostenible?

Yo propondría que el contenido judío debe imbuir la vivencia desde el principio, y continuar con un seguimiento en los países de origen y en Israel.

En un movimiento estratégico, la Agencia Judía declaró un cambio en su énfasis en la aliá hacia el reforzamiento de la identidad judía. En la conferencia Partnership 2000, el director de la Agencia Judía, Alan Hoffmann, declaró una relación directa entre la identidad judía y el contenido judío.

Taglit-Birthright Israel ha tenido esto en cuenta, y tuvo un éxito tremendo en hacer del viaje a Israel un evento vital para los judíos de la diáspora de 18 a 26 años. Muchos israelíes que participaron en la contraparte del viaje fueron desafiados a re-explorar lo que significa ser israelí – y judío.

A pesar de que Gary Rosenblatt elogió a birthright, señaló en Jewish Week, después del estudio de Len Saxe del año pasado, que “el viaje birthright parecía tener poca influencia en la observancia religiosa, en la participación comunitaria y en el sentimiento de conexión a las costumbres y tradiciones judías y a la comunidad judía local de los participantes, que era similar al de quienes no participaron”.

Un reporte reciente, patrocinado por la Fundación Avi Jai, que analizó a los líderes judíos de 20 y 30 años de dentro y fuera del sistema revela una importante tendencia: Estos jóvenes, que son líderes que están fuera del sistema (y que representan un número creciente de judíos), al ser consultados sobre la continuidad, respondieron como sigue: 33% estaba “muy preocupado/molesto” porque haya jóvenes judíos no interesados en la vida judía, 17% estaba “muy preocupado/molesto por el alto índice de casamientos mixtos y el 15% estaba “muy preocupado/molesto” porque los judíos se alejan de Israel. La importancia relativa de Israel y del impacto del casamiento mixto en la discusión de la continuidad judía está cambiando.

Si visitar Israel no es suficiente, ¿entonces qué? Para responder, necesitamos mirar de nuevo el contenido judío. Le pedí a algunos judíos – israelíes y norteamericanos – que se unieran a la conferencia Partnership 2000 en Jerusalem para responder a la siguiente pregunta: “¿Qué definirías tú como contenido judío?”.

Más allá de la orientación religiosa (la mayoría de ellos se consideraba secular) y del lugar de residencia, tuvieron ideas muy similares: ética y valores judíos, la experiencia de Shabat, vivenciar juntos tradiciones judías, las festividades judías, aprender textos judíos (Torá, Talmud), historia y arqueología, proyectos de tikún olam, una conexión espiritual con la tierra de Israel, conectarse con el calendario judío, compartir un destino común histórico y religioso, el idioma hebreo y la ética que nos unen.

Es momento de hacerle frente a la pregunta: ¿Cuáles son los componentes y contenidos de una experiencia en Israel que hacen que uno quiera ser parte de una comunidad judía y construir su identidad judía? Hasta que exploremos este tema en profundidad, el objetivo seguirá enfocado en los números. Estamos perdiendo una oportunidad – tal vez la última – de ofrecer la “experiencia transformadora” necesaria para sembrar semillas que alienten tanto el crecimiento como el descubrimiento judío.